{"id":146444,"date":"2026-04-03T14:14:53","date_gmt":"2026-04-03T20:14:53","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/?p=146444"},"modified":"2026-04-03T14:16:02","modified_gmt":"2026-04-03T20:16:02","slug":"los-rehenes-del-espiritu","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/2026\/04\/03\/los-rehenes-del-espiritu\/","title":{"rendered":"Los rehenes del esp\u00edritu"},"content":{"rendered":"\n<p>Gerson G\u00f3mez<br>En nuestra adolescencia bautista, la fe no era una opci\u00f3n, era una geograf\u00eda. El campamento de Montemorelos. Un pedazo de tierra hostil. Los pastores vend\u00edan como antesala del Ed\u00e9n, pero ten\u00eda m\u00e1s en com\u00fan con un campo de reeducaci\u00f3n sovi\u00e9tico, solo con m\u00e1s guitarras ac\u00fasticas y menos calefacci\u00f3n.<br>El \u00fanico oasis era el arroyo &#8220;Encadenado&#8221;, una corriente an\u00e9mica donde los marranos se ba\u00f1aban con una paz budista, ajenos a que nosotros, los elegidos, est\u00e1bamos ah\u00ed para ser procesados como embutidos espirituales.<br>Los ministros eran artistas del chantaje metaf\u00edsico. Por la ma\u00f1ana, en los cursillos, nos hablaba de los mitos de la separaci\u00f3n, con la autoridad de quien ha visto a Satan\u00e1s escondido en un disco de Led Zeppelin.<br>Su misi\u00f3n quir\u00fargica. Extirparnos el mundo para injertarnos una paranoia sagrada. Nada de bailes, dec\u00eda, mientras sus ojos escaneaban las filas en busca de un roce de rodillas prohibido. Expertos en detectar el pecado. Aun desconoc\u00edamos c\u00f3mo deletrearlo.<br>Para ellos, la paz mundial no era un objetivo diplom\u00e1tico, sino un subproducto de nuestra obediencia. Si dej\u00e1bamos de escuchar rock, tal vez Dios detendr\u00eda las guerras. Bajo esa l\u00f3gica demente, el destino de la humanidad depend\u00eda de un pu\u00f1ado de pubertos en Montemorelos no se dieran un beso en el campo abierto.<br>Nos ordenaron construir lazos emocionales permanentes. Una trampa de ingenier\u00eda social. Obligados a amarnos por decreto, creando una hermandad de cart\u00f3n piedra. Se desmoronaba en cuanto cruz\u00e1bamos la avenida Eugenio Garza Sada. Esos lazos eran, en realidad, cadenas: si uno ca\u00eda en la &#8220;mundanalidad&#8221;, el resto deb\u00eda sentir el tir\u00f3n del reproche.<br>La testosterona, ese demonio no lee la Biblia, encontraba su escape en el f\u00fatbol r\u00e1pido. Las canchas de tierra eran el Coliseo de nuestra frustraci\u00f3n. Nos mol\u00edamos a patadas bajo el sol, buscando en el dolor f\u00edsico una tregua para el bombardeo moral. Luego, la ducha. Agua helada te devolv\u00eda la cordura a golpes de hipotermia. Era el bautismo diario de la realidad.<br>Recordatorio de, en el reino de los cielos, la comodidad es una tentaci\u00f3n del averno. La log\u00edstica del deseo se mov\u00eda en papelitos arrugados. El amigo secreto era la red de inteligencia m\u00e1s eficiente de Nuevo Le\u00f3n. Le gustas a\u2026<br>Esa frase ten\u00eda m\u00e1s poder a cualquier vers\u00edculo de Romanos. Nos arregl\u00e1bamos con una ansiedad pat\u00e9tica, intentando el desodorante disimulara el olor a polvo y a duda existencial. Todo para, en la velada del jueves, frente a la fogata, ese truco de pirotecnia emocional, el ministro lanzara la red definitiva.<br>A los doce a\u00f1os, con el humo ceg\u00e1ndonos y el sue\u00f1o pesando como plomo, nos ped\u00edan entreg\u00e1ramos la vida al Salvador. Pasar al frente un acto de hipnosis colectiva. Dec\u00edamos yo con la voz quebrada por el cambio de tono y la presi\u00f3n de grupo, firmando un contrato de exclusividad con la deidad.<br>Exig\u00eda todo y no promet\u00eda nada pudiera usarse en el mundo real. Vinculaci\u00f3n de juguete del sistema tratando como un pacto de sangre.<br>El viernes, los camiones nos devolvian a la realidad de la colonia Caracol. La transici\u00f3n un pu\u00f1etazo. Del misticismo de pacotilla de la sierra al ruido de los escapes de los camiones urbanos.<br>A las tres de la tarde, el culto de las siete palabras. Un marat\u00f3n de culpa y silencio donde la iron\u00eda alcanzaba su punto m\u00e1ximo.<br>Llor\u00e1bamos por la muerte de Dios mientras esper\u00e1bamos ansiosos dieran las seis para ir por unos tacos al pastor. Al menos eran reales y no requer\u00edan compromisos de tiempo completo.<br>El domingo de resurrecci\u00f3n, a las seis de la ma\u00f1ana, el &#8220;\u00a1\u00c9l vive!