lun. Feb 16th, 2026

Padre José Manuel Guerrero Noyola

*El Evangelio desde los Herrera, Nuevo León

Amigos, a veces encontramos poca fe en las ciudades y en los pueblos. Eso mismo le pasaba a JESUS. “¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, José, Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?” (Marcos 6,1-16). Desconocen que él es un profeta enviado por Dios, que ha venido a darnos vida y a liberarnos del mal.

Por eso, debemos ENSEÑAR el Evangelio, dar testimonio de nuestra fe y realizar obras de amor en medio de los pueblos. La Misión es Caminar Enseñando, porque el misionero que no camina, se cansa. Los cristianos descansamos, pero no dormimos. Sabemos que el sigue buscándonos y sigue caminando. Debemos seguirlo a pesar de que sabemos que también experimentaremos el fracaso, la soledad y el rechazo de nuestros amigos, paisanos, familiares y vecinos. Debemos ir por todas partes mostrando la sabiduría con la que habla y los signos del Reino.

“A veces quisiéramos que Dios se nos manifieste de maneras espectaculares, pero no es así, porque él come en nuestras mesas, camina nuestros pasos y viste nuestras ropas. Es uno al que conocemos, aunque no re-conocemos”.

Acá por estas zonas rurales, lo vemos caminar por nuestros campos y tiene el rostro quemado por el sol, por la pobreza y por el dolor. A veces, levanta la mano para defender el agua, defendendiendola de quienes se conforman con ruin dinero sin importarles que, en pocos años, perderán el vital líquido. O bien, conduce camionetas con familias que van y vienen “al otro lado”, buscando entre semana trabajo en el país vecino, trabajo, que los gobiernos municipales del lado mexicano sistemáticamente les han negado.

Su rostro a veces es de mujer campesina que cuida las chivas y da agua a las vacas, que educa a los hijos y con mucho esfuerzo forma un hogar amoroso. A veces, es maestro, otras veces médico, incluso cura de rancho, pero siempre está contento, enseñando que la esperanza puede levantar a tantos hermanos atacados por la violencia.

Sirve comidas, entrega despensas, conversa con los vecinos y les tiende la mano. “Sus manos de trabajador común son manos que obran signos”, cultivan fraternidad, levantan a los enfermos, reparan el tejido social y construyen la comunidad.

Soy el Padre Guerrero y esta es mi humilde opinión.

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