{"id":154042,"date":"2026-09-28T05:58:35","date_gmt":"2026-09-28T11:58:35","guid":{"rendered":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/?p=154042"},"modified":"2026-09-28T05:59:05","modified_gmt":"2026-09-28T11:59:05","slug":"terror-en-olinala","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/2026\/09\/28\/terror-en-olinala\/","title":{"rendered":"Terror en Olinal\u00e1"},"content":{"rendered":"\n<p>Gerson G\u00f3mez<br>Mansiones bajo asedio de un oso hambriento (y sin modales). El oso negro cruza el jard\u00edn, empuja la puerta y encuentra tamales sobre la mesa. Los devora con calma, sin apuro, sin culpa. Despu\u00e9s se retira hacia la sierra, dejando tras de s\u00ed un sal\u00f3n revuelto y alarma in\u00fatil.<br>La escena circula por redes sociales entre carcajadas y espanto. San Pedro Garza Garc\u00eda despierta indignado. No por la fauna silvestre desplazada, sino por su propio desayuno interrumpido.<br>Entre residencias colosales y muros interminables, habita la fauna distinta. Empresarios acostumbrados a levantar sus casas donde ninguna ley federal se los permite. Construcciones ampliadas hacia la monta\u00f1a, terrazas colgando sobre la Sierra Madre, piscinas suspendidas encima del bosque protegido.<br>Ning\u00fan catastro pregunta origen, ning\u00fan permiso detiene la ambici\u00f3n. Fortunas forjadas tambi\u00e9n, seg\u00fan reportes period\u00edsticos, con maniobras hacia el fisco, ahora convertidas en palacios imposibles de explicar con recibos honestos.<br>Cada residencia, cual peque\u00f1o museo privado, exhibe fachadas dignas de revista internacional, jardines bot\u00e1nicos y garages con colecciones automotrices dif\u00edciles de sostener con sueldo declarado ante Hacienda. Ning\u00fan propietario, hasta hoy, ha mostrado factura capaz de justificar tanto esplendor.<br>El fisco mira hacia otro lado, distra\u00eddo, mientras la monta\u00f1a pierde metros cuadrados noche tras noche, discretamente, sin escrituras nuevas ni permisos visibles.<br>Frente al oso, la respuesta vecinal no llega desde tribunales ni desde el catastro. En forma de tabla de triplay, clavada con docenas de puntas oxidadas, repartida casa por casa como escudo medieval contra la naturaleza nativa.<br>Debes estar al d\u00eda en las cuotas de la uni\u00f3n de vecinos.<br>Oso, oso. La palabra se repite como cantinela infantil, casi melod\u00eda, evocando otra historia muy distinta. La del panda regalado por China al pueblo mexicano, bautizado Tohu\u00ed, criado entre aplausos en Chapultepec, s\u00edmbolo tierno del amor entre naciones. A ese oso extranjero M\u00e9xico lo arrull\u00f3 durante d\u00e9cadas, con c\u00e1maras, canciones y ternura p\u00fablica, sin escatimar un solo aplauso. Al oso propio, nacido en la misma sierra invadida por mansiones, se le recibe con clavos oxidados y comunicados de espanto.<br>Autoridades ambientales de Nuevo Le\u00f3n salieron a pedir el retiro inmediato de los dispositivos, advirtiendo riesgo de lesiones tanto para los animales como para personas y mascotas. El oso negro, recordemos, figura en la norma oficial mexicana como especie en peligro de extinci\u00f3n. Iron\u00eda dif\u00edcil de superar. Quienes construyeron por encima del reglamento federal hoy exigen protecci\u00f3n reglamentaria contra un vecino peludo, leg\u00edtimo habitante original del territorio.<br>Las c\u00e1maras vecinales, atentas a cualquier movimiento sospechoso, jam\u00e1s grabaron la ampliaci\u00f3n ilegal hacia la reserva. Solo despertaron ante la silueta oscura de un animal hambriento, atra\u00eddo por olores de cocina abandonada sin resguardo alguno.<br>La misma colonia, dicho sea de paso, ha buscado antes establecer un padr\u00f3n para trabajadoras dom\u00e9sticas y obreros de construcci\u00f3n, control minucioso sobre qui\u00e9n entra y sale del enclave. Vigilancia estricta hacia seres humanos trabajadores, tolerancia cero hacia cualquier extra\u00f1o humilde. Frente al oso, en cambio, improvisaci\u00f3n y p\u00e1nico puro.<br>\u00bfD\u00f3nde permanecen las instituciones federales mientras tanto? Silenciosas ante fraccionamientos crecidos fuera del l\u00edmite legal en plena Sierra Madre. La Secretar\u00eda correspondiente y la oficina de Parques y Vida Silvestre podr\u00edan, con apenas revisar planos originales, determinar hasta d\u00f3nde la ley permit\u00eda edificar.<br>Derrumbar el excedente. Sentar precedente ejemplar. Nadie, ni siquiera fortunas con apellido conocido, se coloca por encima del marco legal.<br>Mientras esa revisi\u00f3n no llegue, seguir\u00e1 el ritual grotesco. Triplay, clavo, alarma, comunicado de rechazo desde la dependencia estatal, nueva ronda de indignaci\u00f3n en redes, otro oso herido buscando comida entre jardines ajenos a su territorio original.<br>Zona clasista, rancia, orgullosa de sus muros, hoy asustada por un habitante leg\u00edtimo de la monta\u00f1a, aquel mismo terreno usurpado d\u00e9cadas atr\u00e1s para construir la fantas\u00eda privada. El bosque, uno de los \u00faltimos pulmones urbanos disponibles, se convierte en trinchera dom\u00e9stica, defendida a punta de clavo contra su due\u00f1o original.<br>Deber\u00eda colocarse, junto a cada tabla con clavos, un letrero honesto: Aqu\u00ed vive alguien incapaz de compartir ni el aire. El oso, mientras tanto, sigue buscando tamales entre casas ajenas a su territorio ancestral. Nadie, hasta ahora, le ha pedido escritura, permiso de construcci\u00f3n, ni constancia fiscal alguna. En Olinal\u00e1 el verdadero intruso, despu\u00e9s de todo, jam\u00e1s us\u00f3 overol ni pico de martillo: lleg\u00f3 primero, caminando en cuatro patas, due\u00f1o leg\u00edtimo de una sierra hoy repartida entre fortunas ajenas a cualquier ley.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gerson G\u00f3mezMansiones bajo asedio de un oso hambriento (y sin modales). El oso negro cruza el jard\u00edn, empuja la puerta y encuentra tamales sobre la mesa. Los devora con calma, sin apuro, sin culpa. 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