COSAS DEL TONY
Por: Antonio Sánchez R.
La situación que está viviendo el país ha escalado ya a niveles preocupantes, pues la violencia se ha enseñoreado sobre todo el territorio nacional mientras que los responsables de proteger a la ciudadanía se cuentan cuentos solos y nos dicen que “todo está bien”, volteando hacia otro lado y dándole a su discurso un tono carente de empatía, negando todo y pintando escenarios bastante alejados de la realidad, de una realidad que en algún momento les va a explotar en las manos y, cuando eso suceda, será demasiado tarde.
No es que queramos dramatizar ni mucho menos. Por todos los rincones del país ocurren hechos en los que las fibras más sensibles han sido lastimadas por un ambiente de violencia que tiene a la gente con el alma en vilo, con el miedo a salir, con el miedo a pensar que se pudiera dar el caso de que en su próxima salida terminen como parte de esas “bajas” que ocurren y que son solo señaladas como desafortunados “daños colaterales”, sin que nadie decida poner un “hasta aquí”, al contrario, dan pie a que la situación siga empeorando.
Las víctimas se cuentan por miles y si bien durante el sexenio anterior se rebasaron las cifras de gestiones anteriores, la que encabeza la PRESIDENTE Claudia Sheinbaum pinta para que en los siguientes cinco años la cantidad de muertos sea mucho mayor, sobre todo si tomamos en cuenta que en apenas su primer año, los índices de violencia han estado a la alza, aunque su equipo de logística se la pase maquillando las cifras, diseccionando los apartados y presentando enfoques que pretenden establecer un panorama de tranquilidad, cuando en realidad los escenarios presentados son, por mucho, más falsos que una monedea de tres pesos.
La gota que derramó el vaso y que se ha pretendido quitarle la relevancia que en verdad tiene, es el asesinato del alcalde de Uruapan, Michoacán, Carlos Manzo, quien además lideraba la organización denominada “Los del Sombrero”, bajo cuyas siglas ganaron una elección pero que, a cambio, recibieron balazos. El asesinato, cometido en público y perpetrado por un individuo que a su vez fue ejecutado, porque no se le puede llamar de otra manera, presenta demasiadas aristas desde el momento en que se sabe que la víctima pidió en muchas ocasiones la intervención del ejército, de la Marina, de la Guardia Nacional, que le envió solicitudes de ayuda a la mismísima PRESIDENTE, sin que recibiera respuesta alguna, sólo los balazos que le quitaron la vida.
A dos semanas del vil asesinato y con una sociedad harta de ver la inoperancia del gobierno federal para detener este ambiente de violencia, se empezó a gestar un movimiento que desembocaría en la aparición de un grupo denominado “Generación Z”, misma que convocó a realizar marchas en las principales ciudades del país. La respuesta, aunque se pretenda minimizarla, fue multitudinaria: en más de 50 ciudades, tomando como un mínimo de 10 mil ciudadanos asistentes y llegando hasta cerca de 300 mil en la más concurrida, tenemos que la convocatoria fue todo un éxito.
Desde su “púlpito” matutino, la PRESIDENTE aseguró que al Zócalo de la Ciudad de México no había asistido mucha gente y para demostrarlo hicieron circular imágenes que muestran el lugar con sólo la quinta parte de la asistencia que en realidad hubo. Es obvio que esas fotografías fueron tomadas luego de que las “fuerzas del orden” conminaran muy educadamente a los asistentes a abandonar la plaza. Aunque las imágenes que han circulado muestran escenas de violencia en las que la policía no tuvo respeto alguno por los ciudadanos que asistieron a esa marcha pacífica.
Es triste ver cómo, a pesar de lo evidente de la situación, hay quienes deciden lamer la soga que los está ahorcando. Deberían enterarse de que “los carniceros de hoy, serán las reses de mañana” y de que, como dijo Juan Gabriel, ante tales escenarios, “lo que se ve, no se pregunta”.