Alejandro “Alito” Moreno tuvo el valor de denunciar, con firmeza, claridad y de frente, los presuntos nexos de personajes y gobiernos de Morena con el crimen organizado. Por hacerlo fue perseguido, atacado y sometido a un linchamiento político y mediático. Hoy, el tiempo le está dando la razón.
En Morena ya no pueden hablar de uno o dos casos aislados. Son demasiados los señalamientos y demasiados los silencios. Los narcomorenistas no pueden seguir escondiéndose detrás del poder, la propaganda y la impunidad.
Quien haya pactado con el crimen debe ser investigado y llevado ante la justicia. Pero quien sabe, calla, encubre o se niega a denunciar también se convierte en cómplice político por omisión. Guardar silencio también protege a los criminales.
Desde el PRI de Nuevo León exigimos investigaciones serias, independientes y sin privilegios. No vamos a callarnos ni a permitir que el crimen organizado continúe penetrando las instituciones.