{"id":68692,"date":"2021-12-17T12:57:18","date_gmt":"2021-12-17T18:57:18","guid":{"rendered":"http:\/\/diariodigitalmx.com\/?p=68692"},"modified":"2021-12-17T12:57:59","modified_gmt":"2021-12-17T18:57:59","slug":"cosas-del-tony-29","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariodigitalmx.com\/index.php\/2021\/12\/17\/cosas-del-tony-29\/","title":{"rendered":"Cosas del Tony"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Por: Antonio S\u00e1nchez R.&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00a1Que me lleve el tren!<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando era un ni\u00f1o, las v\u00edas del ferrocarril delimitaban pr\u00e1cticamente entre lo que era la zona urbana del pueblo en que viv\u00ed hasta los quince a\u00f1os, El Mante, ciudad ca\u00f1era del sur de Tamaulipas. De las \u201cv\u00edas para all\u00e1\u201d (hacia el poniente), hab\u00eda unas dos o tres colonias poco pobladas y acostumbr\u00e1bamos a ir por esos rumbos los s\u00e1bados y domingos que no nos llevaban al \u201crancho\u201d a ver a los abuelos.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos divert\u00eda ir a la vieja estaci\u00f3n porque parec\u00eda un peque\u00f1os castillo y como hab\u00eda muy escaso movimiento, pod\u00edamos andar a nuestras anchas por los corredores y pasillos y por el anden principal, muy extenso para la actividad que hab\u00eda. Los garroteros, guardav\u00edas, conductores, uno que otro maquinista y hasta el administrador, ya nos conoc\u00edan y casi nos pon\u00edan \u201clas cruces\u201d cuando nos ve\u00edan llegar. Pero se les alegraba la vista cuando compart\u00edamos una bolsa de mangos o los tacos que llev\u00e1bamos. Eran gente muy tratable y muchos de ellos con un gran sentido del humor.<\/p>\n\n\n\n<p>El tendido de las v\u00edas estaba de norte a sur. Hacia el norte, estaban El Lim\u00f3n, Xicot\u00e9ncatl y terminaba en Estaci\u00f3n Calles, entronque con la v\u00eda Monterrey-Tampico. Cada dos horas, desde las seis de la ma\u00f1ana, la m\u00e1quina sal\u00eda de la estaci\u00f3n Mante hacia Calles, arrastrando uno o dos carros de pasajeros y el cab\u00fas. A veces se agregaba alg\u00fan furg\u00f3n o g\u00f3ndola con diversos materiales. En \u00e9poca de zafra, eran dos m\u00e1quinas y muchos furgones cargados de az\u00facar, el producto principal de mi pueblo, que ser\u00eda trasladada hacia Tampico y de ah\u00ed a alg\u00fan destino en Europa. Desde muy temprana edad sab\u00edamos que el az\u00facar que se produc\u00eda en el ingenio azucarero no era para el mercado interno, sino para su exportaci\u00f3n. Se dec\u00eda que la calidad del az\u00facar mantense era superior inclusive a la que se produc\u00eda en Cuba.<\/p>\n\n\n\n<p>De cuarenta a cuarenta y cinco minutos duraba el recorrido Mante-Calles. Luego, el regreso tras las maniobras de rigor. Entre las principales poblaciones, el tren hac\u00eda varias paradas para recoger gente que se iba hacia una de ellas o hasta Monterrey y para ello hab\u00eda qu\u00e9 ir a Calles. Entre la una y las dos de la tarde pasaban los trenes que cubr\u00edan la ruta Monterrey-Tampico. Por eso a las doce de medio d\u00eda el trajinar era intenso. Dos horas despu\u00e9s, la estaci\u00f3n volv\u00eda a convertirse en un hervidero, con la gente que esperaba a alg\u00fan familiar y la que llegaba, sea del puerto o de la famosa Sultana del Norte.