{"id":150084,"date":"2026-07-06T10:44:59","date_gmt":"2026-07-06T16:44:59","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/?p=150084"},"modified":"2026-07-06T10:45:39","modified_gmt":"2026-07-06T16:45:39","slug":"el-orangutan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/2026\/07\/06\/el-orangutan\/","title":{"rendered":"El Orangut\u00e1n"},"content":{"rendered":"\n<p>Gerson G\u00f3mez<br>Donde la cumbia suena a funeral y el silbato del tr\u00e1nsito es la \u00faltima canci\u00f3n de cuna. Monterrey \u00b7 San Pedro Garza Garc\u00eda \u00b7 La Periferia<br>Lo vieron salir de la caseta como un animal despertando. Camisa blanca mal fajada, pantal\u00f3n de vestir arrugado en las rodillas, silbato oficial de tr\u00e1nsito colg\u00e1ndole del cuello. Fing\u00eda atribuciones. Se paraba en medio de la avenida con los brazos extendidos, deteniendo camionetas, se\u00f1alando con el \u00edndice gordo a conductores asustados. Nadie le hab\u00eda dado permiso, lo hab\u00eda nombrado. Pero ah\u00ed estaba, en la zona de San Pedro Garza Garc\u00eda, pr\u00f3xima a la Arboleda, donde un d\u00eda antes asesinaron a un hombre a plena luz del d\u00eda. Frente al verdadero agente de tr\u00e1nsito. Frente a todos. Sin consecuencia alguna. Radio frecuencia. Finge claves.<br>Tengo cinco mil trabajadores. Big surpise. Due\u00f1o de si, due\u00f1o de nada.<br>La cumbia revienta desde una bocina port\u00e1til amarrada con alambre a un poste de luz. Celso Pi\u00f1a habr\u00eda llorado. No de orgullo. De verg\u00fcenza ajena.<br>\u00abYo vengo del barrio donde el r\u00edo no lleva agua, lleva memoria de los olvidados.\u00bb \u2014 Cumbia sobre el r\u00edo<br>La cabeza del orangut\u00e1n irregular, un bloque de concreto mal vaciado. Las orejas de coliflor delataban golpes recibidos sin gloria, peleas de cantina, revolcones en terrenos bald\u00edos. La nariz, ancha, enrojecida, parece un chile relleno abandonado al sol. Robusto tirando a obeso, con la panza desbordando el cintur\u00f3n de cuero sint\u00e9tico. Sin duda un individuo con residencia en la periferia. Donde los poderosos jam\u00e1s pisan. Pero s\u00ed env\u00edan a sus esclavos.<br>Si su domicilio estuviera en San Pedro Garza Garc\u00eda \u2014posibilidad remota, casi c\u00f3mica\u2014en el 400. Esa colonia enclavada en el municipio m\u00e1s rico de Latinoam\u00e9rica como muela podrida en dentadura de porcelana. Venta libre de narc\u00f3ticos en cada esquina. Casas de material con techo de l\u00e1mina. Perros fam\u00e9licos, ni\u00f1os descalzos, la misma historia contada con diferente acento. Porque el orangut\u00e1n no es de aqu\u00ed. Hijo de inmigrantes potosinos, tal vez veracruzanos. Llegados en cami\u00f3n de segunda, con maletas de cart\u00f3n y sue\u00f1os prestados. Pantone oscuro, curtido por un sol diferente, m\u00e1s cruel. Frente amplia pero vac\u00eda. IQ apenas rozando los setenta. Idiota funcional. Imb\u00e9cil con pretensiones. Engre\u00eddo sin motivo.<br>\u00abSoy el ch\u00fantaro de tu colonia, el horror de tu mam\u00e1, la pesadilla de tu pap\u00e1 con dinero\u2026\u00bb \u2014 Ch\u00fantaro Style<br>Los Vallenatos de la Cumbia lo habr\u00edan puesto a bailar. Con esos pies planos arrastrando chanclas sobre el pavimento caliente. Moviendo las caderas sin ritmo, sin gracia, con esa arrogancia torpe de los reci\u00e9n llegados al espejismo. \u00c9l, gu\u00eda espiritual del porqu\u00e9 les llaman de manera infame. \u00c9l, evidencia ambulante. Prueba irrefutable.<br>Carente de educaci\u00f3n. Clasista contra los suyos. Primaria inconclusa, si acaso. Secundaria abandonada entre embarazos ajenos y jornadas dobles en f\u00e1bricas maquiladoras. Condenado a repetir la din\u00e1mica social de los perdedores. Generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n. El mismo destino empacado en diferente caja.