{"id":146348,"date":"2026-03-31T08:44:50","date_gmt":"2026-03-31T14:44:50","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/?p=146348"},"modified":"2026-03-31T08:45:23","modified_gmt":"2026-03-31T14:45:23","slug":"el-museo-del-vacio-con-vistas-al-mar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/2026\/03\/31\/el-museo-del-vacio-con-vistas-al-mar\/","title":{"rendered":"El museo del vac\u00edo con vistas al mar"},"content":{"rendered":"\n<p>Gerson G\u00f3mez<br>El insomnio del Vedado y la n\u00e1usea del buffet. Arribamos a La Habana cuando la madrugada todav\u00eda es un fetiche de sombras y el aire tiene ese espesor de humedad pegando la camisa al alma. No ven\u00edamos por el azul as\u00e9ptico de Varadero, ese no-lugar dise\u00f1ado para que el turista europeo olvide el mundo tiene cicatrices. Vinimos a instalarnos en el Saint John\u2019s, un edificio que sobrevive a la vuelta del Hotel Nacional como el pariente pobre y digno que a\u00fan conserva un traje de gala apolillado.<br>En el coraz\u00f3n de El Vedado, la modernidad l\u00edquida se siente, parad\u00f3jicamente, petrificada. Aqu\u00ed, el flujo de la historia no corre; se estanca en los baches de la calle 23. Al entrar al hotel, el buffet nos recibi\u00f3 con la violencia de lo simulado. Bandejas de una abundancia an\u00e9mica, carnes de procedencia metaf\u00edsica y un caf\u00e9 con sabor a resistencia soberana.<br>Cuba el vac\u00edo se sirve con arroz y frijoles negros. El est\u00f3mago, ese \u00f3rgano burgu\u00e9s y reaccionario, protest\u00f3 de inmediato. El mojito nocturno, m\u00e1s c\u00f3ctel, fue exorcismo de az\u00facar y ron barato para olvidar la comida corrida de los paladares, donde la langosta se ofrece con la naturalidad de un huevo frito. El \u00faltimo refugio del sabor dom\u00e9stico antes de todo se vuelva souvenir.<br>El fl\u00e2neur en el desierto. Caminar La Habana no es un ejercicio f\u00edsico, es lectura arqueol\u00f3gica. De El Vedado a La Habana Vieja, o el ascenso hacia la opulencia marchita de Miramar, el trayecto una coreograf\u00eda de la carencia. El peat\u00f3n cubano es especialista en la esperanza; nosotros, en cambio, \u00e9ramos especialistas en el cansancio. Cruzamos la ciudad como ideogramas de modernidad. Nunca termin\u00f3 de instalar el software. En Coppelia, la catedral del helado donde alguna vez el conflicto fue entre fresa y chocolate, la realidad nos aplic\u00f3 el rigor del racionamiento: &#8220;Solo hay chocolate, compa\u00f1ero&#8221;. La dicotom\u00eda cinematogr\u00e1fica de Guti\u00e9rrez Alea se resolvi\u00f3 en la unidad absoluta de la escasez. No hubo elecci\u00f3n, y en la era de la hiper-opci\u00f3n occidental, ese chocolate \u00fanico se sinti\u00f3 como una bofetada de honestidad brutal. El vac\u00edo no es la ausencia de cosas, es la ausencia de posibilidades.<br>El sue\u00f1o de la Tierra del Mal. En un rinc\u00f3n de esa ciudad se desmorona con elegancia, encontramos a los hermanos sefarditas. Los hijos de la di\u00e1spora so\u00f1ando con otra di\u00e1spora. Sus ojos no miraban al Muro de los Lamentos, sino hacia el Norte, hacia la tierra del mal, ese Estados Unidos es, al mismo tiempo, el Sat\u00e1n del discurso oficial y el Ed\u00e9n del consumo privado.<br>Fuimos su correo humano. Cargamos una misiva como quien transporta un secreto de Estado en un siglo donde no se cree en el papel. Al regresar a Monterrey, entregamos el mensaje a don Moishe Kailman en la colonia Vista Hermosa. El contraste fue un latigazo: de la penumbra vigilada de La Habana al orden higi\u00e9nico y empresarial de la capital regia. Dos mundos se ignoran, conectados por un papel doblado y la persistencia de una fe por encima de bloqueos econ\u00f3micos.<br>La dignidad de Mart\u00ed frente al circo de Trump. Cuba no necesita a los Estados Unidos, o eso dicta el dogma del decoro martiano. La dignidad no se come, dicen los c\u00ednicos en Miami.<br>La dignidad es lo \u00fanico para mantenerse en pie, responden los poetas en el Malec\u00f3n. Sin embargo, la sombra de Donald Trump, ese tirano naranja entendiendo la pol\u00edtica como un reality show de baja estofa, se alarga sobre la isla. Trump es el s\u00edntoma definitivo de la modernidad. Hombre hecho de ruido, de muros reales e imaginarios, insiste en hacer la guerra contra el mundo porque su ego no cabe en el mapa.<br>Mientras el emperador del twitter amenaza con cerrar los grifos del intercambio, el cubano de a pie sigue descifrando c\u00f3mo arreglar un motor de 1954 con un pedazo de alambre y pura voluntad metaf\u00edsica. Es la inteligencia del sobreviviente frente a la estupidez del opulento.<br>Terminamos en un cabaret, una semana despu\u00e9s de otros paisanos artistas pasaran por ah\u00ed dejando un rastro de aplausos f\u00e1ciles. Nosotros fuimos el cierre, el ep\u00edlogo de una funci\u00f3n interminable. Entre plumas de pavo real desgastadas y rumberas bailan con una precisi\u00f3n mec\u00e1nica, entendimos que La Habana es el escenario perfecto para estudiar el vac\u00edo contempor\u00e1neo<br>Todo es s\u00f3lido y se desvanece en el aire, pero aqu\u00ed, se desvanece es el futuro, dejando un presente eterno, polvoriento y extra\u00f1amente hermoso. Nos fuimos con el est\u00f3mago revuelto y la mente l\u00facida, sabiendo, a pesar del racionamiento de fresa, la dignidad sigue siendo el \u00fanico plato servido completo en esta isla negada a ser solo un parque de diversiones para la nostalgia ajena.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gerson G\u00f3mezEl insomnio del Vedado y la n\u00e1usea del buffet. Arribamos a La Habana cuando la madrugada todav\u00eda es un fetiche de sombras y el aire tiene ese espesor de humedad pegando la camisa al alma. 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