Luz María Ortiz Quintos
Una novatada es un ritual de bienvenida para los estudiantes de primer ingreso que, con frecuencia, incluye pruebas humillantes, consumo forzado de alcohol y dinámicas de acoso. Aunque durante muchos años se han justificado como actividades de integración, hoy son consideradas formas de abuso de poder y violencia.
Prácticas habituales
Obligar a los nuevos alumnos a disfrazarse de forma ridícula, cantar en la calle o someterse a pruebas en las que son ensuciados con comida, harina o huevos.
Presionar a los jóvenes para consumir alcohol en grandes cantidades, incluso hasta perder el conocimiento.
Someter a los estudiantes de nuevo ingreso a un trato desigual, obligándolos a cumplir órdenes de los alumnos de mayor antigüedad o a servirles de manera sumisa.
Lamento profundamente la pérdida de la menor de edad en una preparatoria militarizada de Tamaulipas. No existe una palabra que describa el dolor de perder a un hijo.
Es lamentable que su fallecimiento haya expuesto los abusos y las prácticas a las que presuntamente eran sometidos algunos estudiantes. Ojalá este hecho nos lleve a hacer un alto y a reflexionar sobre este tipo de conductas, que atentan contra la salud física y psicológica, vulneran la dignidad de las personas y, como hoy estamos viendo, incluso pueden costar la vida.
Hace falta una mayor conciencia en los ámbitos escolar, social y deportivo para tener el valor de denunciar y erradicar este tipo de acciones.
No porque “siempre se ha hecho” significa que deba seguir haciéndose.
Los traumas y daños psicológicos que dejan estas experiencias pueden acompañar a una persona durante toda su vida. En muchos casos, rompen su autoestima, afectan su salud mental y transforman a una persona emocionalmente sana en alguien resentido, temeroso o agresivo.
Este es otro aspecto que merece un análisis profundo en la búsqueda de erradicar la violencia y construir entornos donde el respeto, la dignidad y la integridad de las personas sean siempre la prioridad.