{"id":145631,"date":"2026-03-06T06:06:49","date_gmt":"2026-03-06T12:06:49","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/?p=145631"},"modified":"2026-03-06T06:07:27","modified_gmt":"2026-03-06T12:07:27","slug":"desde-el-promontorio-de-la-risca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/2026\/03\/06\/desde-el-promontorio-de-la-risca\/","title":{"rendered":"Desde el promontorio de La Risca"},"content":{"rendered":"\n<p>Gerson G\u00f3mez<br>La Alfonso Reyes, organismo herido superando las luces de ne\u00f3n. Agazapados entre el concreto poroso y olor a orina rancia. P\u00f3lvora dormida, esperando al desertor asome la culpa por alg\u00fan callej\u00f3n.<br>A sus espaldas, la Estatua de Acero de la Virgen de Guadalupe. T\u00f3tem de hierro fr\u00edo, una madre sin parpadear ante el rito de sangre. Es piedad industrial. Contempla, con ojos de soldadura. Sus hijos se despedazan por un pedazo de cerro.<br>Hacia el poniente, el valle de la eterna opulencia.<br>San Pedro Garza Garc\u00eda. Movimiento fren\u00e9tico de m\u00e1quinas, ese desmantelamiento obsceno para abrir paso a la interconexi\u00f3n.<br>Es la arquitectura del miedo y el flujo. Dise\u00f1ando puentes para los de arriba. Sin mancharse del asfalto de los de abajo. Dicen quienes sabe, y los callados, en esos nuevos trazos ni los marinos se atreven a entrar.<br>Zonas de silencio donde el Estado es sugerencia y el estruendo de cuerno de chivo, la \u00fanica ley de urbanismo.<br>La contradicci\u00f3n. El centro, con la Macroplaza. Desierto de concreto reci\u00e9n arbolado. Pobres matas. Los cerros, favelas de rencor. El desertor no tarda. El acero de la Virgen brilla.<br>En el aire flota esa mezcla de alimento asado y muerte inminente. Los sicarios, con la paciencia de los buitres, ven c\u00f3mo la ciudad se sigue rompiendo en dos, entre el lujo expandido y la miseria atrincherada.<br>Desde la atalaya de La Risca, el panorama no es una postal, sino una herida abierta de mil quinientos millones de d\u00f3lares.<br>El caos urban\u00edstico de Monterrey se despliega abajo como un juego de Lego dise\u00f1ado por un demente.<br>Los sicarios, con la pupila dilatada por el ocio y la muerte, observan el horizonte donde San Pedro se canibaliza a s\u00ed mismo.<br>All\u00e1 abajo, el desmontaje es fren\u00e9tico. Las retroexcavadoras muerden el cerro para forzar la interconexi\u00f3n. Ese cord\u00f3n umbilical de asfalto pretende unir el privilegio con la urgencia.<br>Logra parir un laberinto de muros ciegos. La est\u00e9tica del caos planificado. Puentes sin salida. T\u00faneles inundados con el primer suspiro del cielo. Avenidas de trampas de acero para los miles de oficinistas so\u00f1adores, con ser parte de esa \u00e9lite inaccesible.<br>La Virgen de Acero custodia este desorden con resignaci\u00f3n metal\u00fargica. A sus pies, la Alfonso Reyes es nudo de cables y promesas rotas.<br>La frontera con San Pedro, la maquinaria pesada levanta barreras invisibles.<br>Los sicarios r\u00eden. Saben entre m\u00e1s recovecos y vialidades de flujo continuo inventen los ingenieros, m\u00e1s f\u00e1cil es perderse, m\u00e1s sencillo el desertor desaparezca en el flujo de una ciudad. En su centro adora al dios del tr\u00e1fico.<br>Incluso los marinos, con blindajes y disciplina de hierro, miran con recelo esos nuevos sectores donde la interconexi\u00f3n.<br>Callej\u00f3n sin salida mediado por el narco y la desidia estatal. Es triunfo del cemento sobre la l\u00f3gica.<br>Babel hacia el cielo. Mientras sus cimientos de justicia se desmoronan en el polvo de las construcciones.<br>\u2014Mira esa madre, El\u00edas \u2014escupi\u00f3 el &#8220;Chango&#8221;, se\u00f1alando con el ca\u00f1\u00f3n del fusil hacia el tajo abierto en la monta\u00f1a\u2014. Le llaman progreso a tumbar el cerro para los de San Pedro lleguen cinco minutos antes a su clima.<br>El\u00edas no despeg\u00f3 el ojo de los binoculares. Desde la Alfonso Reyes, el rugido de la maquinaria en la interconexi\u00f3n sub\u00eda como un quejido met\u00e1lico.<br>\u2014Es un laberinto para ratas ricas, compadre. Entre m\u00e1s puentes hacen, m\u00e1s f\u00e1cil nos la ponen. Esos ingenieros est\u00e1n dise\u00f1ando nuestro patio de juegos. Mira ese nudo de concreto. Ah\u00ed no entra ni la Guardia Nacional sin pedir permiso al GPS.