jue. Mar 5th, 2026

Luz María Ortiz Quintos

En el marco del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo se conmemora una jornada global de lucha y reflexión sobre la igualdad de género, los derechos de las mujeres y la erradicación de la violencia. No es un día de celebración, sino de conmemoración de la lucha por la justicia social y el empoderamiento. Aunque a menudo está asociado al incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist en 1911 o a huelgas previas en Nueva York (1908), la fecha se consolidó por la lucha de mujeres obreras y movimientos sufragistas a principios del siglo XX, impulsado posteriormente por la ONU.

Actualmente aún falta mucho trabajo por consolidar esta lucha social; si analizamos cada eje, podremos reconocer que seguimos rezagados en igualdad. Ser mujer en muchos ambientes sigue siendo un motivo para no ser vista como una persona con capacidad, experiencia, preparación y conocimientos para competir en un mundo laboral con equidad de oportunidades y remuneraciones económicas; de igual manera, en el ámbito social y político, las decisiones son tomadas por hombres, quienes en muchas ocasiones montan escenarios de liderazgo femenino dirigidos por ellos.

Ser mujer fuerte, con criterio propio, con seguridad en sí misma, con principios éticos y valores, es una amenaza.

En el ámbito de los derechos, a pesar de algunos avances, seguimos estando rezagadas.

El ser madre de familia sigue siendo un factor en contra para ser considerada en posiciones de liderazgo y responsabilidad.
Y por último, el más importante a mi consideración: la erradicación de la violencia.

La naturaleza humana es muy sabia; sin embargo, encontramos en muchos ambientes la falta de orden, respeto y educación.

Para erradicar la violencia en contra de la mujer o del hombre es conveniente desaprender y aprender.
El verdadero cambio está en la educación; se requiere estar dispuestos a reconocer que, así como el mundo es cambiante en lo material, el ser humano está llamado a mejorar como persona.

Vivimos en una generación en la que el hombre, en ocasiones puede tener un comportamiento en un sentido machista, dominante, violento y egoísta, se pensaba como el único con voz y opinión en una familia.

Complicada ha resultado para muchas familias la dinámica de roles compartidos; a pesar de que hoy la mujer trabaja dentro y fuera de casa, ella sigue en muchas ocasiones cargando sola con la crianza de los hijos, las responsabilidades económicas y la inmadurez, falta de dominio propio y responsabilidad del hombre.

Casos excepcionales podemos conocer en los que la mujer pueda resaltar profesional y económicamente y el hombre la apoye.

Por otro lado, la costumbre e imitación de lo que se vio y vivió en casa, por los ancestros de la nueva familia, resulta en muchos varones complicado ver a la mujer con respeto, con admiración y tratarla con amor.

Hoy la sociedad se encuentra en crisis; el hombre no cede y la mujer se empodera, ambos en una lucha por sus derechos, sin pensar que debe prevalecer un ambiente de equidad y respeto ante cualquier relación.

La violencia intrafamiliar sería ideal prevenirla desde el noviazgo. Conocer la personalidad de la pareja, identificar sus valores, principios y salud mental.

Inmersos en los avances de la tecnología, se han logrado identificar conductas tan dañinas en el ser humano que terminan destruyendo no solo la vida de la misma persona, y la de la pareja, sino también la de los hijos.

La violencia en ocasiones se disfraza de broma, y la inocencia de la víctima no le permite estar consciente de estar al lado de una persona malintencionada y abusiva.

Hoy, como mujer, me uno a millones de mujeres: no a la violencia, sí al respeto y la paz.

Por Admin

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