mié. Sep 9th, 2026

Hay tormentas que no se desatan afuera, sino dentro de nosotros. Golpean la mente, agitan el corazón y nos hacen sentir que estamos a punto de hundirnos. En esos momentos, la pregunta no es si vendrá la tormenta, sino dónde estamos parados cuando llegue.
No podemos tener un pie en Cristo y otro en el mundo y esperar permanecer firmes. Como Pedro, podemos comenzar caminando sobre las aguas y terminar mirando el viento. Pero cuando nuestras fuerzas fallan, Jesús sigue estando allí. Su mano permanece extendida para levantarnos y devolvernos la estabilidad.
David lo comprendió y declaró: “En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación. Él solamente es mi roca y mi salvación; es mi refugio” (Salmos 62:1-2).
Quizá hoy estés atravesando una tormenta. No busques refugio en lo que cambia, en lo que pasa o en lo que no puede sostenerte. Vuelve tus ojos a Jesús. Cuando todo se mueva, Él permanece firme. Cuando tú resbales, Él puede sostenerte.
El único refugio no es la ausencia de tormentas; es tener a Jesús en medio de ellas.
¿Cree esto? Hable con Dios, lea la Biblia y descúbralo. Solo la Verdad nos hará verdaderamente libres.
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Por Admin

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