Raúl Guajardo Cantú
“Otra victoria como esta y estamos perdidos”, la frase que dio origen a las llamadas ”victorias pírricas” puede muy bien aplicarse a la que recientemente obtuvo el senador Waldo Fernández sobre Karina Barrón.
Como seguramente todos recordamos, Pirro, rey de Epiro, expresó así su pesar después de derrotar a los romanos, ya que, a pesar de triunfar, su ejército sufrió un número muy importante de bajas.
Waldo ganó su demanda en contra de la priísta Barrón, pero hay tantas situaciones dudosas, que quizá hubiera sido mejor no presentar la demanda. Por una parte, Waldo se queja de la actuación de la Fiscalía estatal, pero no dice nada acerca de cómo actuó la instancia federal.
Vicios similares a los denunciados por el senador, se presentaron en el caso contra la priísta, quien tuvo que negociar desde la cárcel, a donde fue a parar vía la prisión preventiva. Desde ahí llegó a un acuerdo de reparación del daño moral cuantificado en pesos y centavos.
Mucha gente se pregunta dónde quedó aquello de que lo que Waldo quería era justicia, que su nombre quedara limpio en beneficio de él y su familia.
Si ese era el caso, por qué politizar la situación yendo contra una fiscalía que ya había dado carpetazo a la investigación en su contra, la pregunta viene al caso porque en los corrillos políticos se dice que la FGJE es controlada por quien muchos aseguran es el principal aspirante a la gubernatura del estado, puesto al que también aspira el senador Fernández.
Además, por qué ponerle precio al daño moral, así sea un monto que se va a destinar a una institución de beneficencia, quizá hubiera sido más importante, con miras a resarcir el daño, que Barrón hubiera hecho algunos actos de disculpa más importantes que solamente aceptar su culpa, incluso cumplir con algún tiempo en prisión, acorde al delito cometido.
Pero desde el principio el senador captó que sus acciones no fueron bien recibidas en la opinión pública y supo también que si Karina Barrón se quedaba en la cárcel, sus aspiraciones quedarían sepultadas en la misma celda en que la priísta estuviera recluida.
Así que Waldo optó por un gesto que quiso ser magnánimo, pero que muchos entendieron más bien como un cálculo con miras a la campaña que viene.
En política, dicen, no solamente hay que ser, sino también parecer y hoy, para desgracia de Waldo, su gesto no es, ni parece, magnánimo o por lo menos humano.
Quizá lo mejor, insistimos, hubiera sido dejar pasar la afrenta, sobre todo cuando la averiguación en su contra no había prosperado, pero tomó decisiones que parecen ser oportunistas y, subrayamos, la sabiduría popular nos advierte que, en política, lo que parece, es.
Vamos a ver si el próximo mes de julio o agosto le trae buenas noticias al senador, nos parece que no será así, sin embargo, como el propio Fernández ha señalado, en política muchas cosas pueden suceder, con justicia o sin ella.
No vaya a ser que esta victoria sea como la de Pirro y el capital político de Waldo se haya consumido.