Gabriel Contreras
Todos somos la chismosa del barrio. La que señala, juzga y condena.
La historia de Byron y Cabot nos muestra el poder del panoptico sobre la sociedad global en nuestros días. Por razones que nadie sabría explicar, nos sentimos autorizados para juzgar y condenar a dos personas que jamás habíamos visto, pero que no dudamos en someter a nuestro juicio ético, moral y religioso.
En realidad Byron y Cabot son dos víctimas del infortunio al ser enfocados por una cámara movida al azar frente a una multitud.
Sin embargo, La Red es implacable y se va a esmerar en construirles una historia que será enriquecida por el algoritmo y un alud de memes y chistes.
Byron y Cabot como personas no le importan a nadie, porque lo que vale en la cultura digital que compartimos es el avatar, el pasatiempo y la cizaña digital. Ver la paja en el ojo ajeno, de eso se trata.