El mundo se hinca y ora por el Papa
Charlas de taberna
Marcos H. Valerio
En la habitación del décimo piso del Hospital Gemelli, en Roma, el silencio se siente distinto esta tarde. El papa León XIV acaba de despertar de una cirugía que le ha cambiado el día, y quizá el camino. Los médicos le han confirmado lo que ya sospechaban: un adenocarcinoma pulmonar. Le han quitado el lóbulo inferior del pulmón derecho. Noventa minutos de operación. Tres horas en el quirófano. Sin complicaciones. Él ha vuelto en sí con normalidad. Ha pedido incluso la cena.
Es la primera vez que el mundo ve al pontífice frágil. Hasta ahora, León XIV —71 años, voz clara, agenda apretada— había proyectado una imagen de serenidad y resistencia. El domingo, desde el balcón de San Pedro, él mismo había anunciado con calma que le habían encontrado un pequeño nódulo, “bien localizado y en etapa muy temprana”. Hoy la noticia es otra: es cáncer. Y el Vaticano, con su habitual sobriedad, ha preferido la transparencia.
En apenas 17 meses de pontificado, este hombre se había forjado un estilo sereno y deliberado. Prefiere escuchar antes de decidir y se ha propuesto “coser” las grietas de una Iglesia polarizada. Continuador de Francisco en el cariño a los pobres y a los migrantes, su tono ha sido siempre más mesurado y menos disruptivo.

Cita con frecuencia a san Agustín y prioriza la unidad sobre el protagonismo personal. En el plano doctrinal ya dejó dos huellas claras: la exhortación apostólica Dilexi Te sobre los pobres y su primera encíclica, Magnifica Humanitas, centrada en la inteligencia artificial y la dignidad humana.
Ha viajado a Turquía, Líbano y África predicando la paz con la misma calma con la que ahora enfrenta su propia fragilidad. Detrás del pontífice hay un hombre sencillo: amante del tenis —juega casi cada semana en Castel Gandolfo—, hincha de los White Sox de Chicago y aficionado al Wordle con su hermano.
Así se configura el perfil de León XIV: un pastor que, incluso desde una cama de hospital, sigue apostando por la unidad, la paz y la dignidad de cada persona.
