{"id":134814,"date":"2025-05-10T09:18:00","date_gmt":"2025-05-10T15:18:00","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/?p=134814"},"modified":"2025-05-10T09:25:56","modified_gmt":"2025-05-10T15:25:56","slug":"dia-de-las-madres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/2025\/05\/10\/dia-de-las-madres\/","title":{"rendered":"D\u00eda de las Madres"},"content":{"rendered":"\n<p>Por: Gerardo Guerrero&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En una \u00e9poca donde las celebraciones han sido absorbidas por la l\u00f3gica del consumo, donde el amor se reduce a un ramo de flores de supermercado y una postal prefabricada, se impone la urgencia de reconfigurar el D\u00eda de las Madres, no como una efem\u00e9ride emocionalmente automatizada, sino como un acto de conciencia hist\u00f3rica, existencial y afectiva. No como una fecha conmemorativa que responde al algoritmo sentimental de la cultura de masas, sino como un acontecimiento ontol\u00f3gico, un espacio liminar donde se pueda pensar \u2014y sentir\u2014 la maternidad m\u00e1s all\u00e1 de la biolog\u00eda, del deber impuesto o de la idealizaci\u00f3n rom\u00e1ntica.<\/p>\n\n\n\n<p>El d\u00eda de las madres, desde esta mirada, no es un simple recordatorio emocional, sino una grieta en el calendario desde la cual repensar los v\u00ednculos, las genealog\u00edas afectivas y las estructuras simb\u00f3licas que nos han formado. Hegel nos recuerda que el reconocimiento es el motor de toda relaci\u00f3n significativa. As\u00ed, celebrar a la madre es reconocerla no como un arquetipo abstracto, sino como sujeto dial\u00e9ctico, como conciencia que ha sostenido, renunciado, resistido y, a veces, desaparecido en la maquinaria silenciosa de la normalidad. Reconocerla es devolverle visibilidad a su deseo, a su contradicci\u00f3n, a su potencia no representada.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, \u00bfqu\u00e9 maternidad celebramos cuando celebramos? \u00bfLa domesticada por siglos de patriarcado simb\u00f3lico? \u00bfLa sacrificada, la abnegada, la que renuncia, la que se borra? Nietzsche hablar\u00eda aqu\u00ed del resentimiento que nace de lo no expresado, de lo que se ha reprimido por la moral del deber. Tal vez, entonces, esta fecha no deber\u00eda rendir culto a una imagen idealizada, sino abrir espacio para una maternidad afirmativa, donde desear no est\u00e9 prohibido, donde la madre no sea m\u00e1rtir, sino mujer en expansi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Viktor Frankl, desde su mirada logoterap\u00e9utica, insistir\u00eda en que incluso en las condiciones m\u00e1s adversas \u2014como lo son muchas maternidades invisibles, marginales o interrumpidas\u2014, puede hallarse un sentido. Celebrar a la madre no deber\u00eda ser un acto de indulgencia simb\u00f3lica, sino un ejercicio de b\u00fasqueda de significado. Porque muchas veces, el gesto m\u00e1s maternal no viene de quien dio a luz, sino de quien eligi\u00f3 sostener, criar, acompa\u00f1ar. Entonces, lo que se honra no es una funci\u00f3n biol\u00f3gica, sino una \u00e9tica del cuidado.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta clave, la maternidad tambi\u00e9n puede ser le\u00edda desde la modernidad l\u00edquida de Bauman, donde los v\u00ednculos se deshacen, las presencias se diluyen y la figura materna corre el riesgo de ser reemplazada por la promesa fr\u00e1gil de la autoformaci\u00f3n. En un mundo que promueve la autonom\u00eda como valor supremo, \u00bfqu\u00e9 lugar tiene el otro que cuida? \u00bfLa figura que acoge, que contiene, que permanece? Celebrar el D\u00eda de las Madres es resistir a la fugacidad, es anclar un lazo en medio de la dispersi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Foucault, por su parte, observar\u00eda la maternidad como una tecnolog\u00eda de poder. El cuerpo materno ha sido regulado, medicalizado, estetizado, vuelto territorio pol\u00edtico. Despatriarcalizar el D\u00eda de las Madres implica desarticular esa narrativa de control, de idealizaci\u00f3n impuesta, y devolverle a la madre su derecho a ser sujeto hist\u00f3rico, no s\u00f3lo cuerpo portador. Es hacer visible su deseo, incluso cuando \u00e9ste incomode a las estructuras normativas.