lun. Mar 2nd, 2026

La vid y el olivo eran dos cultivos importantes en el antiguo Israel: ni las uvas, el vino o el aceite de oliva eran necesarios para la supervivencia (como el trigo u otros), pero hacían la vida mucho mejor.

Un matrimonio feliz e hijos florecientes no son esenciales para la supervivencia, pero enriquecen enormemente la vida de quien que teme a Dios: son parte de la bendición y la felicidad que alegran su vida.

Dios, quien fue el que creó al hombre y sabe lo que es mejor para él, se dio cuenta que no era bueno que estuviera solo, y que el que halla esposa halla el bien, así que en el salmo 128, el autor (como la mayoría del pueblo de Israel) asume que un varón debe estar casado para experimentar de la gran riqueza, y que así como el olivo tarda mucho en madurar y dar fruto (igual que los hijos), si se le cuida y guía con paciencia, darán frutos por muchos siglos más, enriqueciendo otros también.

Dios bendice de muchas maneras al hombre que le teme y le obedece, lo llena de satisfacción por su trabajo, alegría por su familia, pasión por su esposa, hijos generosos y una herencia fructífera hasta mil generaciones.

¿Verdad que una familia así es propia de un diseño perfecto? Pues hay que seguir las instrucciones para tenerla, y si erramos, recuerde que para DIos no hay nada imposible, si se atreve a decirselo y ponerse a trabajar para vivirlo.

Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa. He aquí que así será bendecido el hombre que teme a Jehová. Salmos 128:3-4

¿Cree esto? Hable con Dios, lea la Biblia y descúbralo. Solo la Verdad nos hará verdaderamente libres.

Facebook e Instagram: @InstruccionesPersonales

Por Admin

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *