{"id":149550,"date":"2026-06-25T10:22:11","date_gmt":"2026-06-25T16:22:11","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/?p=149550"},"modified":"2026-06-25T10:22:41","modified_gmt":"2026-06-25T16:22:41","slug":"por-quien-doblan-las-campanas-en-samuelandia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/2026\/06\/25\/por-quien-doblan-las-campanas-en-samuelandia\/","title":{"rendered":"Por qui\u00e9n doblan las campanas en Samuelandia"},"content":{"rendered":"\n<p>Gerson G\u00f3mez<br>Han bajado las cortinas. Permanece la m\u00fasica en silencio.<br>Los malquerientes afirman la culpa pertenece a la FIFA. Resulta sencillo encontrar culpables cuando sobra tiempo libre y falta cerveza fr\u00eda. La sentencia circula entre mesas vac\u00edas, banquetas despintadas y recuerdos con olor a perfume barato.<br>Col\u00f3n esquina con Colegio Civil.<br>Territorio de leyendas urbanas. Santuario del exceso. Rep\u00fablica independiente del ligue regiomontano.<br>Oreja planchada. Panza relumbrosa. Bigote ca\u00eddo. Camisas abiertas hasta donde la prudencia renuncia. Hombres buscando pareja. Mujeres en celo. El espect\u00e1culo de las comunas. La tribu LGBT Plus. La fauna nocturna completa desfilando bajo luces moradas, rojas y azules.<br>Durante d\u00e9cadas nadie pregunt\u00f3 demasiado. Todos sab\u00edan. Nadie hablaba. La doble moral siempre encontr\u00f3 estacionamiento cercano.<br>En aquellos salones convivieron obreros, funcionarios, estudiantes, comerciantes, artistas de ocasi\u00f3n, pol\u00edticos de cl\u00f3set, empresarios devotos cada domingo y pecadores profesionales cada viernes.<br>El Wateke. El Jard\u00edn.<br>Nombres capaces de provocar sonrisas o muecas, seg\u00fan la cantidad de secretos almacenados en la memoria.<br>Las p\u00e1ginas policiacas encontraron material abundante. Un asesinato en plena pista de baile. Balaceras afuera. Ajustes de cuentas. Pleitos sentimentales. Celos convertidos en p\u00f3lvora. Patrullas iluminando madrugadas.<br>Peritos recogiendo indicios mientras sonaba todav\u00eda alg\u00fan \u00e9xito tropical desde bocinas sobrevivientes.<br>La noche regiomontana jam\u00e1s necesit\u00f3 escritores de ficci\u00f3n. La realidad produc\u00eda argumentos suficientes.<br>En aquellos territorios floreci\u00f3 una comunidad completa. Amistades. Amores. Encuentros clandestinos. Despedidas. Reconciliaciones. Promesas imposibles.<br>Banderas del arco\u00edris antes del arco\u00edris corporativo. Mucho antes del patrocinio elegante. Antes del discurso institucional. Antes del selfie comprometido.<br>Cerveza. Ligue. Hoteles de paso. Comunidad.<br>Palabra sencilla para describir una multitud expulsada durante d\u00e9cadas hacia rincones discretos.<br>Pas\u00f3 el Gay Pride. Llegaron discursos. Aparecieron funcionarios sonrientes. Sobraron fotograf\u00edas. Faltaron espacios.<br>El soldado cay\u00f3. Permanece en silencio.<br>Morir de pasi\u00f3n resulta menos rom\u00e1ntico cuando aparecen estados de cuenta, permisos municipales y reglamentos redactados por bur\u00f3cratas incapaces de bailar.<br>Por qui\u00e9n doblan las campanas. Doblan por todos. Por los ausentes. Por los sobrevivientes. Por quienes encontraron refugio. Por quienes jam\u00e1s regresaron. Por quienes murieron despacio y en silencio sin saber.<br>Mientras tanto, unas cuadras adelante, Washington y Zuazua ofrece otra postal digna del cine negro.<br>Antigua sede cultural. Galer\u00eda ef\u00edmera. Espacio art\u00edstico convertido despu\u00e9s en oficina gubernamental. Metamorfosis frecuente dentro del reino de Samuelandia. Donde ayer colgaban cuadros. Hoy descansan expedientes.<br>Donde antes circulaban poetas. Ahora transitan funcionarios.