<\/p>\n\n\n\n<p>Llamaba la atenci\u00f3n que, mientras todo el movimiento se daba hacia el norte, hacia el sur no se registraba nada. Se dec\u00eda que el tendido cubr\u00eda la ruta hasta Ciudad Valles, pero no hab\u00eda nadie que lo pudiese corroborar. Es m\u00e1s, algunos trabajadores de la misma estaci\u00f3n dec\u00edan que debido a que no hab\u00eda movimiento hacia el sur, las v\u00edas ya hab\u00edan sido cubiertas por las hierbas, por la maleza y que por ello los maquinistas no quer\u00edan ir hacia all\u00e1, por el temor a no encontrar las v\u00edas y perderse entre el \u201cbosque\u201d. Cuentos que nosotros, ni\u00f1os al fin, cre\u00edamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando nos cans\u00e1bamos de jugar en la estaci\u00f3n, a veces camin\u00e1bamos sobre las v\u00edas, hacia el norte. Hacia el sur no. Por obvias razones. Lleg\u00e1bamos hasta el puente, algo rudimentario por cierto, que cruzaba el r\u00edo Mante. A veces nos atrev\u00edamos a caminar sobre el puente y pas\u00e1bamos al otro lado. Pero nos daba miedo. No fuera a ser que de repente viniera el tren y nos llevara\u2026, o un arm\u00f3n. \u00a1Ah c\u00f3mo me llamaban la atenci\u00f3n esos peque\u00f1os carros que recorr\u00edan las v\u00edas gracias a una tracci\u00f3n mec\u00e1nica! Una especia de palanca o \u201csube y baja\u201d era accionada por el o los trabajadores del riel y all\u00e1 iban, a todo vuelo, despertando nuestra curiosidad\u2026 y envidia.<\/p>\n\n\n\n<p>No ten\u00eda m\u00e1s de once a\u00f1os cuando una tarde veraniega, tras ver pasar primero el tren hacia Calles y luego de unos minutos un arm\u00f3n muy veloz llevando a unos pasajeros a los que se les hab\u00eda hecho tarde, les dije a los amigos que integraban la \u201cpandilla\u201d: \u201cun d\u00eda de estos le voy a pedir a Dios que me lleve el tren hacia el norte\u201d. Cuatro a\u00f1os despu\u00e9s ya estaba en Monterrey. Pero no viaj\u00e9 en tren. Nos trasladamos en autob\u00fas. La familia entera emigr\u00f3 siguiendo los pasos de una madre a la que se le hab\u00eda presentado la oportunidad de un buen trabajo. Pero no viajamos todos de un solo golpe. Primero unos, luego otros. Hab\u00eda qu\u00e9 terminar el ciclo escolar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Entre tanto, a sabiendas de que mi destino final era el norte, la Sultana, disfrut\u00e9 a fondo de esas \u00faltimas caminatas sobre los rieles y para mi buena suerte, hasta pudimos ir sobre ese monstruo met\u00e1lico hasta El Lim\u00f3n, en una excursi\u00f3n en la que termin\u00e9 por descubrir c\u00f3mo la primavera se me escapaba en un cab\u00fas. El amor de adolescente hab\u00eda aparecido y la ni\u00f1a sobre la que hab\u00eda puesto mis ojos me dec\u00eda con su mirada lo mucho que le dol\u00eda que tuviera que partir. Ef\u00edmero pasaje de un romance que no fue y que la distancia termin\u00f3 por sepultar.<\/p>\n\n\n\n<p>En el tiempo que tengo de haber salido de mi pueblo natal, s\u00f3lo dos veces hice el viaje en tren de ida y vuelta, bajando en el lugar de costumbre: estaci\u00f3n Calles. La espera del peque\u00f1o tren hacia El Mante era corta y el trayecto se cubr\u00eda r\u00e1pido\u2026, aparentemente. El disfrute del paisaje, los verdes ca\u00f1averales a un lado y otro de las v\u00edas, los huertos de naranjales, los de mangos y otras frutas, hac\u00edan que perdiera la noci\u00f3n del tiempo y cuando menos lo pensaba, ya estaba en aquella vieja estaci\u00f3n. Hoy, luce abandonada y s\u00f3lo recuerdos de una osada ni\u00f1ez han quedado ah\u00ed. Y todav\u00eda he visto los rieles del tendido hacia el sur y siguen ah\u00ed, perdidos entre la maleza, como en espera de que llegue alguien y los rescate de ese olvido en el que se encuentran.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Antonio S\u00e1nchez R.&nbsp; \u00a1Que me lleve el tren! Cuando era un ni\u00f1o, las v\u00edas del ferrocarril delimitaban pr\u00e1cticamente entre lo que era la zona urbana del pueblo en que viv\u00ed hasta los quince a\u00f1os, El Mante, ciudad ca\u00f1era del sur de Tamaulipas. 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