<br>\u2014Dicen los marinos ya ni le buscan por ah\u00ed \u2014continu\u00f3 el Chango, soltando una risotada seca\u2014. Se pierden en las gazas. Entran por una joroba y salen por un retorno que no existe. Es el urbanismo del miedo: calles mordiendo la cola.<br>\u2014Y el pendejo escondido ah\u00ed \u2014El\u00edas ajust\u00f3 el enfoque, viendo a lo lejos las luces de una camioneta zigzagueando entre los escombros del desarrollo inmobiliario\u2014.<br>El desertor piensa el caos lo va a salvar. No sabe. En esta ciudad, entre m\u00e1s cemento echan, m\u00e1s hondo es el pozo.<br>\u2014Pobre diablo \u2014dijo el Chango, acariciando el gatillo mientras la Virgen de Acero proyecta una sombra de reja sobre sus rostros\u2014. Cree que la interconexi\u00f3n es salida. No entienden. En Monterrey, todos los caminos de San Pedro terminan aqu\u00ed arriba, en el polvo.<br>Bajo la sombra de la Virgen de Acero, el silencio no es paz, es pausa en la respiraci\u00f3n del acero. La estructura colosal proyecta geometr\u00eda de l\u00edneas duras. Corta el suelo de la Alfonso Reyes como guillotina detenida.<br>A sus pies, el desertor camina con los hombros hundidos, buscando el amparo de una fe que aqu\u00ed arriba tiene sabor a \u00f3xido.<br>\u2014Ya lleg\u00f3 el creyente \u2014susurr\u00f3 el Chango, su voz apenas un roce de lija contra el viento del cerro.<br>El\u00edas no respondi\u00f3. El contraste obsceno: frente a ellos, el resplandor de San Pedro. Incendio de lujo. Enjambre de gr\u00faas y luces led trabajando en la interconexi\u00f3n para el mundo de all\u00e1 abajo nunca tuviera que mirar hacia ac\u00e1.<br>La sombra de la estatua absoluta. El punto ciego de la modernidad, el rinc\u00f3n donde la planificaci\u00f3n urbana se rinde ante la ley del plomo.<br>\u2014M\u00edralo \u2014continu\u00f3 El\u00edas, viendo al hombre persignarse frente al gigante de metal\u2014. Invisible, jaja. El fierro lo va a cubrir. No entiende. La Virgen no es para los vivos, es el monumento a los tragados por el cemento.<br>El desertor se detuvo justo donde la punta de la sombra de la corona tocaba el asfalto quebrado.<br>Instante de pureza tr\u00e1gica. El rugido de las excavadoras en el valle funcion\u00f3 como el r\u00e9quiem perfecto. Estruendo del primer disparo.<br>Bajo la mirada impasible de la estatua, el hombre se desplom\u00f3, convirti\u00e9ndose en un bulto m\u00e1s en la cartograf\u00eda del descarte.<br>\u2014V\u00e1monos \u2014dijo El\u00edas, guardando el arma\u2014.<br>Ah\u00ed queda. En medio de su interconexi\u00f3n de sangre. Al final, en Monterrey, todos acabamos siendo parte de los cimientos.<br>Los sicarios se fundieron con la penumbra de La Risca. Movi\u00e9ndose con la agilidad de las ratas. No corrieron; se deslizaron. Atr\u00e1s dejaron el cuerpo. La mancha de la Virgen devorando con su sombra de hierro.<br>Se perdieron por los andadores de la Alfonso Reyes, esos pasadizos que ning\u00fan mapa de desarrollo urbano se atreve a registrar. Fantasmas en laberinto de blocks y varillas expuestas.<br>Territorio donde la planeaci\u00f3n de San Pedro es chiste de mal gusto.<br>Las luces de las patrullas confundidas con los destellos de las soldaduras de las nuevas obras. El mismo color, la misma indiferencia.<br>\u2014Ma\u00f1ana habr\u00e1 un puente nuevo y un muerto viejo \u2014mascull\u00f3 El\u00edas, saltando una zanja de drenaje abierto.<br>Antes del primer motor de la polic\u00eda subiendo la pendiente, ellos ya eran parte del paisaje, invisibles en las venas abiertas de metr\u00f3poli.<br>Los trabajadores desde la Alfonso Reyes esquivaron el cad\u00e1ver. La coreograf\u00eda de la costumbre.<br>En esta ciudad, los muertos son baches en el camino hacia la chamba.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gerson G\u00f3mezLa Alfonso Reyes, organismo herido superando las luces de ne\u00f3n. Agazapados entre el concreto poroso y olor a orina rancia. P\u00f3lvora dormida, esperando al desertor asome la culpa por alg\u00fan callej\u00f3n.A sus espaldas, la Estatua de Acero de la Virgen de Guadalupe. 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