{"id":147468,"date":"2026-05-06T05:37:08","date_gmt":"2026-05-06T11:37:08","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/?p=147468"},"modified":"2026-05-06T05:41:39","modified_gmt":"2026-05-06T11:41:39","slug":"un-norte-eterno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/2026\/05\/06\/un-norte-eterno\/","title":{"rendered":"Un norte eterno"},"content":{"rendered":"\n<p>Gerson G\u00f3mez<br>Hay libros para ser le\u00eddos con la disciplina de quien abre un archivo hist\u00f3rico<br>Otros se degustan como si fueran el men\u00fa secreto de un club al cual uno nunca ser\u00e1 invitado.<br>Los due\u00f1os del norte, de Roberta Garza, pertenece \u2014para fortuna de los voyeurs sociales\u2014 a esa segunda categor\u00eda.<br>No porque sea ligero, sino porque su materia prima es el privilegio, ese perfume caro, incluso cuando pretende evaporarse, deja rastro en cada p\u00e1gina.<br>El debido respeto a su filo\u2014 es caminata por las avenidas privadas del poder regio. Hay portones, se abren solos. Hay apellidos pesando m\u00e1s a las leyes, y hay una narrativa, sin pedir permiso, nos deja asomarnos a la sala climatizada donde se decide el destino de una ciudad presumida de industrial y meritocr\u00e1tica, aunque su \u00e1rbol geneal\u00f3gico diga otra cosa. Hijos no reconocidos. Deudas. Homicidios. Desapariciones. Prebendas del centroamericano de origen, general Bernardo Reyes, en el fin del siglo 19 y principios del 20.<br>Garza no escribe con el resentimiento del excluido ni con la devoci\u00f3n del iniciado. Cart\u00f3grafa de esa zona difusa donde el dinero se convierte en tradici\u00f3n y la rutina en derecho divino.<br>Sus personajes \u2014empresarios, herederos, ejecutivos con apellido compuesto y sonrisa de consejo administrativo\u2014 habitan un ecosistema tan cerrado que el ox\u00edgeno se recicla entre ellos mismos.<br>Mencionan la ciudad como si la conocieran m\u00e1s all\u00e1 del parabrisas polarizado.<br>Los due\u00f1os del norte son tambi\u00e9n, en buena medida, los due\u00f1os de su propio relato. Se cuentan a s\u00ed mismos como h\u00e9roes de una \u00e9pica industrial, pioneros levantaron f\u00e1bricas donde antes hab\u00eda polvo.<br>Algo de eso hay. Pero entre la \u00e9pica y la hoja de balance se filtra una verdad menos fotog\u00e9nica.<br>Las redes de poder no se heredan s\u00f3lo en acciones, tambi\u00e9n en silencios, en complicidades, en esa manera tan elegante de llamar tradici\u00f3n. Otros llamar\u00edan ventaja estructural.<br>El traje azul marino nunca falla, el reloj suizo mide el tiempo de otros, el club de golf donde se negocia lo oculto en las actas. Hay una idealizaci\u00f3n casi involuntaria \u2014o tal vez muy consciente\u2014 del whitemexican.<br>Ese personaje parece vivir en una versi\u00f3n mejor iluminada del pa\u00eds, donde los problemas llegan filtrados y con cita previa. No es una idealizaci\u00f3n ingenua; es bien un espejo deformante. Exagera los rasgos hasta volverlos evidentes.<br>Porque, al final, Garza documenta una forma de poder. Se percibe a s\u00ed misma como natural.<br>Esa mezcla de fascinaci\u00f3n y distancia, como quien entra a una casa ajena y no puede evitar comentar la decoraci\u00f3n.<br>Hay algo de amarillismo, s\u00ed, en la forma en que se resaltan los excesos, las an\u00e9cdotas de pasillo, los nombres abren puertas. Ser\u00eda contradictorio negarlo: el lector quiere eso. Quiere saber c\u00f3mo viven. Quienes gozan de la abundancia.<br>Las universidades privadas funcionan como semilleros de \u00e9lite, las fundaciones que reparten filantrop\u00eda con la misma l\u00f3gica se distribuyen los dividendos, las cenas donde la pol\u00edtica es invitado inc\u00f3modo pero inevitable. Todo est\u00e1 narrado con pulso, evita la denuncia frontal, tampoco cae en la complacencia. Es equilibrio dif\u00edcil: se\u00f1alar sin moralizar, mostrar sin absolver.<br>En ese sentido, Los due\u00f1os del norte funciona como una radiograf\u00eda sin anestesia. No porque revele secretos inconfesables \u2014mucho de lo narrado es, en el fondo, un secreto a voces\u2014 sino porque organiza la informaci\u00f3n de tal manera, resulta imposible no ver el patr\u00f3n.<br>Las familias se repiten, los nombres se entrelazan, los proyectos se heredan. La ciudad crece, s\u00ed, pero el poder parece moverse en c\u00edrculos conc\u00e9ntricos cada vez m\u00e1s estrechos.