{"id":146847,"date":"2026-04-20T05:27:53","date_gmt":"2026-04-20T11:27:53","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/?p=146847"},"modified":"2026-04-20T05:28:28","modified_gmt":"2026-04-20T11:28:28","slug":"aire-soy-al-aire-del-viento-no","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/2026\/04\/20\/aire-soy-al-aire-del-viento-no\/","title":{"rendered":"Aire soy al Aire, del viento no"},"content":{"rendered":"\n<p>Gerson G\u00f3mez<br>Fue el mejor secreto guardado. Lo decidieron usar una noche antes. Destruir la glorieta del llamado \u201c\u00c1ngel de la Independencia\u201d regiomontano amaneci\u00f3 con ese sol indecente: acusa. En Monterrey, la luz no cae, interroga. Y ese d\u00eda parec\u00eda preguntar \u2014con la persistencia de un cobrador, a quien demonios se hab\u00eda hecho con cincuenta millones de pesos para terminar, meses despu\u00e9s, en una demolici\u00f3n ceremonial, ten\u00eda m\u00e1s de exorcismo, a obra p\u00fablica.<br>Porque eso fue: un exorcismo. Uno caro, burocr\u00e1tico, con casco blanco y discurso institucional.<br>La glorieta, durante meses fue vendida como una reinterpretaci\u00f3n simb\u00f3lica del Arco del Triunfo y una especie de eco tropical de la Tumba del Soldado Desconocido, nunca logr\u00f3 decidir si era monumento, escenograf\u00eda o error de c\u00e1lculo. Un h\u00edbrido, como esos animales mitol\u00f3gicos. Nadie recuerda con claridad pero todos juran haber visto en una pesadilla presupuestaria.<br>Cincuenta millones de pesos. La cifra flota en el aire como una mosca persistente. Nadie la dice en voz alta sin bajar el volumen, como si el n\u00famero pudiera ofenderse y exigir comprobantes.<br>La maquinaria ya estaba ah\u00ed, estacionada con esa paciencia ominosa de los instrumentos dise\u00f1ados para borrar. Obreros con chalecos fosforescentes, funcionarios con gafas oscuras, asesores con tel\u00e9fonos en la mano como si estuvieran esperando instrucciones del m\u00e1s all\u00e1. Y, por supuesto, los curiosos: esa fauna urbana se alimenta de cualquier espect\u00e1culo gratuito, sobre todo si incluye destrucci\u00f3n.<br>La glorieta, en su breve vida, hab\u00eda sido todo menos lo pretendido. Fue fondo de selfies, punto de referencia impreciso, tema de conversaci\u00f3n en sobremesas donde el sarcasmo circula mejor al vino. Parece de Las Vegas, pero sin el presupuesto, dijo alguien alguna vez. Nadie lo contradijo.<br>Y entonces apareci\u00f3 \u00e9l.<br>Adri\u00e1n de la Garza lleg\u00f3 con un martillo. No uno simb\u00f3lico, no uno peque\u00f1o para la foto. Un martillo de verdad. Pesado, contundente, innecesariamente dram\u00e1tico. El tipo de herramienta, en otras circunstancias, uno asociar\u00eda con la demolici\u00f3n de certezas o la construcci\u00f3n de narrativas, pero aqu\u00ed serv\u00eda para algo m\u00e1s sencillo: golpear piedra cara.<br>Lo acompa\u00f1aba su s\u00e9quito. Funcionarios, asesores, operadores pol\u00edticos, todos orbitando alrededor de su figura como si el acto de romper concreto tuviera implicaciones c\u00f3smicas. Entre ellos, Melissa Segura y Alejandro Rodr\u00edguez, rostros en otro contexto podr\u00edan haber estado inaugurando exposiciones o hablando de identidad cultural, pero ahora asist\u00edan \u2014con dignidad institucional\u2014 a la autopsia de un monumento que a\u00fan no terminaba de enfriarse.<br>El alcalde levant\u00f3 el martillo.<br>Hubo un silencio breve, casi respetuoso. Como si todos entendieran estaban presenciando un momento hist\u00f3rico o, al menos, algo quien intentar\u00eda vender como tal.<\/p>\n\n\n\n<p>El golpe cay\u00f3.<br>No fue \u00e9pico. No fue cinematogr\u00e1fico. Fue torpe, humano, ligeramente inc\u00f3modo. El martillo impact\u00f3 la superficie con un sonido seco, poco espectacular. No hubo grietas inmediatas, no hubo revelaciones. Solo un golpe. Uno m\u00e1s.<br>Pero eso bast\u00f3.<br>Las c\u00e1maras captaron el momento. Los fot\u00f3grafos dispararon r\u00e1fagas como si documentaran una guerra menor. El acto estaba consumado: el alcalde hab\u00eda iniciado la destrucci\u00f3n, meses antes, su propia administraci\u00f3n jam\u00e1s hab\u00eda ayudado a justificar.