Gabriel Contreras
Cuando la aplicación de un impuesto se fundamenta en razones puramente intuitivas, ese impuesto puede convertirse en un hecho o desvanecerse en cualquier momento. Ese ha sido el caso de los “videojuegos violentos”, un impuesto que se planeó en las mesas de la 4T y ahora es borrado del mapa por la misma 4T. La explicación es sencilla, nunca se tuvo claro cómo distinguir lo violento de lo no-violento, y ahora lo mejor es poner punto y aparte. Así es como ocurren las cosas en este Gobierno definido por el ejercicio pleno del abuso, la ocurrencia y la improvisación.