vie. Ago 21st, 2026

En el año 1847, un artista llamado Alexandre Cabanel pintó un cuadro muy famoso titulado El ángel caído. La pintura muestra a Lucifer justo después de ser expulsado del cielo. Si miras sus ojos, no solo ves que perdió la batalla; ves una mirada llena de furia, orgullo y una profunda amargura que anhela la revancha.
Hoy en día, muchas personas viven con esa misma mirada y ese mismo sentimiento en el pecho, casi sin darnos cuenta.
A veces nos sentimos desesperados por cosas tristes que no podemos evitar, como una enfermedad, la depresión o cuando alguien nos trata mal. En esos casos, es fácil sentirnos víctimas y pedirle ayuda a Dios. Pero hay otros enemigos más silenciosos que nos atacan por dentro: el enojo que no controlamos, el rencor y la falta de perdón. Estas emociones son peligrosas porque nos van amargando poco a poco. Al final, pasamos de ser víctimas que sufren a ser personas heridas que terminan hiriendo a los que están a su alrededor.
Cuando dejamos que el enojo se convierta en furia y que el rencor eche raíces, perdemos por completo el control de nuestra vida. Hoy los médicos confirman que vivir resentido daña la salud, causa estrés crónico y destruye a las familias y las amistades. Reconocer que estamos llenos de amargura no nos hace débiles, sino valientes, porque es el primer paso para cambiar.
Para salir de este bache, el libro de Salmos es una guía excelente para entender lo que sentimos y ponerle un freno con la palabra de Dios. Los salmistas no fingían estar bien; ellos se desgarraban ante Dios con frustración, tristeza y rabia con total honestidad, pero ante Su Presencia, su enojo cambiaba por paz. La oración es así, como un filtro que limpia el corazón para que el dolor no se convierta en odio.
Si sientes que los problemas de la vida te están llenando de amargura o que el rencor no te deja vivir en paz con los demás, es momento de hacer un alto y pedir ayuda al único que tiene todo poder y autoridad para resolver tu problema: Jesucristo.
No dejes que el orgullo te gane ni que tu rostro se amargue como el del cuadro de Cabanel. Pídele a Dios que te rescate de tus propios malos pensamientos y ora con la misma urgencia del Salmo 70:1-2: “Dios mío, ¡ven en mi ayuda! ¡Apresúrate a socorrerme! Que sean avergonzados y confundidos los que quieren matarme; que retrocedan y pasen vergüenza los que se alegran de mi mal”
¿Cree esto? Hable con Dios, lea la Biblia y descúbralo. Solo la Verdad nos hará verdaderamente libres.
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Por Admin

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