27 octubre, 2026

El presupuesto como arma de campaña

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Raúl Guajardo Cantú
Hay quienes dicen que el verdadero plan de gobierno es el que se refleja en el presupuesto que se aprueba en el Congreso, que lo demás es un listado de buenos deseos o de promesas que tienen sentido en las campañas, pero que en la práctica no sucederá nada con este documento, por lo demás obligatorio para quienes detentan el poder, ya que si no existe un presupuesto destinado a cada uno de los renglones existentes en tal documento, este se convierte en letra muerta.
Pero los diputados, que son quienes aprueban tanto los gastos como los ingresos estatales, y además los ingresos municipales mientras que los egresos de estos los aprueba cada cabildo, generalmente se enfrascan en discusiones acerca de si se dio a los municipios una determinada cantidad de dinero, principalmente a aquellos dirigidos por los correligionarios de los diputados, sin importar si el recurso ha sido usado adecuadamente o no, al final, ellos mismos son los que aprueban las cuentas públicas y ya sabemos cómo se las gastan en este punto de las aprobaciones.
El caso es que, por ejemplo, la reparación de calles, el famoso bacheo donde se decía que estaba el “ganeo”, parece que dejó de ser prioridad de los municipios, algunos de los cuales se convirtieron en transportistas o en proveedores de recursos para familias de bajos recursos a través de tarjetas de débito que ofrecen dinero en efectivo a distintos estratos sociales. Si no nos cree, dése una vuelta por las principales avenidas de los municipios del área metropolitana y después hablamos.
Quizá los legisladores están interpretando de manera muy creativa el artículo 115 de la Constitución, en el cual se establecen las obligaciones de los municipios, así como el manejo de su hacienda. Entendemos que las condiciones poblacionales y de desarrollo en Nuevo León obligaron a una concentración del manejo del agua y el drenaje, que según la constitución es responsabilidad de los municipios, pero ello no obsta para que se deje de lado el resto de las obligaciones municipales para con los ciudadanos y se asuman otras que tienen, nos parece, más de manejo electoral que de servicio.
Quizá los diputados deberían pensar en que el manejo del presupuesto en algunos rubros, como el del mantenimiento de las vialidades pudiera realizarse a través de organismos que definirían las obras en relación a la utilidad y a las necesidades del conjunto del área metropolitana, pero el obstáculo más importante en este aspecto, como en muchos otros, consiste en que cada municipio desea decidir el manejo de presupuestos de este tipo porque le representa votos para el partido del cual surge el alcalde en cuestión, pero el ciudadano queda en un segundo, y muy lejano término.
Así que hoy nos enfrentamos a un manejo electoral de los recursos que en teoría deben ser para beneficiar a los ciudadanos, pero que en la práctica se utilizan para la promoción electoral de los partidos.
Está en nuestras manos decidir quién nos representa, la única arma que tenemos es el voto, no lo desperdicie.

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