● Con el Mundial y el calor en puerta, las empresas que dependen del agua para operar van a sentir la presión.
● El garrafón, el modelo que todos usan, acumula errores, costos ocultos y riesgos de contaminación que nadie mide.
● Somos PURA recomienda purificar el agua donde se usa, sin depender de entregas ni almacenamiento, con equipos que se instalan el mismo día.
Con el calor y el Mundial en puerta, la demanda de agua va a subir. Para las empresas, el reto ya no es conseguirla, sino sostener un modelo de suministro que ya no responde.
“En industrias como alimentos y bebidas, manufactura y entretenimiento, el recurso es un tema de control; transporte, almacenamiento y reposición parecen procesos simples, pero cualquier falla puede alterar el sabor, generar contaminación o provocar retrasos”, explica Lucas Barrionuevo, cofundador de Somos PURA, empresa especializada en purificación de agua.
En la práctica, el problema está en cómo se mueve y se almacena el agua. El modelo más extendido es el uso de garrafones, que depende de traslados, recargas y almacenamiento constante, es ahí donde empiezan las fallas.
Un modelo que todos usan… y nadie cuestiona
Con el garrafón cada traslado, almacenamiento y rotación suma tareas, tiempos y margen de error que, a escala, se traducen en costos.
“A eso se suma un impacto menos evidente, la estabilidad del agua. Los envases y el tiempo de almacenamiento pueden alterar su composición y favorecer la presencia de microplásticos u otros contaminantes”, detalla Barrionuevo.
El efecto no se queda ahí, también compromete el producto final y acelera el desgaste de equipos como máquinas de café, sistemas de vapor o líneas de hielo, que dependen de agua consistente para operar sin fallas.