<br>Ah\u00ed funciona parte de la maquinaria estatal relacionada con la atenci\u00f3n del VIH. Tambi\u00e9n circulan historias. Muchas historias.<br>Parroquianos de Col\u00f3n y Colegio Civil cruzan esas puertas. Reciben medicamentos. Esperan consultas. Intercambian noticias. Sobreviven.<br>El viejo bicho del siglo veinte contin\u00faa presente, aunque la conversaci\u00f3n p\u00fablica prefiera distraerse con estadios mundialistas, influencers gubernamentales y videos de inauguraciones.<br>Frente al inmueble aparecen veh\u00edculos del mal llamado periodismo independiente.<br>Reporteros oficiales del entusiasmo obligatorio. Especialistas en aplauso preventivo. Cronistas del bolet\u00edn reciclado. Toda administraci\u00f3n necesita evangelistas.<br>Samuelandia no constituye excepci\u00f3n. La propiedad pertenece a la familia Junco de la Vega. La renta corre por cuenta del gobierno. Negocio leg\u00edtimo. Pol\u00edticamente inc\u00f3modo. Period\u00edsticamente interesante. Moralmente flexible. Poco \u00e9tico.<br>La mula no era arisca. As\u00ed la volvieron. Primero llegan las prebendas. Despu\u00e9s las costumbres.<br>Finalmente aparecen los discursos sobre austeridad. El ciclo completo. Como reloj suizo.<br>Como novela repetida. Campa\u00f1a electoral permanente.<br>Mientras tanto, los viejos asistentes del Wateke y El Jard\u00edn observan la transformaci\u00f3n urbana. Los sobrevivientes conocen la diferencia entre inclusi\u00f3n y mercadotecnia.<br>Entre derechos y propaganda. Respeto y oportunismo. La experiencia otorga ventajas. Tambi\u00e9n cicatrices.<br>Resulta imposible vender modernidad a quienes atravesaron d\u00e9cadas enteras soportando burlas, redadas, discriminaci\u00f3n y violencia. Ellos conocen el precio real de cada conquista. Recuerdan los nombres, los funerales, las madrugadas.<br>Ahora las cortinas permanecen abajo. La m\u00fasica guarda silencio. Los fantasmas contin\u00faan bailando. Unos giran al ritmo de Juan Gabriel. Otros prefieren a Gloria Trevi.<br>Siguen abrazados a baladas imposibles. Ocupan una mesa imaginaria dentro del gran sal\u00f3n de los recuerdos.<br>Samuelandia presume inclusi\u00f3n. La FIFA exige apariencias impecables. Las autoridades sonr\u00eden para la fotograf\u00eda global. Los funcionarios hablan de diversidad. Los empresarios descubren virtudes comerciales dentro del arco\u00edris.<br>Los moralistas contin\u00faan escandalizados. Los mismos de siempre. Los reprimidos profesionales. Los vigilantes de alcoba ajena. Los custodios del pecado administrado.<br>Aqu\u00ed no existe fan fest. Sobran complejos. Abundan sermones. Prospera la doble moral.<br>Monterrey domina un arte antiguo: condenar durante el d\u00eda aquello mismo celebrado durante la noche. Las campanas contin\u00faan doblando.<br>No por estadios, por reglamentos internacionales, por exigencias mundialistas.<br>Doblan por una ciudad incapaz de decidir entre tolerancia aut\u00e9ntica o simulaci\u00f3n rentable.<br>Doblan por los salones cerrados, por los ausentes, por Samuelandia y Marianislandia.<br>El pa\u00eds entrometido de la FIFA. La capital mundial del \u201cyo nunca estuve ah\u00ed\u201d. Aunque media ciudad conserve todav\u00eda el boleto de entrada guardado dentro de la cartera.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gerson G\u00f3mezHan bajado las cortinas. Permanece la m\u00fasica en silencio.Los malquerientes afirman la culpa pertenece a la FIFA. Resulta sencillo encontrar culpables cuando sobra tiempo libre y falta cerveza fr\u00eda. La sentencia circula entre mesas vac\u00edas, banquetas despintadas y recuerdos con olor a perfume barato.Col\u00f3n esquina con Colegio Civil.Territorio de leyendas urbanas. Santuario del exceso. 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