A veces la gente me pregunta por qué los cristianos no hacemos tal o cual cosa y mi respuesta los hace cuestionarse “para qué”.
Lo que hacemos o dejamos de hacer, lo hacemos con un propósito.
¿Para qué cantas, bailas, comes, haces ejercicio? Y no me refiero a la inmediatez natural que respondería alegría, salud o bienestar, sino a lo que sucede en lo profundo de nuestra alma.
El Rey David, en cada salmo, canta y nos muestra que su melodía no es solo para sacar sus sentimientos, es para que Dios lo escuche.
¿Qué escucha Dios cuando canto? ¿Para qué levanto mi canción?, Porque aunque yo no cante para Dios, Él escucha.
Para que sean librados tus amados, salva con tu diestra y respóndeme. Salmos 108:6
David comienza su oración cantando, de tal manera que no sabemos que tiene un problema hasta que externa su petición, pero me llama la atención que a pesar de su necesidad y de que está frente a una batalla contra enemigos, David sabe que es amado por Dios.
Muchas personas se sienten heridas al pensar que lo que les está sucediendo es porque Dios dejó de amarlos, esto no es así.
Dios no ha dejado de amar a sus hijos, tal como usted no deja de amar a los suyos cuando están en problemas (ni cuando tiene que corregirlos).
Así como usted sigue viendo a sus hijos como niños pequeños y los ama, así Dios nos sigue amando en todas las dificultades.
David sabía que por el eterno amor de Dios, si el Señor salía con él a la batalla, sería victorioso, porque no hay nadie en quien podamos confiar ciegamente más que en Dios.
Recuerde, la adversidad no quiere decir que Dios ha dejado de amarnos. Si está en problemas, recuerde que Dios lo ama, pida Su ayuda y entone una alabanza en el proceso.
Saber que Él escucha y responde, le traerá certezas que nadie más le puede dar.
¿Cree esto? Hable con Dios, lea la Biblia y descúbralo. Solo la Verdad nos hará verdaderamente libres.
Facebook e Instagram: @InstruccionesPersonales