dom. Ago 23rd, 2026

Óscar Tamez Rodríguez
El exgobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya se convirtió en el personaje más incómodo para el partido en el poder, es como aquellas sillas viejas de la abuela que no quieres, pero no puedes tirar por afectos pasados, aunque ya no comulguen con la decoración.
Sus cualidades que lo acercaron al hombre más fuerte del anterior sexenio presidencial son las mismas por las cuales hoy está apestado, vaya, ni en los velorios quieren que se aparezca.
Rocha Moya reaparece y se instala en el recinto de gobierno en Sinaloa por sus fueros, según información que circula, a temprana hora entregó un escrito al congreso local donde informaba su reinstalación, asumió el control del despacho gubernamental sin decir agua va, la gobernadora interina dejó vacante la silla y los miembros del gabinete se cuadraron de nuevo frente al jefe. Va, ¡a otro perro con ese hueso!
Que él informe al congreso no significa que ya está de regreso, hay protocolos a cubrir donde el poder legislativo actúa, hay también protocolos de entrega-recepción en la parte del poder ejecutivo y si se piensa regresar al cargo, luego de las imputaciones que le hacen en el país vecino, habría una estrategia de comunicación política preparada. Nada de esto se cumplió.
Si el retorno fue improvisado, desalineado y sin impacto político-jurídico, la pregunta es ¿para qué, por qué regreso Rocha el incómodo, el innombrable?
No tengo la respuesta, hay conjeturas entre las cuales puede estar o no la verdad. Rocha regresa porque se le acaba el tiempo legal de una licencia temporal, esta es una posibilidad.
En los cargos de elección popular se cuenta con licencias al mismo, pero tienen un límite máximo de tiempo, en caso de no retornar al cargo, se transita de la licencia a la renuncia, es algo así como abandono del cargo y existen mecanismos de previsión para impedir los vacíos de poder.
Con regresar unos minutos, hacerlo público, aparentar que se ejerció el cargo y se tuvo posesión del mismo; es suficiente para dar por concluida la licencia y en el caso, si así lo prevé la ley, solicitar otra licencia.
Se cumplió en la forma más no en el fondo, no con el rigor jurídico. Se aparenta haber entregado el oficio de terminación a la licencia y por ello pudo entrar al despacho como Juan por su casa, bueno Rubén por su casa; hizo un podcast desde el despacho, reinstaló a la interina en la secretaría general de gobierno y tomó acuerdos con su gabinete. Como se observa, en la forma se cumplió el protocolo.
¿Por qué no se filtró, por qué nadie sabía del retorno, por qué el congreso no hizo alaraca ni la oposición comentó nada? La razón lógica es porque no estaba planeado, fue un acto desesperado, improvisado, de confrontación, pero ¿confrontación con quién?
Rocha es cadáver político (lenguaje político no biológico), ni su interina se tomó la foto con Rochita, no hubo la imagen de ella entregando el despacho, sonriendo a su lado, dando la bienvenida, nada, un vacío acompañado de una soledad sepulcral.
En el palacio que fuera el hogar de Hernán Cortés hubo sobresalto, el gobierno federal se dio por sorprendido, el zacatecano Monreal a nombre del poder legislativo moreno se deslindó y hasta reprochó el acto.
¿Por qué lo hizo Rochita? ¿Se lo ordenó su amigo y jefe al otro lado de la república, desde Macuspana? ¿Fue para no quedar sin fuero y sin opción de regresar un día? ¿Fue una forma de reclamo a la líder de los cuatroteños? Sólo Rocha el innombrable lo sabe pero hacerlo a días del informe presidencial no es buen mensaje.
Finalmente, vino y se fue como llegó, solo, como silla vieja y apestado.

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