{"id":147389,"date":"2026-05-04T08:29:26","date_gmt":"2026-05-04T14:29:26","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/?p=147389"},"modified":"2026-05-04T08:32:49","modified_gmt":"2026-05-04T14:32:49","slug":"147389","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/2026\/05\/04\/147389\/","title":{"rendered":"Cayeron diez y ninguno mexicano"},"content":{"rendered":"\n<p>Gerson G\u00f3mez<br>En Puebla, el cielo amaneci\u00f3 con ese tono indeciso entre fiesta y tragedia que tanto le gusta a la historia cuando planea hacer de las suyas.<br>5 de mayo de 1862, pero tambi\u00e9n parec\u00eda domingo de mercado: olor a pan, a tierra h\u00fameda y a algo m\u00e1s.<br>Quiz\u00e1 orgullo inflado o miedo disimulado. Nadie lo sab\u00eda con certeza, pero ese d\u00eda se escribir\u00eda una cr\u00f3nica, con los a\u00f1os, sonar\u00eda m\u00e1s a corrido a parte militar.<br>Dicen cayeron diez y ninguno mexicanos. As\u00ed, con ese descaro s\u00f3lo la iron\u00eda permite. Porque en realidad s\u00ed cayeron mexicanos, pero la frase se qued\u00f3 flotando como un mariachi desafinado: incorrecta, pero pegajosa.<br>Mejor forma de contar una batalla, mintiendo un poco, exagerando otro tanto y ri\u00e9ndose en la cara del enemigo con elegancia de cantina.<br>Francia hab\u00eda llegado con su aire de superioridad europea, como quien entra a una panader\u00eda y pide pan franc\u00e9s en un pa\u00eds donde el bolillo ya es religi\u00f3n. Ven\u00edan bien vestidos, bien armados, bien convencidos de aquello ser\u00eda un paseo militar. Despu\u00e9s de todo, no era la primera vez de meter la cuchara en M\u00e9xico.<br>Ah\u00ed estaba el recuerdo de la Guerra de los Pasteles, ese glorioso episodio donde un pastelero franc\u00e9s logr\u00f3 m\u00e1s diplomacia a varios embajadores juntos. Todo por unos postres mal pagados. La historia internacional, como siempre, escrita entre lo absurdo y lo conveniente.<br>Los franceses marchaban con disciplina, como si cada paso estuviera coreografiado por una orquesta invisible. Si uno afinaba el o\u00eddo, casi pod\u00eda escuchar un vals lejano, elegante, refinado.<br>Completamente fuera de lugar entre el polvo y los cerros de Puebla. Del otro lado, los mexicanos no ten\u00edan vals, pero ten\u00edan algo mejor: ruido. Mucho ruido. Trompetas improvisadas, gritos, tambores, no siempre iban a tiempo.<br>La promesa eterna del mariachi, aunque en ese momento todav\u00eda no existiera como lo conocemos hoy. El esp\u00edritu ya estaba ah\u00ed: desafiante, sentimental y ligeramente borracho de patriotismo.<br>Ignacio Zaragoza, con m\u00e1s fe a recursos, miraba a sus hombres como quien mira a un grupo de amigos antes de meterse en problemas. No eran el ej\u00e9rcito m\u00e1s temible del mundo, pero ten\u00edan algo. A los franceses les faltaba: la terquedad. Esa cualidad tan mexicana de decir \u201cno se puede\u201d y responder \u201cahorita vemos\u201d.<br>Los cerros de Loreto y Guadalupe se convirtieron en escenario y testigos. Ah\u00ed se acomodaron los mexicanos, no con la precisi\u00f3n de un ingeniero europeo, sino con la intuici\u00f3n de quien conoce su tierra como la palma de su mano. Mientras tanto, los franceses avanzaban confiados, como si ya estuvieran redactando el telegrama de victoria.<br>El primer choque no fue s\u00f3lo de armas, sino de egos. Francia, potencia mundial, contra M\u00e9xico, pa\u00eds joven, endeudado y con m\u00e1s problemas internos a una familia en cena navide\u00f1a. Sobre el papel, no hab\u00eda competencia. Pero la historia rara vez se gu\u00eda por el papel; prefiere el drama.<br>Entonces empez\u00f3 el baile.