<\/p>\n\n\n\n<p>Kierkegaard ver\u00eda en la madre la figura de la angustia ante la responsabilidad radical: la de traer otro ser al mundo, sin garant\u00edas, sin certezas, con el v\u00e9rtigo de amar a alguien que es y no es parte de uno mismo. Y en ese v\u00e9rtigo, hay un salto de fe cotidiano: alimentar, acompa\u00f1ar, educar, soltar. No hay certeza en la maternidad. S\u00f3lo compromiso y riesgo. Celebrarla, entonces, es honrar tambi\u00e9n el miedo, la duda, la vulnerabilidad que se esconde detr\u00e1s de la sonrisa materna.<\/p>\n\n\n\n<p>Camus nos invitar\u00eda a pensar la maternidad como un acto absurdo y hermoso a la vez: traer vida a un mundo sin sentido, y aun as\u00ed protegerla con ternura infinita. En la madre que se levanta cada d\u00eda, que sostiene en medio del sinsentido, se revela una forma de rebeli\u00f3n silenciosa contra la desesperanza. En ella, el amor se vuelve acto de resistencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Spinoza dir\u00eda que toda madre es expresi\u00f3n de la potencia de existir. Su deseo de sostener la vida no es moral, es ontol\u00f3gico. No se trata de una obligaci\u00f3n social, sino de una expansi\u00f3n del ser que se manifiesta en forma de cuidado, de conexi\u00f3n, de afecto. La madre como conatus: impulso vital que afirma su ser al proteger otro ser.<\/p>\n\n\n\n<p>En la lectura de Plat\u00f3n, podr\u00edamos reinterpretar la maternidad como el puente entre lo sensible y lo esencial. En el gesto de amamantar, de consolar, de guiar, se da una pedagog\u00eda del alma: se ense\u00f1a a sentir, a nombrar, a estar en el mundo. La buena madre no impone, sino que revela. No absorbe, sino que libera.<\/p>\n\n\n\n<p>Sartre dir\u00eda que ninguna madre est\u00e1 condenada a serlo de una forma \u00fanica. La maternidad es una elecci\u00f3n radical que se reinventa d\u00eda a d\u00eda. No hay esencia de madre, hay existencia que se va forjando en el acto. Por eso, la madre no se define por su rol, sino por su elecci\u00f3n cotidiana de ser para otro sin perderse en ese otro. Una madre libre es tambi\u00e9n una madre que ense\u00f1a a elegir.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde Freud, podr\u00edamos hablar del deseo materno como una fuerza estructurante, pero tambi\u00e9n ambivalente. Y con Lacan, podr\u00edamos ir a\u00fan m\u00e1s lejos: la madre no es s\u00f3lo quien nutre, sino quien introduce la falta, quien permite que el sujeto se separe, que desee. Sin ese corte simb\u00f3lico, no hay individuaci\u00f3n. Celebrar a la madre es tambi\u00e9n agradecer la herida que permiti\u00f3 el nacimiento del yo.<\/p>\n\n\n\n<p>Boaventura de Sousa Santos y Walter Mignolo nos alertan sobre las epistemolog\u00edas del Norte que han configurado la figura de la madre desde par\u00e1metros coloniales: sumisa, blanca, heteronormada, silenciosa. Reconfigurar el D\u00eda de las Madres es tambi\u00e9n descolonizar el afecto. Es reconocer a las madres racializadas, migrantes, disidentes, ancestrales, comunitarias; aquellas que maternan desde otros lenguajes, desde otras l\u00f3gicas, desde otras resistencias. No toda maternidad es blanca, mon\u00f3gama ni occidental.<\/p>\n\n\n\n<p>En este paisaje, Walt Whitman elevar\u00eda un canto a la madre como tierra f\u00e9rtil del alma humana, como extensi\u00f3n de la naturaleza que no impone, sino que envuelve. La maternidad, para \u00e9l, no ser\u00eda domesticaci\u00f3n sino comuni\u00f3n: un acto radical de pertenencia al mundo, donde el cuerpo materno es hoja, ra\u00edz, semilla, cosmos. Su lirismo vitalista nos recuerda que toda madre, en su tacto, en su canto, en su abrazo, contiene el universo entero.<\/p>\n\n\n\n<p>Charles Bukowski, en su estilo crudo y descarnado, no cantar\u00eda a la madre ideal, sino a la que ha amado entre cicatrices, a la que ha sobrevivido a la hostilidad del mundo con las u\u00f1as, al margen, en silencio. En sus palabras podr\u00edamos ver a la madre rota pero incansable, a la que no aparece en los comerciales, pero que ha salvado vidas sin decirlo. Celebrar a esa madre es tambi\u00e9n hacer justicia a su lucha subterr\u00e1nea.