Abel Moreno López
Un día como hoy 8 de septiembre de 1857, el gobernador constitucional de Nuevo León, Santiago Vidaurri Valdés, toma la decisión de expulsar del Estado, al obispo Francisco de Paula Verea, luego de generar un escandalo político social al impedir el acceso a los miembros del Ayuntamiento de Monterrey a la catedral, en el día de la fiesta religiosa más importante para los regiomontanos como lo era en esa época, la conmemoración de la natividad de la Santísima Virgen María.
El debate convertido en disputa entre la iglesia católica y el gobierno estatal se venía dando desde la celebración a nivel nacional del Congreso Extraordinario Constituyente de 1856-1857 y sobre todo a partir de la expedición de la Constitución federal, el 5 de febrero de aquel año, como se consigna en las páginas del Periódico Oficial del Estado (en diversas denominaciones) que dio puntual seguimiento, difundiendo las posturas de ambas partes. Inicialmente las partes eran representadas por otros personajes, pero en el clímax de la disputa ya estaban en funciones el obispo Verea y el gobernador Vidaurri.
La polémica iba subiendo de tono mientras se acercaba la que en ese entonces era la principal fiesta religiosa en Monterrey y que correspondía a la celebración de la natividad de la Santísima Virgen María, fechas en la que los principales sectores y actores de la sociedad se daban cita en la Catedral, destacando sobremanera la presencia tanto del cabildo eclesiástico como el cabildo civil.
Las partes venían fijando sus posturas con anterioridad y todos los esfuerzos por llegar a una solución consensada habían sido inútiles. La víspera de la festividad a última hora, el obispo Verea pidió al gobernador avisara al Ayuntamiento abstenerse de acudir a la celebración, lo que motivó que la mañana del 8 de septiembre de aquel 1857, el gobernador Vidaurri dirigiera al prelado católico la comunicación que a continuación se inserta:
Gobierno del Estado, Libre y Soberano de Nuevo León y Coahuila
Ilustrísimo señor:
Al estar poniendo en limpio la comunicación oficial en que me ocupaba de contestar la que vuestra ilustrísima me dirigió ayer noche, he sabido con el más profundo sentimiento que por fin se ha consumado el escándalo que por diversos medios, había tratado de evitar de qué se repelieran de la iglesia a las autoridades que debían asistir a ella en la mañana de hoy, y como el origen de este escándalo nunca visto en el estado, ni menos en su capital, donde residen su supremos poderes sé que vuestra ilustrísima se ha obstinado en inferir a aquellos lo mismo que al gobierno tan graves desaires, le prevengo que acompañado del alcalde primero pase arrestado al palacio municipal, mientras se arregla la escolta que lo ha de conducir fuera del Estado.
Acepte vuestra ilustrísima las consideraciones de mi respeto, Dios y libertad Monterrey, septiembre ocho de 1857. Santiago Vidaurri
Al día siguiente el Boletín Oficial hace una puntual reseña de los hechos y circunstancias que derivaron en aquella decisión gubernamental y el titular del Ejecutivo, señor Vidaurri dirigió un comunicado a los nuevoleo-coahuilenses, explicando a grandes rasgos los motivos que justificaron la decisión de expulsar al obispo Verea.
Entre otros aspectos, decía el gobernador Ayer ha tenido lugar un acontecimiento de qué debo dar cuenta, por su gravedad, “el prelado dioscesano, creyendo que podía impíamente, sobreponerse a las leyes” mandó que se hiciera un desaire público al Ayuntamiento de esta capital, o más bien “que se ejerciera una mera venganza en el templo de Dios”. Después de ese atentado “la autoridad del gobierno, habría sido un sarcasmo y objeto de burla” y aunque agotó todos los medios de prudencia para evitarlo, no le quedó otro recurso que emplear su poder para cortar de raíz un mal que si se hubiera dejado hundir por más tiempo, habría traído muy funestas consecuencias, el trastorno de la paz, nulificando antes la ley y la potestad temporal. A eso tendía la conducta del jefe de la iglesia de Nuevo León y Coahuila, que por su ministerio espiritual y como pastor del rebaño de Jesucristo, “debió dar a éste ejemplos más saludables y más dignos de su alta misión”.
Concluía el gobernador señalando que en el boletín de ese día se describirán los pormenores de este suceso. Durante su destierro se sabe que el obispo Verea estuvo brevemente en tierras de Coahuila y luego en Guadalupe, Zacatecas, tiempo después retornaría a Monterrey donde continuaría su ejercicio religioso.
Los documentos que se mencionan en este escrito pueden consultarse en el libro: Cartas, discursos y otros textos polítcos de Nuevo León de Abel Moreno López, actualmente en preparación… Hasta la próxima…