<br>\u00bf significa realmente ser due\u00f1o de un territorio? \u00bfEs una cuesti\u00f3n de capital, de influencia, de narrativa? En Monterrey \u2014aunque nadie lo diga en voz alta durante el brindis\u2014 ser due\u00f1o implica una mezcla de todo eso. Implica poder decidir si construye, d\u00f3nde y para qui\u00e9n. Implica, tambi\u00e9n, definir historias se cuentan sobre la ciudad y cu\u00e1les se quedan en la periferia, esperando una cr\u00f3nica sin final feliz.<br>La luz del norte, de la terquedad del desierto, de la voluntad de hierro convirti\u00f3 a la regi\u00f3n en motor econ\u00f3mico. Uno entiende la tentaci\u00f3n: es dif\u00edcil no admirar cierta disciplina, cierta capacidad de organizaci\u00f3n, comparada con el caos de otras latitudes, parece virtud c\u00edvica.<br>Inmediatamente despu\u00e9s, el texto regresa al filo: \u00bfCu\u00e1nto cost\u00f3 esa eficiencia? \u00bfQui\u00e9nes quedaron fuera de la foto oficial?<br>El sarcasmo reaparece cuando se describen los rituales de pertenencia. No basta con tener dinero; hay que saber usarlo correctamente.<br>Hay c\u00f3digos, hay formas, hay una est\u00e9tica del \u00e9xito se aprende desde la cuna. El \u201cwhitemexican\u201d no es s\u00f3lo una categor\u00eda econ\u00f3mica, es un estilo de vida cuidadosamente curado.<br>Todos en alg\u00fan momento, hemos aspirado \u2014aunque sea por un segundo\u2014 a ese mundo donde todo parece m\u00e1s f\u00e1cil.<br>El amarillismo, por su parte, cumple su funci\u00f3n: atraer, seducir, mantener al lector pasando p\u00e1ginas.<br>Hay nombres brillando, historias se cuentan con un gui\u00f1o c\u00f3mplice, escenas parecen sacadas de una serie de televisi\u00f3n sobre ricos poderosos. Pero debajo de esa capa hay una estructura s\u00f3lida de investigaci\u00f3n, un trabajo de archivo y entrevistas sostiene el edificio narrativo. No es puro espect\u00e1culo; es entretenimiento con fundamento.<br>La admiraci\u00f3n \u2014quiz\u00e1 inevitable\u2014 por un grupo. Ha sabido consolidar su poder a lo largo de generaciones. Por otro, la incomodidad de reconocer ese mismo poder limita, condiciona, define el margen de maniobra de quienes est\u00e1n fuera de su c\u00edrculo.<br>Garza no ofrece soluciones, ni el lector las exige. Ambos se conforman \u2014y no es poco\u2014 con poner el tema sobre la mesa.<br>Los due\u00f1os de la temperatura del debate p\u00fablico. Deciden cu\u00e1ndo hace calor y cu\u00e1ndo conviene enfriar la conversaci\u00f3n. La ciudad sigue creciendo, multiplicando sus contrastes, ampliando la distancia entre quienes habitan el centro del poder y quienes apenas lo rozan.<br>Leer Los due\u00f1os del norte en \u00faltima instancia, un ejercicio de honestidad inc\u00f3moda. Nos obliga a mirar de frente una realidad. Muchas veces preferimos narrar en clave de \u00e9xito colectivo. Nos recuerda, detr\u00e1s de cada historia de prosperidad, hay estructuras sosteniendo y la reproducen.<br>Ahi radica su mayor m\u00e9rito: no en denunciar ni en glorificar, sino en mostrar. A veces, para entender un lugar, basta con observar qui\u00e9nes dicen ser sus due\u00f1os y qui\u00e9nes, en silencio, pagan la renta de esa ilusi\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gerson G\u00f3mezHay libros para ser le\u00eddos con la disciplina de quien abre un archivo hist\u00f3ricoOtros se degustan como si fueran el men\u00fa secreto de un club al cual uno nunca ser\u00e1 invitado.Los due\u00f1os del norte, de Roberta Garza, pertenece \u2014para fortuna de los voyeurs sociales\u2014 a esa segunda categor\u00eda.No porque sea ligero, sino porque su [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":147472,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":true,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11,14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/147468"}],"collection":[{"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=147468"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/147468\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":147469,"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/147468\/revisions\/147469"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/147472"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=147468"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=147468"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=147468"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}