Entomología de la mujer de Miralda Marlen
Cuerpo. Carne. Dolor. Un triángulo melancólico que aísla a ese misterio llamado MUJER. ¿Cómo una mujer puede comunicar el sufrimiento de su más íntimo enigma, si el lenguaje heredado le es ajeno? Hay que pedirlo prestado. Miralda Marlén exige que la tierra, el agua y el aire acudan a ella con sus gargantas abiertas para que el pequeño fuego de su soledad sea escuchado. El estrépito decadente de la realidad no la ayuda porque ella solo encuentra parodias asfixiantes del infierno. ¿Enfermedad? Sí. ¿Amor? No. ¿Esperanza? ¿Puede llamarse así a una cigarra muda? En estos poemas, el desaliento adquiere otra densidad. Se vuelve un viaje hacia el fondo de la más callada oscuridad cuyo sabor es como el de la sangre y donde toda carne se vuelve jaula. ¿Cómo hay que entender todo esto? No es fácil. La entomología ofrece sus herramientas. Miralda Marlén pone el dolor. El lector pone su alma. La ecuación está hecha.

Nociones de la luz de Roberto López
En este libro, las leyes de la reflexión y de la refracción de la luz, y el Principio de Huygens, son utilizadas como metáforas para contarnos la historia de una relación amorosa. Es a través de un yo lírico que se pregunta constantemente por el cómo y el dónde de los amantes, que entendemos todo lo que toca la luz –una habitación, una cama destendida, clavículas y lunares-, pero también todo aquello que se oscurece cuando dos cuerpos que se han amado se separan. La luz es también el miedo -que se propaga en todas direcciones-, el cuerpo del amante que lo llena todo y todo lo vacía. Un pasado que nos aturde: ése donde habita lo que no se sabe abandonar. Entonces el cuerpо del amante se vuelve cada vez más lejano. Al final nos alcanza el presente donde la luz se regala otra vez en gozo, en costillas y en heridas que se recorren con un beso. Todo se reordena. La luminosidad del otro se impone. Así, el lector comprende que toda historia de amor se escribe con el destello, sí, pero también con la sombra que somos.

Me acuerdo. Sí me acuerdo de Lorena Sanmillán
Este libro es la suma de memorias personales que se abren al recuerdo colectivo. Es una historia contada a partir de momentos, lugares, personas, experiencias y objetos que se entrecruzan en el tiempo. Esta obra tiene una particular belleza que se edifica a partir del recurso de la repetición, Sanmillán dirá una y otra vez a lo largo de estas páginas: “Me acuerdo de”, “Me acuerdo de que” y en ese verso que se reitera a manera de coro, vamos enhebrando también nuestra propia historia. Estamos ante una narrativa poética que reconstruye distintos momentos en la vida de una mujer, de un país y de una época entera. Me acuerdo. Sí me acuerdo es memoria viva, porque recordar es actualizar el pasado al traer la emoción al momento presente, una práctica que nos es común a todos. Hacer memoria como se construye una casa, como se hace un archivo y como se construyó este libro que guarda recuerdos íntimos cuyas evocaciones se manifiestan como un antídoto contra el olvido.

El último día de Reyes de Ricardo Marcos
A partir de una figura central, Bernardo Reyes, Marcos desarrolla las múltiples posibilidades que pudieron (o debieron), ocurrir en el México, que balbucea sus primeras palabras de la democracia una vez transcurrido el porfiriato. El autor se lanza en una escrupulosa búsqueda de las posibilidades de los que, de alguna manera dirigen a un país herido, y, lleno de anemias físicas e intelectuales, pudieron ejercer de mejor manera el poder político. El teatro de Marcos se mueve en varias dimensiones: En la historia íntima del personaje, en el presente, y en un futuro inminente que todos conocemos (el asesinato de Reyes cuando se dirige a Palacio Nacional a exigirle a Madero su renuncia por el bien de la patria).