Gabriel Contreras
Es una tradición de la que cada uno de nosotros va dejando constancia año con año: la mentada lista de propósitos. Y en ese mismo papelito, por la parte de atrás, cada uno de nosotros vamos clavando el puñal del olvido para que a la hora de la hora nadie se acuerde de que alguna vez se dijo nada al respecto. Así pasa. Que prometemos y luego olvidamos, porque es más fácil, mucho más fácil, traicionar que cumplir.