Gabriel Contreras
Los boletos para conciertos, shows y festivales son cada día más caros, hasta rozar los límites que separan lo prohibitivo de lo demencial, y como muestra de ese hecho ahí tienen ustedes que había que pagar 100 mil pesos por ver a Taylor Swift en la CDMX…
Sin embargo ese aumento de los precios tiene su explicación.
Uno de los factores que infló las entradas a los conciertos fue la desaparición de los cds, DVDs y artículos similares.
Ante ese borrón y cuenta nueva, los artistas concentraron sus ingresos en las giras y no tuvieron más opciones que cobrar la mayor cantidad posible por cada boleto.
Así, se inventaron las categorías vip, platino, diamante y etcétera, dividiendo todo en zonas y diferenciando las zonas por precio.
La otra cuestión fue vender el concierto como una experiencia única e irrepetible. Aunque el cantante se presente en 245 ciudades, se supone que cada experiencia es única y ahí está el negocio.
Y por último, el factor selfie. Estar en el concierto es garantía de recursos, y el comprobante es la selfie en la red y la transmisión en vivo como prueba de estatus y meta conseguida.
Por todas esas razones, los boletos son cada día más caros.