{"id":153646,"date":"2026-09-21T06:16:35","date_gmt":"2026-09-21T12:16:35","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/?p=153646"},"modified":"2026-09-21T06:16:57","modified_gmt":"2026-09-21T12:16:57","slug":"te-toca-a-ti-pagar-el-pato-bato","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/2026\/09\/21\/te-toca-a-ti-pagar-el-pato-bato\/","title":{"rendered":"Te toca a ti pagar el pato bato"},"content":{"rendered":"\n<p>Gerson G\u00f3mez<br>Carretera nacional. Tr\u00e1fico. Humo. Claxon. Un tr\u00e1iler te respira en la nuca. Avanzas a diez por hora y pierdes la dignidad en cada sem\u00e1foro. Aqu\u00ed nadie vive. Aqu\u00ed se agoniza en c\u00e1mara lenta.<br>Los aspiracionistas escaparon. Compraron casa en el rinc\u00f3n fresa. Beige por fuera, beige por dentro, beige en el alma. Pasto de cat\u00e1logo. Perros con nombre de whisky. Hijos con nombre de marca. Huyeron del tr\u00e1fico y toparon con algo peor. Los vecinos.<br>Todos se saludan. Nadie se soporta. Los s\u00e1bados, los matrimonios se miran sobre la alberca vac\u00eda y bostezan en coro. Pagaron millones por la paz. Recibieron un cementerio con ciclov\u00eda y grupo de WhatsApp.<br>Caite, cad\u00e1ver, caite. Cae la tarde sobre el pasto planchado.<br>Llega el rumor. Un restaurante de sushi. Planta baja. Junto al estacionamiento. Nadie lo ve. Nadie lo sabe. Un letrero flaco promete rollos, sashimi y tempura. Mentira podrida. El sushi es el disfraz. Detr\u00e1s huele a vicio.<br>Entras. Arroz, culpa y cloro. Biombos de papel. Peces koi gordos, mudos, c\u00f3mplices, mejor alimentados y m\u00e1s fieles a su pareja. Tres trabajadores atienden la barra de alimentos. Cortan pescado y te cortan con la mirada. Ya te leyeron. Traes la sed tatuada en la frente. Sueltas la clave. Vengo a ver la barra de vinos.<br>Ni una sonrisa. Ni una pregunta. Te franquean la puerta secreta. Secreta, s\u00ed. Como Chicago, 1925. Un pueblo de gente decente duerme a cincuenta metros y aqu\u00ed juegas a Al Capone con tarjeta a meses sin intereses.<br>Caite, cad\u00e1ver, caite. Cae la m\u00e1scara junto al trago.<br>Adentro reina la belleza de la Ley Seca. Terciopelo. Luz de vela. Madera oscura. Botellas formadas como borrachos ante el pelot\u00f3n. Todo sonorizado. No escapa un ruido. Ni un bajo. Ni una risa. Ni un grito. Si alguien se muere en la pista, nadie lo sabr\u00e1 hasta el lunes. Nadie sospecha. Adentro todos pecan con aislante ac\u00fastico.<br>La m\u00fasica manda y es para mayores de cuarenta. La llaman nuevos cl\u00e1sicos, en ingl\u00e9s y en espa\u00f1ol. Traducci\u00f3n. Canciones de cuando ten\u00edas pelo. Baladas. Pop noventero. Rock de radio. La eterna juventud llega con coros, gel y rodillas tronando.<br>Caite, cad\u00e1ver, caite. Cae la noche sobre los solitarios.<br>Aqu\u00ed cazan las damas aburridas. Esposas de marido ausente. En Houston, en el gimnasio, marido, en el celular, en otra cama. Llegan en manada. Piden mojito. Fingen no buscar. Cmo jaur\u00eda. Del otro lado, los varones. Camisa abierta hasta el ombligo. Cadena de oro sobre pecho depilado a la fuerza. Reloj a plazos. Sonrisa de vendedor de autos usados. Todos ans\u00edan una aventura. Todos juran discreci\u00f3n. Se huelen, pesan, cotizan. Cada mesa es tianguis de carne con bolero de fondo.<br>El mesero circula. Sirve. Sonr\u00ede. Lo sabe todo. Calla todo. Confesor con charola y propina obligatoria. Sabe qui\u00e9n lleg\u00f3 con qui\u00e9n sali\u00f3. Conoce como dej\u00f3 el anillo en la bolsa. Cobra el silencio por copa.<br>La cantante de voz cansada abre el segundo set, lo de siempre. Los presentes la acompa\u00f1an con la boca cerrada y el matrimonio roto. Alguien llora en silencio, graba. Nadie sube nada. Lo de adentro se queda adentro, verg\u00fcenza incluida.<br>Caite, cad\u00e1ver, caite. Cae el pudor sobre la alfombra.<br>Llega la cuenta. Ah\u00ed est\u00e1 el pato. Te toca a ti pagarlo, bato. Cada copa cuesta un ri\u00f1\u00f3n. Pagas el silencio. Pagas la puerta secreta. Pagas los koi, el biombo y el sushi de utiler\u00eda. Pagas la nostalgia. Pagas tu crisis de los cuarenta, servida con hielo. Pagas el pecado ajeno. Pagas hasta el divorcio de la mesa de al lado. El pato sali\u00f3 car\u00edsimo y ni lo probaste.<br>Caite, cad\u00e1ver, caite. Caite en el estacionamiento.<br>Tambalenado. Miras al frente. Ah\u00ed duerme el pueblo sereno. Decente. Con su iglesia, su tiendita y sus abuelas rezando el rosario por tu alma condenada. Cruzando la carretera nacional. Ni cien pasos.<br>El antro chic opera sin permiso de venta de alcoholes. Ni un papel. Ni un sello. Ni una licencia. La autoridad mira al techo. Los vecinos miran al piso. El p\u00e1rroco mira al cielo. Hasta los koi miran a otro lado. A nadie le importa. Se cumple con servir tragos. Se cumple con escuchar la m\u00fasica de la eterna juventud.<br>Ma\u00f1ana llega el apocalipsis. Un meteorito arrasa el pueblo entero. Se abre la tierra. Arden los tr\u00e1ileres. Ah\u00ed adentro nadie se entera. Sonorizado, \u00bfrecuerdas? Los cuatro jinetes tocan el biombo. El anfitri\u00f3n sonr\u00ede y pregunta. \u00bfVienen a la barra de vinos?&#8221; Pasen, se\u00f1ores. La m\u00fasica del ayer no se interrumpe por un detalle como el fin del mundo.<br>El pueblo reza. Las fresas bailan, se internar\u00e1n por horas en los hoteles de paso de la zona. El tr\u00e1iler pasa. El pato, amigo m\u00edo, ya lo pagaste t\u00fa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gerson G\u00f3mezCarretera nacional. Tr\u00e1fico. Humo. Claxon. Un tr\u00e1iler te respira en la nuca. Avanzas a diez por hora y pierdes la dignidad en cada sem\u00e1foro. Aqu\u00ed nadie vive. Aqu\u00ed se agoniza en c\u00e1mara lenta.Los aspiracionistas escaparon. Compraron casa en el rinc\u00f3n fresa. 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