Ixtoc Hinojosa Gándara
La tragedia que sucedió a finales de marzo en la estación migratoria ubicada en Ciudad Juárez, Chihuahua fue un hito en el tratamiento que se les da a los migrantes en nuestro país. Si bien hemos sido testigos a través de las noticias u otros medios de información de incontables incidentes donde fallecen las personas migrantes, lo anteriormente mencionado es un parteaguas en esta situación, el cual puede llegar a ser considerado como el Ayotzinapa de este sexenio.
Si algo hace evidente el crimen cometido en Ciudad Juárez, es la hipocresía que ante esta situación tenemos la mayoría de la sociedad mexicana, ya que nos ofendemos ante el trato de los migrantes mexicanos en tierras norteamericanas, tratamos mucho peor a nuestros hermanos centroamericanos y de otras nacionalidades que valientemente se atreven a migrar a través de nuestro país. Si nos ofendemos ante la exhibición de las llamadas “Jaulas para migrantes “en Estados Unidos, pero poco o nada hacemos ante las múltiples vejaciones que tiene que sufrir una o un migrante en su transcurso por nuestro país.
Es un hecho que la migración es un derecho humano y a la cual se le deben brindar todas las facilidades, porque en la gran mayoría esta migración no nace por gusto sino por una necesidad. Hemos visto que las diferentes caravanas migrantes se encuentran desde personas originarias de países muy pobres del continente Africano como Angola, donde la migración es motivada por la búsqueda de un mejor ambiente económico hasta migrantes originarios de Venezuela o Nicaragua, donde es clara que la expulsión migrante es debido a sus regímenes dictatoriales, sus altos niveles de inseguridad y la persecución política que sufren.
Lo lógico sería encontrar una respuesta empática por parte del Estado mexicano, pero en su lugar nos encontramos con una risa socarrona y una sorna del Presidente López Obrador en sus mal llamadas “conferencias mañaneras” donde cometió el atrevimiento de revictimizar a los muertos que sufrieron de este crimen de Estado al culparlos de lo sucedido, una total falta de empatía al ni siquiera visitarlos cuando estuvo en la ciudad y contestar con las típicas respuestas de siempre, donde culpa a los demás de sus ineptitudes. Después de este hecho han sido culpados empleados de bajo rango del Instituto Nacional de Migración, aunque los verdaderos culpables son otros, que abarcan desde el titular de esta institución hasta el mismo Ejecutivo Federal. La historia alcanzará más temprano que tarde a los responsables de este caso, a la ciudadanía no se nos olvida, NOS FALTAN 39, FUE EL ESTADO.