<\/p>\n\n\n\n<p>Schopenhauer, pesimista implacable, nos recordar\u00eda que la maternidad, en su fondo, es tambi\u00e9n tragedia: traer hijos al mundo es condenarlos al dolor inevitable de la existencia. Y, sin embargo, en esa paradoja oscura, la madre aparece como consuelo ante la dureza de la vida. Es la que no niega el sufrimiento, pero que lo alivia. Es el \u00fanico rostro que no miente en medio del absurdo. Celebrarla es aceptar que, a pesar del sinsentido, su gesto fue un acto de afirmaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Saramago, con su mirada aleg\u00f3rica y profunda, podr\u00eda contarnos que toda madre es una revoluci\u00f3n silenciosa, un libro que nadie ha terminado de leer. Ella es la portadora de relatos no dichos, de genealog\u00edas orales, de saberes invisibles. La maternidad \u2014como la literatura\u2014 es un ejercicio de transmisi\u00f3n, no s\u00f3lo de vida, sino de memoria. Y en un mundo que olvida r\u00e1pido, la madre que recuerda, que nombra, que cuenta, es un acto de resistencia frente al olvido.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, en este nuevo marco, celebrar a la madre no es comprar un regalo, sino reconocer la complejidad del acto de maternar en todas sus formas, con todas sus contradicciones. Es agradecer sin romantizar, honrar sin idealizar, cuestionar sin negar. Es ver a la madre como una figura viva, no como un monumento. Como alguien que ha sentido culpa, miedo, deseo, vac\u00edo, plenitud y cansancio, muchas veces al mismo tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Este d\u00eda, m\u00e1s que flores o desayunos servidos en bandejas de Pinterest, podr\u00eda ser una pausa radical para mirar a los ojos a quien nos ha cuidado \u2014biol\u00f3gicamente o no\u2014 y decirle: te veo en tu complejidad, en tu humanidad entera. Porque en este mundo acelerado y performativo, celebrar sin edulcorar, es tal vez el acto m\u00e1s radical de amor y de verdad. Es la forma m\u00e1s valiente de habitar este d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy y siempre: te amo<\/p>\n\n\n\n<p>Mam\u00e1 \u2014madre, jefa, vieja, mami, ma\u2014, te nombro y algo en el pecho se ablanda, se enciende, se acuerpa. No naciste sabiendo ser mam\u00e1, te hiciste cada d\u00eda, con las manos abiertas y los ojos cansados, y no por deber, sino por amor; no por mandato, sino por elecci\u00f3n; no por destino, sino por una ternura que desaf\u00eda al&nbsp; universo. Y si alguna vez dudaste, si alguna vez lloraste a escondidas o deseaste no estar ah\u00ed, a\u00fan eso te honra. Porque en tu fragilidad florece lo m\u00e1s humano de ti. Y en eso \u2014en no rendirte\u2014 se cifra la sabidur\u00eda del universo.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay palabra que te defina y describa con exactitud. Eres una casa que camina, un refugio sin mapa, una oraci\u00f3n dicha sin saber rezar. No fuiste s\u00f3lo la que me trajo al mundo: fuiste la que me sostuvo cuando el mundo me quedaba grande. Mam\u00e1: te nombro y no te encierro en un rol. Te nombro y te libero de los altares que no permiten respirar. Te nombro para que existas con tu historia, con tus silencios, con tus heridas que aprendiste a bordar con hilos invisibles. Has sabido hacer del dolor un canto, del miedo un nido, del cuerpo un territorio que sostiene sin pedir aplauso.<\/p>\n\n\n\n<p>Te vi partirte en jornadas infinitas, esconder el cansancio entre silencios, transformarte en alimento sin dejar rastro. Fuiste la primera en perder el sue\u00f1o, la \u00faltima en quejarte. Aprend\u00ed a vivir por c\u00f3mo me miraste, por c\u00f3mo abriste espacio con tus brazos, por c\u00f3mo convertiste tus miedos en coraje cada vez que hac\u00eda falta. Nunca fuiste estatua ni hero\u00edna ni virgen de estampita: fuiste humana, tan humana que tu amor dol\u00eda. Y a\u00fan as\u00ed te quedabas. Te quedaste. Te quedas.<\/p>\n\n\n\n<p>Tu mirada, mam\u00e1, fue la primera revelaci\u00f3n de que el amor existe antes de que tenga nombre. Tus manos \u2014callosas, suaves, fr\u00edas o tibias\u2014 son el primer lenguaje que entend\u00ed. Ellas me ense\u00f1aron que cuidar no es debilidad sino fuerza. T\u00fa, eres la ra\u00edz que no se ve, pero que sostiene. Eres el silencio que no calla, la voz que no impone, la llama que no arde pero nunca se apaga. Eres lo que fue y lo que a\u00fan est\u00e1. La primera morada. La \u00fanica que no se olvida.