<br>Apenas primera o segunda generaci\u00f3n y ya se asume regiomontano. Ya dice \u00abfierro\u00bb y \u00abcon ganas\u00bb. Ya presume la carne asada del domingo como si fuera patrimonio gen\u00e9tico y no costumbre adoptada supera al zacahuil ancestral. El acento lo delata. La \u00abs\u00bb aspirada lo traiciona. Los modismos del altiplano se le cuelan entre los dientes chuecos. No es de aqu\u00ed. Nunca lo ser\u00e1. Menosprecia al pr\u00f3ximo migrante, al m\u00e1s reciente, al m\u00e1s oscuro, al m\u00e1s pobre. Reprodice la cadena. Siendo eslab\u00f3n y verdugo al mismo tiempo.<br>\u00abAunque no sea conmigo, se feliz, se feliz, en esta ciudad de acero y cemento donde nadie recuerda tu nombre.\u00bb<br>La poes\u00eda urbana de Monterrey no se escribe en libros. Se escribe en paredes manchadas de humedad, en bardas pintadas con aerosol barato, en las letras de canciones de cumbia rebajada, en los gritos de los vendedores ambulantes a las tres de la tarde, cuando el calor derrite la voluntad y las promesas. Se escribe en los cuerpos de los despose\u00eddos. En sus manos callosas. En sus espaldas rotas. En sus hijos vestidos con uniformes prestados.<br>El orangut\u00e1n sigue pitando. El silbato oficial \u2014robado, comprado en el mercado de pulgas, encontrado en un caj\u00f3n de la basura\u2014 chillaba contra el tr\u00e1fico de la tarde. Los automovilistas en sus camionetas blindadas lo miraban con asco, miedo, la indiferencia perfeccionada del privilegio. \u00c9l no los ve\u00eda. \u00c9l miraba hacia un punto imaginario en el horizonte. Convencido de autoridad inventada. Seguro de uniforme improvisado. Creyendo, con toda la fe de inteligencia limitada, estar sirviendo.<br>\u00bfA qui\u00e9n? A los mismos de siempre. A los poderosos. A los due\u00f1os de las casas detr\u00e1s de los muros de cantera. A los invisibles propietarios del pa\u00eds dentro del pa\u00eds. \u00c9l, su perro guardi\u00e1n voluntario. Su buf\u00f3n, herramienta desechable.<br>\u00abBailando en la orilla del r\u00edo seco, sin agua, sin esperanza, pero con ritmo, siempre con ritmo.\u00bb\u2014<br>En la colonia pobre suena la cumbia a todo volumen. Los ni\u00f1os corren entre charcos de aguas negras. Las se\u00f1oras tienden ropa en cables de luz robada. El orangut\u00e1n camina entre ellos como un monarca destronado regresando a su castillo de l\u00e1mina y cart\u00f3n. Se quita la camisa blanca, ya gris de sudor y mugre. Cuelga el silbato en clavo oxidado. Se sienta en silla de pl\u00e1stico rota. Destapa cerveza tibia.<br>Con el crep\u00fasculo regio pintando el cielo de naranja industrial, con Celso Pi\u00f1a sonando desde alg\u00fan radio viejo, con el Cerro de la Silla como testigo mudo de todas las desgracias, el orangut\u00e1n sonr\u00ede. Satisfecho. Convencido de haber hecho algo importante. Sin comprender \u2014jam\u00e1s comprender\u00e1\u2014 la iron\u00eda feroz, la broma c\u00f3smica, la tragedia circular de su existencia.<br>As\u00ed ser\u00e1 siempre en tu colonia pobre. En Monterrey. La bestia. El orangut\u00e1n y su silbato. Tocando cumbia mientras todo se derrumba. Bailando sobre las ruinas de una dignidad prestada.<br>\u00abY seguiremos aqu\u00ed, en esta esquina de polvo y promesas rotas, cantando, porque cantar es lo \u00fanico gratis.\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gerson G\u00f3mezDonde la cumbia suena a funeral y el silbato del tr\u00e1nsito es la \u00faltima canci\u00f3n de cuna. Monterrey \u00b7 San Pedro Garza Garc\u00eda \u00b7 La PeriferiaLo vieron salir de la caseta como un animal despertando. Camisa blanca mal fajada, pantal\u00f3n de vestir arrugado en las rodillas, silbato oficial de tr\u00e1nsito colg\u00e1ndole del cuello. 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