&#8221; sonaba a consigna de supervivencia. Est\u00e1bamos vivos, s\u00ed, pero con el alma llena de costras. Aquellos lazos emocionales permanentes terminaron siendo contactos perecederos a\u00f1os despu\u00e9s, o rostros borrosos en fotos color sepia<br>Al final, lo \u00fanico de Montemorelos fue la sospecha de la paz es un invento de quienes nunca debido ducharse con agua congelada mientras los ministros les gritan el mundo se va al carajo.<br>Los cerdos del arroyo Encadenado siempre tuvieron raz\u00f3n. La \u00fanica salvaci\u00f3n posible es hundirse en el lodo y dejar que el resto se pelee por el cielo.<br>A las cinco de la ma\u00f1ana, Monterrey no es la Ciudad de las Monta\u00f1as, es sucursal del purgatorio con olor a escape de microb\u00fas y humedad de alcantarilla. Ah\u00ed est\u00e1bamos, los sobrevivientes de Montemorelos, congregados en la edificaci\u00f3n de la colonia Caracol. Con las ojeras cargadas de una semana de santidad forzada y el traje dominguero que nos quedaba grande, herencia de un primo m\u00e1s piadoso o m\u00e1s gordo, nos dispon\u00edamos a celebrar el triunfo sobre la muerte con el entusiasmo de quien espera el cami\u00f3n para ir a la maquila.<br>\u00a1\u00c9l vive!\u201d, gritaba el ministro, cuya energ\u00eda a esa hora solo pod\u00eda explicarse por una intervenci\u00f3n divina o un exceso de caf\u00e9 soluble. \u201c\u00a1Vive!\u201d, respond\u00edamos nosotros en un eco an\u00e9mico, mientras el sol empezaba a lamer las paredes reci\u00e9n pintadas de blanco del templo. El humor negro de la escena era insuperable: celebr\u00e1bamos la victoria de la vida eterna en un barrio donde la esperanza de vida se med\u00eda por la frecuencia de los asaltos en la esquina.<br>Esa madrugada era el simulacro final. Si pod\u00edas aguantar un himnario completo antes de la apertura de los dep\u00f3sitos de cerveza, estabas listo para el mundo. Pero la realidad es nadie resucitaba.<br>Solo nos reactiv\u00e1bamos para la siguiente semana de mediocridad mundana. El rito era una coreograf\u00eda de la negaci\u00f3n. Fingir el sacrificio de un hombre hace dos mil a\u00f1os iba a arreglar el hecho del lunes deber\u00edamos volver a la secundaria a enfrentar a los amigos mundanales. Ellos hab\u00edan ido a la presa de la Boca a embriagarse.<br>Los de la fogata juraron servir de tiempo completo terminaron sirviendo mesas en Houston o atendiendo un call center donde el \u00fanico dios es la m\u00e9trica de ventas. Aquella pureza bautista se oxid\u00f3 m\u00e1s r\u00e1pido que los rines del Datsun de pap\u00e1.<br>La mayor\u00eda de esas se\u00f1oritas a las que les echamos el ojo bajo el amparo del arroyo Encadenado, hoy son avatares de Facebook. Comparten bendiciones en cadena o venden suplementos alimenticios por cat\u00e1logo. La red del ministro atrap\u00f3 a pocos; la mayor\u00eda saltamos por la borda en cuanto descubrimos el rock no te quemaba las orejas y el baile era una forma mucho m\u00e1s honesta de comunicaci\u00f3n a cualquier carta de amigo secreto.<br>El planeta se desmorona en guerras- Ning\u00fan culto de siete palabras pudo detener, aquellos d\u00edas en Montemorelos se sienten como un mal viaje de \u00e1cido espiritual. La paz era un producto defectuoso, estafa piramidal donde la inversi\u00f3n era nuestra infancia y el dividendo era una culpa perpetua.<br>Miramos atr\u00e1s con una nostalgia c\u00ednica. No extra\u00f1amos a Dios, extra\u00f1amos levantar la mano en una fogata pod\u00eda detener el apocalipsis. El mundo se est\u00e1 yendo al carajo, s\u00ed, pero al menos ya no nos ba\u00f1arnos con agua congelada para demostrar que somos dignos de una salvaci\u00f3n.<br>Nos queda el consuelo de los cerdos de Montemorelos. Ellos siguen ah\u00ed, en el lodo del arroyo Encadenado, ignorando el domingo el Salvador resucit\u00f3. En su displicencia porcina, son los \u00fanicos realmente entendieron el valor de la paz: no es un servicio a las seis de la ma\u00f1ana. Es tener suficiente lodo para cubrirse la piel mientras el resto del mundo busca un cielo siempre vac\u00edo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gerson G\u00f3mezEn nuestra adolescencia bautista, la fe no era una opci\u00f3n, era una geograf\u00eda. El campamento de Montemorelos. Un pedazo de tierra hostil. 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