mié. Jul 22nd, 2026

Luz María Ortiz Quintos
“El objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismos, y no para ser gobernados por los demás.”
— Herbert Spencer
Finlandia es reconocido como uno de los países con mayor prestigio en materia educativa, y estas son algunas de las características que explican su éxito.
La educación dejó de depender del partido político en el poder. Los principales partidos llegaron a un acuerdo para convertirla en un proyecto de Estado. No reinventaban el sistema educativo cada vez que cambiaba el gobierno.
Apostaron por los maestros. En lugar de tratarlos como un problema, los convirtieron en una de las profesiones más respetadas del país. Para ejercer la docencia se requiere una formación universitaria altamente exigente y un proceso de selección competitivo. La idea era que quienes llegaran al aula estuvieran plenamente preparados y contaran con la autonomía necesaria para enseñar.
También buscaron que la calidad de la educación no dependiera del lugar donde naciera un niño. Redujeron las diferencias entre las escuelas, destinando mayores recursos a las comunidades con más necesidades, para que un estudiante de una pequeña población tuviera oportunidades similares a las de uno que vive en una gran ciudad.
Además, transformaron la manera de aprender. Dejaron de enfocarse únicamente en memorizar contenidos para aprobar exámenes y privilegiaron el desarrollo de habilidades esenciales para la vida, como:
Pensamiento crítico.
Resolución de problemas.
Trabajo en equipo.
Creatividad.
Comunicación.
Estas competencias continúan siendo altamente valoradas tanto en la educación superior como en el mundo laboral.
Otro aspecto fundamental fue el apoyo oportuno a quienes más lo necesitaban. Cuando un estudiante enfrentaba dificultades, la prioridad era ayudarlo a ponerse al corriente, en lugar de permitir que quedara rezagado.
Quizá la decisión más importante fue pensar en décadas y no en un periodo de gobierno. Entendieron que los grandes resultados no llegarían en cuatro o seis años. Por ello, construyeron una política educativa con visión de largo plazo, capaz de fortalecerse con cada administración, en lugar de comenzar de nuevo.
Vale la pena preguntarnos: ¿podemos poner en práctica en México algunas de las estrategias que han dado resultado en Finlandia? Nuestro país requiere una mayor visión de Estado y un compromiso permanente con la educación para formar ciudadanos preparados para competir en un mundo cada vez más exigente.
Sin embargo, el debate educativo no termina ahí.
Mientras gran parte del mundo aceleró la digitalización de la enseñanza, varios países europeos han comenzado a replantear esa estrategia. Suecia, Finlandia, Noruega, Francia, Italia y Dinamarca están devolviendo el protagonismo a los libros impresos, la lectura profunda y la escritura a mano.
Este cambio responde a estudios que señalan que la escritura manual favorece el desarrollo de la memoria, la concentración y la comprensión cognitiva.
Suecia encabezó este giro en 2023, cuando su Ministerio de Educación redujo el uso obligatorio de tabletas y destinó una importante inversión para adquirir libros impresos.
Dinamarca, por su parte, ha destinado 540 millones de coronas para sustituir dispositivos digitales por libros físicos, distribuyendo inicialmente 17,500 ejemplares en sus escuelas. Además, se ha fijado como meta eliminar el uso de teléfonos móviles en los entornos escolares para el año 2027.
Francia e Italia ya aplican restricciones al uso de teléfonos inteligentes desde la educación primaria, promoviendo nuevamente las agendas de papel y la escritura manual.
En la región nórdica, Noruega reporta que el 96 % de sus escuelas primarias mantiene los dispositivos móviles fuera de las aulas, mientras que Finlandia también ha implementado restricciones similares desde el año 2024.
El movimiento conjunto de estos países abre un debate internacional sobre los límites y los verdaderos costos pedagógicos de la digitalización temprana.
En México enfrentamos un reto adicional: observar con atención las decisiones que están tomando los países que hoy son referentes en educación y analizar, con base en evidencia, cuáles de esas experiencias pueden adaptarse a nuestra realidad.
La educación no puede seguir siendo rehén de los cambios políticos ni de las modas tecnológicas. Debe convertirse en una política de Estado que combine innovación con evidencia científica, fortalezca el papel del maestro y coloque siempre en el centro el aprendizaje de los estudiantes. Solo así podremos aspirar a formar generaciones capaces de construir un México más competitivo, más próspero y con mayores oportunidades para todos.

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