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Eleazar Fuentes Gutiérrez
Llegó el año electoral a Nuevo León y, con él, los cambios de partido, los acuerdos, las diferencias y los llamados a la unidad. Todavía no comienzan las campañas, pero ya tenemos bastante de qué hablar.
Para empezar, en política las cosas nunca tienen un solo sentido. Un cambio de bancada puede parecer una decisión individual, pero también modifica la fuerza de los partidos y la manera en que se toman los acuerdos.
Y precisamente eso es lo que estamos viendo en Nuevo León.
Mario Soto, quien fue coordinador de Morena y actualmente tiene licencia, dejó el partido para incorporarse a Movimiento Ciudadano. Su suplente, Francisco del Bosque, también se sumó a la bancada naranja, al igual que Brenda Velázquez. Por otro lado, Perla Villarreal regresó al PRI y Rocío Montalvo se incorporó al PAN. Con estos cambios, PAN, PRI y MC quedaron con 11 diputados cada uno.
Pero en política tener el mismo número de diputados no significa tener el mismo poder.
PAN y PRI, juntos, mantienen la mayoría simple. Movimiento Ciudadano fortalece su bancada, pero todavía necesita acuerdos con otras fuerzas. Y para las decisiones que requieren una mayoría calificada, ninguno de estos espacios puede resolver por sí solo.
Ahí es donde se vuelve interesante el Congreso. No solamente importa cuántos diputados tiene cada partido, sino con quién puede sumar y hasta dónde está dispuesto a negociar.
Una bancada más pequeña puede ser decisiva si tiene los votos que a otros les faltan. Y una bancada grande puede encontrar límites si no logra ponerse de acuerdo con nadie.
Por eso estos movimientos tienen un doble efecto: cambian el equilibrio legislativo de hoy, pero también pueden abrir relaciones políticas rumbo a la siguiente elección. No podemos asegurar que todos respondan a un acuerdo electoral, aunque sería difícil analizarlos sin tomar en cuenta que el 2027 ya está cerca.
Por otro lado, en Morena las cosas también se pusieron interesantes.
La designación de Clara Luz Flores como coordinadora de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Nuevo León la perfila rumbo a la gubernatura. Pero elegir a una persona también significa cerrar, al menos por esa vía, las posibilidades de quienes buscaban el mismo lugar.
Y precisamente ahí aparece uno de los momentos más complicados para cualquier partido: qué hacer después de tomar la decisión.
Tatiana Clouthier anunció “Todos con Conciencia” después de expresar su inconformidad con la definición. Mientras tanto, la dirigencia estatal del Partido Verde abrió la posibilidad de competir por separado y mencionó a Waldo Fernández como un perfil para la gubernatura, aunque él aceptó el resultado interno de Morena.
Son respuestas distintas y hay que entenderlas como tales. La inconformidad de Tatiana, la postura del Verde y la aceptación de Waldo no significan lo mismo ni permiten dar por hecho una ruptura de todos con Morena.
Pero sí muestran que una definición interna no termina con la negociación política. A veces es precisamente cuando comienza la parte más difícil.
Porque mientras todos tienen posibilidades, cada grupo trabaja para fortalecer a su perfil. Después de la decisión, Morena enfrenta una crisis interna: debe procesar la inconformidad, evitar una ruptura y lograr que los distintos grupos se sumen al proyecto de quien resultó elegido.
Y eso requiere algo más que una fotografía o un mensaje de unidad.
Del lado de Movimiento Ciudadano, Mariana Rodríguez aparece entre los principales perfiles para la sucesión. En el espacio del PRI y el PAN, Adrián de la Garza destaca mientras se analiza una posible alianza. Todavía faltan definiciones, pero ya se empiezan a ver los caminos que podría tomar la elección.
Cada espacio enfrenta su propio reto. MC tendrá que resolver su candidatura y reunir sus fuerzas alrededor de ella. Morena tendrá que procesar las diferencias que dejó su definición. Y PAN y PRI tendrán que decidir si pueden convertir sus acuerdos en una alianza electoral.
Entonces, cuando hablamos de crisis política, podemos entenderla como un momento en el que los acuerdos y las relaciones que existían comienzan a cambiar. Algunos se fortalecen, otros se desgastan y otros necesitan construirse de nuevo.
Todavía sería apresurado decir quién sale ganando con todo esto. Un movimiento puede dar fuerza en el Congreso y provocar diferencias dentro de un partido. Una candidatura puede quedar encaminada y, al mismo tiempo, dejar pendientes los acuerdos necesarios para sostenerla.
Lo que sí podemos ver es que el 2027 ya empezó a influir en las decisiones del presente.

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