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 c\u00f3mo lo hiciste. C\u00f3mo seguiste caminando cuando todo dol\u00eda. C\u00f3mo te partiste en mil partes para que yo estuviera entero. C\u00f3mo sigues ah\u00ed, con los ojos atentos, con ese sexto sentido que todo lo intuye, con el coraz\u00f3n puesto en m\u00ed, aunque yo ya no sea ni\u00f1o, aunque a veces me calle, me aleje, me olvide.<\/p>\n\n\n\n<p>No tengo palabras limpias ni discursos perfectos. S\u00f3lo tengo este coraz\u00f3n que a\u00fan sabe pronunciar tu nombre como si fuera una oraci\u00f3n. Y en esa palabra \u2014mam\u00e1\u2014 cabe todo: mi infancia, mi refugio, mi asombro, mi gratitud, mi deuda que no s\u00e9 pagar.<\/p>\n\n\n\n<p>Perd\u00f3name si alguna vez cre\u00ed que eras invencible. Perd\u00f3name por olvidar que tambi\u00e9n eras persona. Perd\u00f3name por no preguntar c\u00f3mo estabas, por no abrazarte m\u00e1s, por no decirte que te amo con m\u00e1s frecuencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Mam\u00e1: gracias por todo lo que hiciste y por todo lo que a\u00fan haces. Gracias por estar, incluso cuando te dol\u00eda. Gracias por las veces que tuviste miedo y aun as\u00ed fuiste valiente por los dos. Gracias por ense\u00f1arme que amar no es perfecci\u00f3n, sino persistencia. Por ti comprend\u00ed que amar no es solo pronunciar un &#8220;te amo&#8221;, sino convertirse en el refugio donde el otro desea quedarse, en la certeza que acoge, en la casa que no es un lugar, sino una presencia que da sentido a la vida.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Si el mundo a\u00fan puede salvarse, es porque hay madres como t\u00fa: humanas, profundas, reales. Y si un d\u00eda ya no est\u00e1s, mam\u00e1, que este poema te sobreviva. Que alguien, en alguna parte, lo lea y diga: esto tambi\u00e9n lo siento por la m\u00eda. Y que el mundo, por un segundo, te elogie y ensalce como mereces. Porque si existe algo sagrado en este mundo, no es el cielo. Eres t\u00fa.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy y siempre: te celebro, te respeto, te admiro, te honro. Y sobre todo, mam\u00e1, te amo.<\/p>\n\n\n\n<p>Comparte ahora mismo&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Deja tu comentario&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\nhttps:\/\/www.facebook.com\/davidguerrerogtz\n<\/div><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-rich is-provider-twitter wp-block-embed-twitter\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<a class=\"twitter-timeline\" data-width=\"640\" data-height=\"960\" data-dnt=\"true\" href=\"https:\/\/twitter.com\/Gera__Guerrero?ref_src=twsrc%5Etfw\">Tweets by Gera__Guerrero<\/a><script async src=\"https:\/\/platform.twitter.com\/widgets.js\" charset=\"utf-8\"><\/script>\n<\/div><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gerardo Guerrero&nbsp; En una \u00e9poca donde las celebraciones han sido absorbidas por la l\u00f3gica del consumo, donde el amor se reduce a un ramo de flores de supermercado y una postal prefabricada, se impone la urgencia de reconfigurar el D\u00eda de las Madres, no como una efem\u00e9ride emocionalmente automatizada, sino como un acto de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":134820,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[12,5],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/134814"}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=134814"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/134814\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":134815,"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/134814\/revisions\/134815"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/134820"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=134814"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=134814"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=134814"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}