Restricción de celulares en las escuelas: una medida necesaria y oportuna
Luz María Ortiz Quintos
La restricción del uso de teléfonos celulares en las escuelas de todo el país es una medida necesaria y oportuna que comenzó a aplicarse el pasado 3 de noviembre de 2026.
La nueva regulación federal limita el uso de estos dispositivos durante toda la jornada escolar en educación básica, incluido el recreo. En reuniones con padres de familia y maestros, he escuchado opiniones favorables, pues consideran que esta medida puede contribuir a reducir las distracciones y los casos de acoso escolar.
El acuerdo establece que, en educación básica, que comprende los niveles inicial, preescolar, primaria y secundaria, los dispositivos no deberán utilizarse durante la jornada escolar, tanto en las horas de clase como en los periodos de recreo.
La medida fue publicada en el Diario Oficial de la Federación mediante el Acuerdo 09/09/26 y tiene como objetivos reducir las distracciones, fortalecer la convivencia escolar y promover un uso responsable de la tecnología.
Desde mi experiencia, durante las visitas a distintos planteles educativos he observado cómo el uso de WhatsApp, fotografías y videos puede amplificar situaciones de bullying o acoso escolar.
En muchas ocasiones, cuando los menores llevan teléfonos celulares a las escuelas, aprovechan para grabar videos, tomar fotografías o intercambiar mensajes durante el horario escolar, en lugar de concentrarse en sus actividades académicas.
Considero que limitar su uso también puede ayudar a recuperar espacios de convivencia, favorecer la interacción entre los estudiantes y reforzar la atención durante las clases.
El teléfono celular no debería convertirse en una herramienta indispensable dentro de los planteles educativos. Si bien algunas escuelas utilizan plataformas digitales, estas deben estar enfocadas exclusivamente en actividades relacionadas con la enseñanza y el aprendizaje, no en el acceso a redes sociales o contenidos ajenos a la formación académica.
También considero importante que las excepciones para utilizar estos dispositivos estén claramente definidas y no dependan únicamente del criterio individual de cada docente.
Existen situaciones específicas en las que algunos estudiantes pueden necesitar portar un teléfono celular; por ejemplo, adolescentes que se trasladan solos a la escuela mediante el transporte público y cuyos padres requieren mantenerse en comunicación con ellos.
«Probablemente pudiera ser esa necesidad de tener a los jóvenes identificados, ubicados».
Sin embargo, considero que estos casos representan una minoría y que la regla general debe ser limitar el uso de los teléfonos celulares durante la jornada escolar, sin perder de vista las necesidades particulares que puedan justificar una excepción.
Los estados tendrán que armonizar sus reglas
El acuerdo federal establece que las autoridades educativas de las entidades tendrán 180 días naturales, a partir de su entrada en vigor, para emitir o armonizar los instrumentos jurídicos correspondientes.
Hasta el momento, la Secretaría de Educación de Nuevo León no ha dado a conocer públicamente un reglamento estatal específico derivado de esta disposición.
La regulación nacional comenzó a aplicarse el pasado 3 de noviembre de 2026, con una restricción general para educación básica y disposiciones diferenciadas para los niveles educativos superiores.
La tecnología llegó para quedarse y sería un error ignorar sus beneficios; sin embargo, también debemos reconocer sus riesgos cuando se utiliza sin límites ni supervisión, especialmente durante las etapas de formación de niñas, niños y adolescentes.
La escuela debe ser un espacio para aprender, convivir y desarrollar habilidades. Recuperar la atención de los estudiantes y fortalecer las relaciones personales también forma parte de la educación.
No se trata de estar en contra de la tecnología, sino de enseñar a utilizarla con responsabilidad, en el momento adecuado y con propósitos que realmente contribuyan al aprendizaje.
