Zelofehad fue un hombre de la tribu de Manasés, descendiente de José, que murió en el desierto sin dejar hijos varones, solo cinco hijas: Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa.
Al acercarse el reparto de la Tierra Prometida, las hijas de Zelofehad fueron ante Moisés, Eleazar el sacerdote, los príncipes y toda la congregación para pedir que se les diera posesión hereditaria, ya que su padre no tuvo hijos varones.
Argumentaron que el nombre de su padre no debía desaparecer en Israel por no tener hijo varón y Dios respondió aprobando su petición, estableciendo una ley permanente: Si un hombre moría sin hijos varones, sus hijas heredaban. Si no tenía hijas, la herencia pasaba a sus hermanos, y así sucesivamente.
Ellas se convirtieron en un precedente legal en Israel por su persistencia y sabiduría para que las mujeres fueran herederas legítimas.
Pero para que Dios respondiera su petición, ellas tuvieron que cumplir con toda una burocracia.
En el tiempo de Moisés había audiencias ciudadanas y él escuchó el consejo sabio de su suegro para atender las necesidades de la población estableciendo jueces de 10, 50, cien y mil personas.
Estas cinco mujeres no solo tuvieron que ponerse de acuerdo entre ellas para romper con los usos y costumbres de no poder representarse a sí mismas y acercarse a los jueces, sino que también tuvieron que esperar las respuesta negativas que las llevaban a “otra oficina” distinta, para volver a exponer su caso, para volver a escuchar otra negativa, y seguir con el “caminito” de los trámites hasta Moisés, quien a su vez no tuvo a nadie más a quien consultar que al mismo Dios y éste le contestó:
Bien dicen las hijas de Zelofehad; les darás la posesión de una heredad entre los hermanos de su padre, y traspasarás la heredad de su padre a ellas…. l esto será por estatuto de derecho, como Jehová mandó a Moisés. Números 27:7-11
Toda esta historia viene a colación para decirle, estimable lector, que hay cosas que sólo Dios mismo puede resolver, pero usted y yo, tenemos que seguir el camino de la justicia, aunque no haya leyes de por medio (o aunque estén en contra nuestra)
Hay asuntos que Dios quiere resolver, pero que nos “obligará” a pasar por la burocracia no para probar nuestra fe, sino para dejar un precedente en el tiempo y en la forma.
Siga buscando la justicia por todos los medios establecidos y confíe que tarde o temprano, Dios tendrá una respuesta contundente digna de publicar.
¿Cree esto? Hable con Dios, lea la Biblia y descúbralo. Solo la Verdad nos hará verdaderamente libres.