Eleazar Fuentes Gutiérrez
Desde el comienzo de la Guerra Fría entre el capitalismo y el socialismo en el mundo, se le llamó “guerra fría” porque fue, en esencia, una guerra de ideologías. No fue una guerra directa de armas, sino de posturas: izquierda y derecha, capitalismo y socialismo. Ahí comenzó el contexto que hoy seguimos viendo reflejado en conflictos como el de Estados Unidos y Venezuela.
Venezuela, con un régimen de sentido socialista, y Estados Unidos, con un modelo capitalista liberal, representan un choque de modelos económicos. Es desde ahí donde se entiende el conflicto. Estados Unidos es un país con un modelo económico exitoso en la inversión hacia otros países; crean empresas en su territorio y luego las expanden por el mundo. Sin embargo, dentro de su propio país mantienen un nacionalismo muy marcado: es poco común ver que permitan que un extranjero explote libremente sus recursos estratégicos. De ahí viene gran parte del sentido de esta confrontación.
Venezuela, por su parte, es un país nacionalista, con ideas patrióticas y una fuerte defensa de la soberanía bolivariana, además de alinearse con los principales enemigos históricos e ideológicos de Estados Unidos. Al mismo tiempo, es evidente que Venezuela estaba viviendo, hasta cierto punto, una dictadura y un problema interno enorme que afectó directamente a su población.
Pero una cosa es reconocer la crisis y los errores internos, y otra muy distinta justificar una intervención extranjera. La intervención de un país sobre otro es una completa violación al derecho internacional y a la diplomacia. Yo no creo que Estados Unidos sea un héroe en esta historia; como cualquier potencia, tiene intereses políticos y económicos claros. Donald Trump es empresario, y su visión pasa por buscar dónde invertir y expandirse. En ese sentido, encontró en Venezuela un punto estratégico para que el neoliberalismo intentara entrar nuevamente al país.
Mientras tanto, las doctrinas políticas de Maduro son claramente izquierdistas. Este conflicto no es nuevo, es historia. Basta recordar que existe un principio de política exterior llamado Doctrina Monroe, fundado en 1823, que nació para ir en contra de la intervención extranjera, especialmente de las potencias europeas, bajo una frase célebre: “América para los americanos”. Sin embargo, con el tiempo, distintos actores políticos fueron modificando esta doctrina hasta convertirla en justificación de presiones económicas, intervenciones y control sobre otros países.
Que Dios bendiga a Venezuela, y esperemos que sus dictaduras hayan terminado, y no que apenas estén comenzando.