Luis Antonio Guajardo Becerra
Hablar de seguridad es relativamente sencillo. Gobernar frente a la inseguridad es otra cosa.
El Foro Nacional de Seguridad y Paz, realizado en Monterrey, nos dejó precisamente una oportunidad para escuchar a quienes han tenido que enfrentar, desde distintas responsabilidades públicas, uno de los problemas que más preocupan a los mexicanos.
Durante el panel “Diálogos por la Seguridad” tuvimos la oportunidad de conocer experiencias de quienes han gobernado estados y municipios, han participado en tareas legislativas y, en algunos casos, han estado directamente relacionados con instituciones responsables de la seguridad y la procuración de justicia.
Más allá de nombres, partidos o cargos, considero que ahí estuvo uno de los principales valores del encuentro: escuchar la experiencia acumulada.
Quiero hacer aquí un reconocimiento a quienes participaron como panelistas. Mi felicitación por la disposición de compartir, con apertura y responsabilidad, experiencias adquiridas a lo largo de años de servicio público. Escuchar a quienes han tenido que tomar decisiones frente a problemas reales permite que el debate sobre la seguridad trascienda la teoría y se acerque a las circunstancias que diariamente enfrentan gobiernos y ciudadanos.
Porque en materia de seguridad no todo puede comenzar de cero cada vez que cambia un gobierno.
México ha vivido durante décadas diferentes estrategias para enfrentar la delincuencia. Algunas han funcionado, otras han tenido resultados limitados y algunas más han tenido que ser modificadas. Precisamente por ello resulta indispensable analizar qué se hizo bien, qué no funcionó y qué experiencias pueden adaptarse a las nuevas realidades.
Uno de los mensajes que me dejó este foro es que la seguridad no puede entenderse únicamente como un problema policiaco.
Requiere instituciones sólidas, policías profesionales, inteligencia, investigación, prevención del delito, coordinación entre autoridades y una procuración de justicia capaz de combatir verdaderamente la impunidad.
Pero también requiere atender las causas sociales que generan condiciones favorables para la violencia y la delincuencia.
Empleo, educación, oportunidades para los jóvenes, recuperación de espacios públicos y fortalecimiento de las comunidades también forman parte de una política integral de seguridad.
Otro aspecto importante es la coordinación.
La delincuencia no reconoce fronteras municipales ni estatales. Por ello, resulta difícil imaginar una política eficaz si los municipios trabajan por un lado, los estados por otro y la Federación sigue una estrategia distinta.
La seguridad exige comunicación, intercambio de información y objetivos comunes entre los tres órdenes de gobierno.
Y hay algo más que considero fundamental: escuchar a la ciudadanía.
Las estadísticas son indispensables, pero detrás de cada cifra existe una familia, una colonia, un comerciante, un joven o una comunidad que vive de manera diferente el problema de la inseguridad.
Por eso estos foros adquieren verdadero sentido cuando las experiencias y reflexiones no terminan al cerrarse las puertas del salón.
Deben convertirse en propuestas.
En este caso existe además una responsabilidad concreta: que las ideas surgidas de estos encuentros, junto con las demandas recogidas directamente de la sociedad, contribuyan a la construcción de una Plataforma Electoral 2027 que responda a problemas reales y no solamente a discursos de campaña.
Una plataforma electoral debe decirle a la ciudadanía no únicamente qué se quiere hacer, sino cómo se pretende hacerlo, con qué instituciones, mediante qué mecanismos y con qué resultados medibles.
Después de escuchar distintas experiencias en este Foro Nacional de Seguridad y Paz, me quedo con una reflexión sencilla:
En seguridad no necesitamos improvisar cada seis años; necesitamos aprender.
Aprender de quienes han gobernado, de quienes han obtenido resultados, de los errores cometidos y, principalmente, de lo que diariamente nos está diciendo la sociedad.
Porque recuperar la tranquilidad de nuestras comunidades no depende de una sola persona ni de una sola institución.
Es una responsabilidad compartida.
Y si algo debe dejarnos un foro como éste, además del intercambio de ideas, es la convicción de que la experiencia sirve cuando somos capaces de convertirla en mejores decisiones para el futuro.
Luis Antonio Guajardo Becerra