<br>El resto ya era tr\u00e1mite.<br>Las m\u00e1quinas comenzaron su trabajo con la eficiencia impersonal de quienes no tienen explicaci\u00f3n de nada. El concreto ced\u00eda sin drama, como si supiera nunca tuvo raz\u00f3n de ser. Fragmentos ca\u00edan, polvo se levantaba, la glorieta empezaba a deshacerse en partes m\u00e1s honestas: escombros.<\/p>\n\n\n\n<p>Observ\u00e9 la escena con la distancia solo permite el cinismo bien entrenado. Porque aqu\u00ed no hab\u00eda tragedia. Hab\u00eda iron\u00eda. Una iron\u00eda cara, documentada, institucionalizada.<br>Cincuenta millones para construir algo sin convencimiento.<br>Cincuenta millones para luego destruirlo.<br>Un ciclo perfecto. Un sistema cerrado. Una coreograf\u00eda de recursos p\u00fablicos vista desde cierta perspectiva, ten\u00eda la elegancia de un mal chiste contado con demasiada seriedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Escuch\u00e9 conversaciones a mi alrededor.<br>\u201cEra necesario\u201d, dec\u00eda alguien. \u201cSe va a hacer algo mejor\u201d, aseguraba otro. \u201cEs parte de un proyecto m\u00e1s grande\u201d, conclu\u00eda un tercero, con esa fe solo tienen quienes no pagan directamente las decisiones.<br>Las palabras flotaban, huecas, intercambiables. Podr\u00edan haber sido dichas en cualquier otro contexto, sobre cualquier otra obra. Porque en el fondo no importaba la glorieta. Importaba el relato. Y era claro: corregir, avanzar, transformar. Palabras, en Monterrey, suelen significar gastar dos veces.<br>Mir\u00e9 de nuevo al alcalde. Adri\u00e1n de la Garza no parec\u00eda inc\u00f3modo. Al contrario. Hab\u00eda en su postura una seguridad solo se obtiene cuando uno entiende la pol\u00edtica no se trata de coherencia sino de oportunidad. Hoy se destruye lo de, ma\u00f1ana se inaugurar\u00e1 algo nuevo, y as\u00ed sucesivamente, en un loop no busca soluciones sino permanencia.<br>Porque, al final, esto no era sobre una glorieta. Era sobre poder.<br>Sobre la posibilidad \u2014cada vez m\u00e1s cercana, seg\u00fan sus propios c\u00e1lculos\u2014 de suceder a Samuel Garc\u00eda. Sobre ocupar un lugar m\u00e1s alto en esa pir\u00e1mide donde las decisiones cuestan millones y las consecuencias se diluyen en comunicados de prensa.<br>Y en esa misma ecuaci\u00f3n aparec\u00eda, inevitablemente, Mariana Rodr\u00edguez. Presencia ausente, sombra constante, recordatorio de en esta ciudad la pol\u00edtica y el espect\u00e1culo ya no son disciplinas separadas sino g\u00e9neros h\u00edbridos. Ella, ya hab\u00eda probado el sabor amargo de una derrota electoral, flotaba en el ambiente como una advertencia o una promesa, dependiendo del \u00e1ngulo.<br>La demolici\u00f3n continuaba.<br>Cada golpe de la maquinaria era una peque\u00f1a confesi\u00f3n. Un reconocimiento t\u00e1cito de algo hab\u00eda fallado. Pero en lugar de asumirlo como error, se convert\u00eda en acto de renovaci\u00f3n. Porque en la narrativa oficial no hay equivocaciones, solo etapas.<br>Melissa Segura observaba con atenci\u00f3n. Hab\u00eda en su expresi\u00f3n algo dif\u00edcil de descifrar. Tal vez c\u00e1lculo, tal vez resignaci\u00f3n, tal vez esa mezcla inc\u00f3moda surge cuando la cultura se ve obligada a convivir con la pol\u00edtica en su versi\u00f3n m\u00e1s cruda. \u00bfC\u00f3mo se justifica una obra nace para ser demolida? \u00bfC\u00f3mo se traduce eso en t\u00e9rminos de identidad, de patrimonio, de memoria?<br>No hay respuesta f\u00e1cil.<br>Alejandro Rodr\u00edguez, por su parte, manten\u00eda esa compostura administrativa convierte cualquier desastre en un procedimiento. Porque si algo sabe hacer la burocracia es sobrevivir a sus propias decisiones.<br>El polvo comenzaba a cubrirlo todo. La glorieta, alguna vez aspir\u00f3 a ser s\u00edmbolo, se convert\u00eda en una nube gris no representaba nada excepto su propia desaparici\u00f3n.<br>Pens\u00e9 en Par\u00eds. En el Arco del Triunfo, en su peso hist\u00f3rico, en su permanencia. Pens\u00e9 en la Tumba del Soldado Desconocido, en la solemnidad de su flama eterna. Y luego volv\u00ed a Monterrey, a esta versi\u00f3n acelerada, tropicalizada, donde los s\u00edmbolos se construyen con prisa y se destruyen con a\u00fan m\u00e1s prisa.