<br>Porque s\u00ed, fue un zapateo. Desordenado, violento, pero con ritmo. Disparos como notas agudas, ca\u00f1ones como percusi\u00f3n, gritos como coros improvisados. Si alguien hubiera tenido la osad\u00eda de dirigir aquello como una sinfon\u00eda, habr\u00eda terminado loco o poeta.<br>Los franceses atacaban una y otra vez, convencidos de la victoria era cuesti\u00f3n de insistencia. Los mexicanos resist\u00edan, retroced\u00edan, volv\u00edan a avanzar, como si estuvieran jugando una versi\u00f3n mortal de \u201cah\u00ed te voy\u201d.<br>Entre ataque y ataque, uno podr\u00eda imaginar a alg\u00fan soldado pensando en comida: en un pedazo de pan franc\u00e9s, tal vez, o en un taco jam\u00e1s ser\u00eda reconocido por la gastronom\u00eda parisina.<br>La lluvia apareci\u00f3 como invitada inoportuna, embarrando el terreno, complicando las maniobras y d\u00e1ndole a todo un aire m\u00e1s miserable. La guerra, cuando se moja, pierde cualquier pretensi\u00f3n de gloria y se convierte en caos.<br>Para cuando los franceses empezaron a entender, aquello no era un paseo, ya era tarde. La moral, esa cosa invisible pero decisiva, empez\u00f3 a inclinarse. Y los mexicanos, con esa extra\u00f1a mezcla de desesperaci\u00f3n y orgullo, aprovecharon el momento. No fue una victoria elegante. No hubo coreograf\u00edas perfectas ni discursos grandilocuentes en medio del combate. Fue, m\u00e1s bien el pensamiento colectivo termin\u00f3 saliendo sorprendentemente bien.<br>Al final del d\u00eda, Francia retrocedi\u00f3. M\u00e9xico resisti\u00f3. La historia, siempre amante del sarcasmo, decidi\u00f3 convertir aquello en s\u00edmbolo.<br>La intervenci\u00f3n francesa continuar\u00eda, el Imperio de Maximiliano vendr\u00eda despu\u00e9s, y la realidad ser\u00eda mucho m\u00e1s compleja a un simple triunfo. Pero el 5 de mayo qued\u00f3 ah\u00ed, como una especie de chiste interno entre mexicanos: \u201c\u00bfTe acuerdas cuando le ganamos a Francia?\u201d.<br>Con los a\u00f1os, la batalla se volvi\u00f3 fiesta. Mariachis, comida, desfiles, discursos que repiten lo mismo con distintas palabras. Y en alg\u00fan rinc\u00f3n del mundo, quiz\u00e1 en Francia, alguien se encoge de hombros y piensa no fue para tanto. Despu\u00e9s de todo, tienen otras glorias que presumir, incluso en el f\u00fatbol, donde su selecci\u00f3n ha sabido levantar copas con la misma elegancia de sus soldados creyeron que conquistar\u00edan M\u00e9xico.<br>Pero aqu\u00ed, en este lado del Atl\u00e1ntico, la historia se cuenta distinto. Se cuenta con risas, con exageraciones, con ese toque de humor negro. Permite sobrevivir incluso a las derrotas. Porque s\u00ed, cayeron m\u00e1s de diez. Y s\u00ed, muchos eran mexicanos. Pero decir \u201ccayeron diez y ninguno mexicanos\u201d es una forma de vengarse con palabras, de torcer la realidad hasta sonar mejor.<br>Entre pan franc\u00e9s ya mexicano, mariachis cantan victorias improbables y recuerdos de guerras absurdas por pasteles, el 5 de mayo sigue vivo.<br>No como una lecci\u00f3n perfecta de historia, sino como una an\u00e9cdota brillante: la vez un ej\u00e9rcito improbable le dijo no a una potencia mundial. Por un momento, el mundo debio escuchar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gerson G\u00f3mezEn Puebla, el cielo amaneci\u00f3 con ese tono indeciso entre fiesta y tragedia que tanto le gusta a la historia cuando planea hacer de las suyas.5 de mayo de 1862, pero tambi\u00e9n parec\u00eda domingo de mercado: olor a pan, a tierra h\u00fameda y a algo m\u00e1s.Quiz\u00e1 orgullo inflado o miedo disimulado. 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