mié. Sep 16th, 2026

Gerson Gómez
La Sonora Santanera suena sin descanso. La Boa serpentea entre la gente. El Bomboro retumba y sacude el pavimento. La plaza está de bote en bote. Confeti, sudor y tequila forman una sola sustancia pegajosa sobre el piso.
Desde Tijuana hasta Cancún, todo México grita al mismo tiempo. Monterrey suelta su porrazo de cerveza y carne asada. Guadalajara enciende el mariachi y esconde el llanto detrás del sombrero. La Ciudad de México se convierte en un solo Zócalo gigante, apretado, sudoroso, feliz. Cuernavaca celebra con su eterna primavera y su eterno desorden. Hermosillo hierve, literal y figurado. Aguascalientes brinda sin parar. Y Tlaxcala, nadie sabe muy bien dónde queda esta noche. Existe, dicen. Alguna vez alguien lo vio.
El alcohol corre como si fuera agua bendita nacional. Las botellas se vacían a doble velocidad, superando cualquier día normal de trabajo. Las familias, unidas por la sangre, se separan por los golpes. Los vecinos, unidos por la cuadra, se pelean por el volumen del estéreo. Cada barrio inventa su propia forma de locura. Cohetes caseros, trompos humanos, bailes improvisados sobre el toldo de un coche estacionado.
La luz eléctrica no aguanta tanta fiesta. Va y viene, caprichosa, como novia enojada. Los medidores se calientan, algunos truenan, otros simplemente renuncian a su trabajo. Mañana llegarán los recibos, inflados, vengativos, con números dignos de otra nación. Los bolsillos, ya vacíos desde la primera ronda de caguamas, tendrán menos suerte todavía.
Si alguien nos tacha de flojos, se equivoca. Nadie trabaja tan duro en festejar el desastre propio. Nadie convierte una crisis eléctrica en pretexto para gritar más fuerte. Viva México, cabrones.
El saldo del día quince nunca se dice completo en las noticias oficiales. Cifras discretas, ambulancias discretas, silencio discreto. El país entierra a algunos héroes anónimos del Grito sin mucho ruido, casi como disculpa.
Amanece el dieciséis. Sobre Palacio Nacional vuela la Fuerza Aérea, disciplinada, marcial, perfecta. Abajo, otra formación menos gloriosa avanza en silencio hacia los corralones municipales. Cientos de coches remolcados, decenas de conductores todavía mareados, buscando cómo pagar la grúa, la infracción, la súper multa del alcoholímetro.
Muchos, atrapados anoche por los retenes, hoy piensan solo en una cosa. El préstamo urgente para rescatar el auto antes del fin de mes. La patria, generosa, entrega libertad un día, y factura al siguiente.
Así es México. Bandera tricolor arriba, corazón roto abajo, cumbia de fondo siempre. Ni un respiro entre el amor y el desmadre. Viva México, aunque cueste, aunque duela, aunque el medidor truene.
P.D. Ningún vecino salió ileso. Ninguna cruda fue perdonada. El país despertó adolorido, endeudado y, como siempre, dispuesto a repetirlo el año entrante.

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