mar. Mar 24th, 2026

Raúl Guajardo Cantú

Comentamos en nuestra anterior colaboración que la postura del Partido Acción Nacional en el sentido de no realizar alianzas, ni siquiera en elecciones locales, podría desencadenar reacciones que llevarían a la fractura de ese instituto político y en casos extremos, a la pérdida del registro en algunos estados.

En Nuevo León, por ejemplo, en caso de no ir en coalición con el Partido Revolucionario Institucional, no se ve la existencia de un candidato propio que pueda allegar los votos necesarios para, por lo menos, mantener las posiciones que tiene actualmente.

De hecho, es probable que en caso de ir solos, los poderes fácticos actúen por su cuenta con resultados que pueden no ser los que la dirigencia nacional espera, ya que desataría las ambiciones de alguna de las cabezas de esos poderes.

Incluso puede ser que alguna de ellas busque alianza con Movimiento Ciudadano y apoye el proyecto trans sexenal de Samuel García, como ya ha trascendido en algunos círculos políticos.

Una parte de la llamada santísima trinidad seguramente intentará mantener sus posiciones y, de ser posible, acrecentar sus dominios, nos referimos al grupo San Nicolás, el cual es el que mayor presencia en el campo tiene.

Este grupo puede, en caso necesario, negociar alianzas de facto, incluso con el PRI y Adrián, ya que cuenta con qué negociar, a diferencia de los demás integrantes de la actual cúpula local del blanquiazul.

Las declaraciones realizadas por la dirigencia nacional del PAN que de una u otra forma implican que las decisiones serán centralizadas, muestran una falta de sensibilidad para los grupos locales de los diferentes estados.

Al mismo tiempo que un desconocimiento del hecho de que las realidades locales de cada uno de los estados en los que habrá elecciones difieren de la realidad que vive el PAN en el ámbito nacional.

A menos de que la apertura de las candidaturas anunciada el pasado fin de semana sea una estrategia para disfrazar las alianzas, como podría ser en Nuevo León, el blanquiazul podría recibir sorpresas nada agradables, como la pérdida del registro en algunos estados y la pérdida del control partidista en diferentes zonas de la república.

En el caso específico de nuestro estado, desde hace tiempo que los poderes fácticos han trazado y mantenido una estrategia muy clara: no les interesa la gubernatura, sino el Congreso local.

Aunque parezca extraño, ganar la gubernatura pudiera ser un mal resultado para los grupos locales, ya que, de facto, un gobernador emanado de sus filas se convertiría en el líder natural del partido, rompiendo con la actual realidad.

Los panistas locales ya pasaron por una situación de ese tipo, con la gubernatura de Fernando Canales, y el resultado fue una especie de guerra interna soterrada que no están dispuestos a repetir.

El dirigente nacional de este partido puede pensar lo que quiera, pero la realidad corre por su propio cauce y los resultados pueden ser muy diferentes a los que espera Jorge Romero, tanto que después difícilmente podrá arreglar los entuertos que genere.

Así que más vale que los panistas se pongan de acuerdo o se preparen para el fracaso.

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