dom. Ene 11th, 2026

Gabriel Contreras
Los tabasqueños lo hacen todo al troche moche, no sufren estrés porque todo se les hace fácil y si no funciona pues ni modo. En síntesis, todo lo toman a broma. Siempre sonrientes, son los reyes del chacoteo, la mofa y el pretexto. Y con las farmacias del bienestar, el estilo tabasqueño sale otra vez a relucir.
En el ámbito profesional, la buena voluntad jamás será suficiente. Ocurrió en el caso de la Megafarmacia. Se consiguió un terreno, se habilitaron unas bodegas, se instaló un número telefónico, pero en ningún momento se establecieron las condiciones para el abastecimiento de medicinas o sustancias adecuadas en las condiciones exigidas por la normativa y los protocolos, de modo que el resultado fue un edificio vacío y un gasto no solo inútil, sino perjudicial. Ahora, con las llamadas Farmacias del Bienestar, ocurre algo diferente pero también inoperante. Se busca que los medicamento fluyan hacia zonas vulnerables y marginadas, lo cual es un acierto. Pero se intenta lograrlo a través de unas vitrinas parecidas a las que se usan para repartir muestras en el Súper. Ok, eso no es lo correcto, ni es lo ideal, ni va con la norma. Otra vez la intención es buena, pero la solución es incorrecta. En fin, esto parece más un parche tipo tabasqueño que una solución científica.

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