<\/p>\n\n\n\n<p>La comparaci\u00f3n era, desde el inicio, absurda. Y, sin embargo, ah\u00ed estaba. Convertida en concreto, en presupuesto, en discurso.<br>La gente segu\u00eda llegando. Algunos grababan con sus tel\u00e9fonos, otros comentaban en voz alta, otros simplemente miraban. Hab\u00eda algo hipn\u00f3tico en ver caer algo, en teor\u00eda, deb\u00eda durar.<br>Un ni\u00f1o pregunt\u00f3 por qu\u00e9 lo estaban rompiendo.<br>Nadie le respondi\u00f3 con claridad. Porque la respuesta real, se equivocaron, gastaron demasiado, ahora intentan corregirlo sin admitirlo, no cabe en una explicaci\u00f3n sencilla. Es m\u00e1s f\u00e1cil decir se est\u00e1 mejorando.<br>Siempre se est\u00e1 mejorando. Siempre se est\u00e1 corrigiendo. Siempre se est\u00e1 avanzando hacia algo que nunca termina de llegar. La glorieta ya era irreconocible. Lo quedado era un mont\u00f3n de fragmentos sin narrativa. Y, sin embargo, en ese estado era m\u00e1s honesta. Porque ya no pretend\u00eda ser s\u00edmbolo de nada.<br>Solo era lo que era: restos.<br>El acto oficial termin\u00f3 sin ceremonia. No hubo corte de list\u00f3n, no hubo aplausos. Solo el ruido constante de la maquinaria y la dispersi\u00f3n gradual de la gente. El espect\u00e1culo hab\u00eda cumplido su funci\u00f3n. Me qued\u00e9 un rato m\u00e1s.<br>Observando c\u00f3mo el espacio se vaciaba, c\u00f3mo el polvo se asentaba, c\u00f3mo la ciudad retomaba su ritmo indiferente. Porque Monterrey tiene esa capacidad: absorberlo todo, procesarlo r\u00e1pido, seguir adelante como si nada hubiera pasado.<br>Pero algo s\u00ed hab\u00eda pasado.<br>Cincuenta millones de pesos hab\u00edan sido transformados en una lecci\u00f3n. No necesariamente aprendida, pero s\u00ed visible. Una lecci\u00f3n sobre la velocidad con la se toman decisiones, sobre la facilidad con la se justifican, sobre la rapidez con la se olvidan.<br>Sal\u00ed de la glorieta \u2014o de lo quedado de ella\u2014 con esa sensaci\u00f3n familiar: la de haber sido testigo de algo que, en otro contexto, ser\u00eda escandaloso, pero aqu\u00ed se integra con naturalidad al paisaje.<br>Porque en Monterrey, la normalidad incluye estas escenas.<br>La destrucci\u00f3n de lo reci\u00e9n construido. La celebraci\u00f3n de lo ef\u00edmero. La inversi\u00f3n en s\u00edmbolos que no resisten el tiempo ni la cr\u00edtica. Y, por supuesto, la narrativa que lo sostiene todo.<br>Esa narrativa convierte errores en estrategias, gastos en inversiones, demoliciones en oportunidades.<br>Esa narrativa permite que un alcalde levante un martillo y golpee la obra de su antecesor sin nadie, realmente, se sorprenda.<br>Camin\u00e9 un poco m\u00e1s, alej\u00e1ndome del ruido. Pens\u00e9 en la palabra \u201cindependencia\u201d. En lo significado, en lo que implica. Y en c\u00f3mo, en este caso, hab\u00eda sido reducida a una estructura no logr\u00f3 sostenerse ni f\u00edsica ni simb\u00f3licamente.<br>Tal vez esa es la lecci\u00f3n m\u00e1s honesta de todo esto. Que no todo lo que se construye merece permanecer. no todo lo inaugurarse merece celebrarse. No todo lo que se destruye merece ser olvidado. Pero tambi\u00e9n, en este sistema, la memoria es corta y el presupuesto es largo. As\u00ed, entre escombros y discursos, Monterrey sigui\u00f3 adelante.<br>Como siempre. Con la certeza \u2014o la sospecha\u2014 de lo pr\u00f3ximo ya est\u00e1 en camino.<br>Probablemente m\u00e1s caro. Probablemente m\u00e1s ambicioso. Probablemente destinado al mismo final. Y ah\u00ed estaremos. Mirando. Anotando. Sonriendo con ese cinismo. Ya no es defensa, sino costumbre. Porque alguien debe contar la historia. Aunque la historia, como la glorieta, no termine de sostenerse por s\u00ed sola.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gerson G\u00f3mezFue el mejor secreto guardado. Lo decidieron usar una noche antes. Destruir la glorieta del llamado \u201c\u00c1ngel de la Independencia\u201d regiomontano amaneci\u00f3 con ese sol indecente: acusa. En Monterrey, la luz no cae, interroga. 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