{"id":146046,"date":"2026-03-19T10:09:38","date_gmt":"2026-03-19T16:09:38","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/?p=146046"},"modified":"2026-03-19T10:10:09","modified_gmt":"2026-03-19T16:10:09","slug":"el-mercado-de-la-carne-y-el-muro-de-los-lamentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/2026\/03\/19\/el-mercado-de-la-carne-y-el-muro-de-los-lamentos\/","title":{"rendered":"El mercado de la carne y el muro de los lamentos"},"content":{"rendered":"\n<p>Gerson G\u00f3mez<br>El Alba: La subasta de los m\u00fasculos. La Alameda Central de Monterrey no es un jard\u00edn. Aduana de la supervivencia. A las seis de la ma\u00f1ana, el aire tiene ese sabor met\u00e1lico, mezcla de smog fr\u00edo y fritanga sube por la calle Aramberri.<br>Entre Villagr\u00e1n y Pino Su\u00e1rez, el d\u00eda no nace con el sol, sino con el frenazo de las camionetas Ford F-150 escupen humo negro.<br>Es el momento de los jornaleros. El &#8220;estilo del andamio&#8221;: las botas de casquillo desgastadas. Los pantalones de mezclilla tiesos de cemento, y esa mirada fija busca el ojo del contratista.<br>La piel curtida por el sol del semidesierto. Los hombres agrupados en racimos. Los &#8220;invasores&#8221;, en autobuses de tercera clase desde las selvas de Veracruz, las monta\u00f1as de Oaxaca, el calor h\u00famedo de San Luis Potos\u00ed y la selva chiapaneca.<br>Estps hombres est\u00e1n en una guerra de desgaste contra el destino. No hay \u00e9pica en cargar bultos de cincuenta kilos. Hay una m\u00edstica brutal en el aguante. Son soldados del concreto. La Alameda es su cuartel general.<br>Aqu\u00ed se negocia la vida por jornada. Si el &#8220;arqui&#8221; te se\u00f1ala con el dedo, tienes comida para tres d\u00edas; si no, te quedas a ver c\u00f3mo el sol te calcina el orgullo sobre una banca de hierro fundido.<br>El dormitorio de la di\u00e1spora. A unos pasos, los edificios derruidos funcionan como colmenas. Es la &#8220;Casa de los inombrables segregados&#8221;. El t\u00e9rmino, usado con desprecio por el regiomontano de cepa y con resignaci\u00f3n por el migrante, define a este ej\u00e9rcito de reserva. Ciudad presumida de su modernidad industrial, se sostiene sobre los hombros de una &#8220;est\u00e9tica de la precariedad&#8221;.<br>Hacinamiento es la norma. Cuatro, seis, diez hombres por cuarto, so\u00f1ando con los verdes de la Huasteca mientras respiran el polvo de la Ternium y Zinc.<br>La Alameda es el ombligo donde la provincia se inserta en la metr\u00f3poli. Los olores se mezclan: el caf\u00e9 de olla del puesto ambulante contra el aroma rancio de los mingitorios p\u00fablicos. M\u00e9xico no cabe en los folletos de turismo de San Pedro Garza Garc\u00eda. Es la patria trabajadora.<br>El crep\u00fasculo. El relevo de las sombras. Cuando el sol cae y las sombras se alargan sobre la estatua de Ju\u00e1rez, el paisaje humano sufre una metamorfosis. Los hombres del martillo se retiran a sus madrigueras y aparecen los &#8220;guardias de seguridad&#8221;. Espejo oscuro de la ma\u00f1ana. Si se buscaba qui\u00e9n construyera, en la noche se busca qui\u00e9n vigile.<br>Aparecen uniformados con camisas de poli\u00e9ster: Les quedan grandes, botas lustradas con saliva y una placa de lat\u00f3n no detiene ni una bala, pero les da un aire de autoridad prestada. Se dirigen a las quintas de Santiago, a las f\u00e1bricas de Santa Catarina, a las casas blindadas de las colonias privadas.<br>Hombres cuidan la propiedad privada de quienes nunca les dirigir\u00edan la palabra si no fuera para pedirles abrir el port\u00f3n.<br>Se agrupan en las mismas esquinas que los alba\u00f1iles. La misma desesperaci\u00f3n, distinto uniforme. De id\u00e9ntica manera a los matutinos, esperan el transporte. Los llevar\u00e1 a su vigilia. Centinelas de la paranoia regia, los ojos pagados cuidar al patr\u00f3n. Duerma tranquilo.<br>La noche. La fauna de los ansiosos. La noche en la calle Aramberri no solo es vigilancia; es, sobre todo, deseo. La Alameda se puebla de fauna de ansiosos sexuales. El asfalto se convierte en pasarela de cuerpos desaf\u00edan la biolog\u00eda y la moral del reino.<br>Travestis con tacones desaf\u00edan los baches de Villagr\u00e1n, homosexuales buscan un encuentro r\u00e1pido bajo la sombra de un fresno enfermo, buscadores de placer circulan en coches lentos, con las luces bajas, como tiburones en un mar de ne\u00f3n barato.<br>El Monterrey persignado de d\u00eda y se desabrocha el cintur\u00f3n de noche. Hombres buscando a otros hombres en la oscuridad, en una danza de sombras donde el anonimato es la \u00fanica protecci\u00f3n contra el prejuicio.<br>La &#8220;fauna&#8221; es diversa. Hay una urgencia el\u00e9ctrica en el ambiente. Los &#8220;ansiosos&#8221; no buscan amor, buscan confirmaci\u00f3n. El contacto carnal en la Alameda es acto de resistencia pol\u00edtica, aunque ellos no lo sepan. En una ciudad se castiga la diferencia, el intercambio de fluidos en un callej\u00f3n es grito de guerra.<br>Ciudad irreconocible<br>No hay juicio, solo registro. La Alameda es el gran teatro de la desigualdad. Desde el alba de los constructores de Chiapas hasta el ne\u00f3n de los travestis de Aramberri, todo es parte de lo mismo: la necesidad de ser, de comer, de tocar.<br>En la Alameda el &#8220;nosotros&#8221; es concepto el\u00e1stico. Lugar donde los invasores se vuelven ciudadanos a trav\u00e9s del trabajo, y donde los ciudadanos se vuelven invasores a trav\u00e9s del deseo prohibido. Coraz\u00f3n latente de un Monterrey preferido mirar hacia el Cerro de la Silla, pero respira a trav\u00e9s de sus pulmones cansados, llenos de polvo de cemento y perfume barato.<br>La Alameda sigue ah\u00ed. Ma\u00f1ana, a las seis, las camionetas volver\u00e1n. Y el ciclo de la carne y el ladrillo comenzar\u00e1 de nuevo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gerson G\u00f3mezEl Alba: La subasta de los m\u00fasculos. La Alameda Central de Monterrey no es un jard\u00edn. Aduana de la supervivencia. 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