Óscar Tamez Rodríguez
En México más de 42,860,296 millones de personas reciben algún dinero dentro de los programas de bienestar federal, equivalen al 33 % de los mexicanos, uno de cada tres, lo que significa que el 67 % restante subsidia esos donativos.
Se debe apoyar a las personas con alguna discapacidad que les impide ser autosuficientes, pero no todos corresponden a estos supuestos.
Lo ideal es abrir programas donde el mismo gobierno en vez de regalar el dinero, les incluya en actividades productivas donde se ganan esos subsidios en forma decorosa.
También los hay para adultos mayores, sin embargo, no se diferencian aquellos quienes reciben pensiones, ni las personas quienes en su vida productiva no trabajaron y ahora en la edad adulta mayor, siguen viviendo a costa de otros, quizá sean los menos, pero existen. Existen las becas a escolares, magnífico programa que creo se debe ampliar, pero con estudios socioeconómicos, no en forma clientelar donde se atrapa políticamente a los padres de los recipiendarios.
Dejemos en claro, nadie puede estar en contra de que se apoye desde el Estado mexicano a quienes carecen de recursos económicos, pero no es dilapidando el recurso, sino mediante estudios que demuestren la condición de marginación. En nuestro país se destina muchísimo dinero a subsidiar la pobreza, pero no se combate de fondo.
Se hace a costa de condenar los servicios médicos, la inversión en infraestructura, el combate a la inseguridad, el apoyo a municipios y por supuesto, la inversión a la investigación y la educación.
El IMSS y el ISSSTE, instituciones de seguridad social al cargo del gobierno federal padecen la precariedad, lo sufren porque parte de sus recursos se desvían a programas clientelares y lo peor, quienes pagan por estos servicios con sus recursos e impuestos, están condenados a no tener una atención mediana, ya no digamos de calidad.
El seguro popular que fuera un éxito desapareció por motivaciones ideológico-políticas, ahora quienes no tienen seguridad social están en indefensión porque el sector salud tampoco tiene los recursos suficientes. En México tenemos casi 8 años cultivando la pobreza, a quien trabaja en la formalidad se le cargan cada vez más impuestos, más fiscalización.
Al pequeño y mediano empresario se les tiene con un pie en la yugular con las nuevas disposiciones en las que pueden ser cómplices por ignorancia u omisión de delitos consignados como delincuencia organizada.
Pareciera que la finalidad es cultivar más pobreza, así tener a la mayoría bajo las garras del clientelismo, México merece crecer, prosperar, no son los gobiernos quienes logran esto sino los sectores productivos bien fiscalizados por el poder público.
Urge redistribuir la riqueza y contener la inflación que amenaza a los hogares, incluyendo a esos 42 millones de subsidiados por bienestar.
A esa cifra agreguemos los beneficiados con programas asistenciales estatales, municipales y de algunos sectores de la sociedad civil.
El temor es que descubramos dos cosas: que existen algunos quienes han hecho de la mendicidad una forma de vida cómoda o, que nos espantemos al descubrir que la mitad o más de los mexicanos vive de la otra mitad o menos de mexicanos productivos.
México es una gran nación que no merece se abuse de la pobreza en su pueblo y menos aún, que a los llamados sectores medios se acerquen a un grado de pobreza a causa de la carestía en los costos de vida.
Si se sigue cultivando la pobreza terminaremos no teniendo qué repartir para nadie pues se habrá deformado la balanza entre quienes producen y quienes reciben.
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