vie. Sep 25th, 2026

Gerson Gómez
Octubre llega, y con él, la fiesta vieja. Feria, palenque, rectoría de fondo. Suena una tonada popular, adaptada para la ocasión. Saca la mano, Samy, la uni anda en la cocina.
La Universidad Autónoma de Nuevo León lleva autónoma en el nombre. Palabra bonita. Suena a escudo, bandera, orgullo tigre. Adentro, corre otra historia. Cada pasillo, un changarro. Las facultades, una feria propia.
En Medicina, cobran extra por la bata. Odontología, extra por la silla. FACPYA, por el logo. Ingeniería Civil, por el cemento. FIME, por el torno. Leyes, por la justicia, ironía sobrada. Ciencias Biológicas, por el microscopio. Comunicación, por el micrófono, y encima, entregan premios. Llaman periodistas ejemplares a quienes callan, aplauden, miran para otro lado. Piden, eso sí, mantener la autonomía. Cuidar la paz de la comunidad universitaria. Silencio, disfrazado de civismo.
Ciencias Políticas sobra material, y falta ironía para nombrarlo entero.
Sigue el sorteo llamado siembra cultural. Nadie planta. Solo cosechan boletos. El Honorable Consejo Universitario aprueba, calla, firma, y se va a comer.
Los Tigres rugen, las Amazonas corren, y el negocio florece aparte. Administración propia, en manos de CEMEX. Patrocino de transnacionales. Sin auditoria.
Contratos propios, proveedores elegidos a modo. El Estadio Universitario llena gradas, y llena otras cosas entre semana. Los estacionamientos se rentan, subarriendan, administran como changarro familiar.
Las preparatorias imponen uniforme oficial, obligatorio, carísimo. Imponen libro oficial, forzoso también. El alumno reprobado paga cuota especial, para desaprobar con dignidad institucional.
Las patrullas entran al campus, sin permiso claro, sin bitácora clara. Uniformados cruzan la reja, violando la autonomía escrita en piedra, discurso, desfile. Nadie firma nada. Ninguno explica nada.
Hay hasta viñedo. Sí, en Linares, produciendo vino con etiqueta universitaria. Bébase un trago, joven tigre, a nombre del rector Santos Guzmán, a cuenta de la universidad entera.
Detrás de todo esto, una estructura crece, silenciosa, organizada, casi invisible. Mesas estudiantiles, armadas para servir, no al alumno, sino al gobierno del estado. Ahí aparece Samuel García, Mariana Rodríguez, Miguel Flores, Félix Arratia.
Samuel ya tiene candidato favorito para la secretaría general: el ex director de FDYC, hombre de su entera confianza. Circulan vehículos oficiales, prestados, sin placa clara.
Prestanombres del primer círculo, y también del sindicato de trabajadores universitarios, viejo aliado, cómplice, beneficiario.
Doscientos veinte mil alumnos forman la universidad. Doscientos veinte mil votos posibles, doscientos veinte mil consumidores cautivos, doscientos veinte mil brazos de trabajo, listos para usarse, listos para prestarse, para callar.
Octubre llega otra vez. Llega la elección estudiantil, llega el sorteo, la fiesta del vino en Linares, el discurso sobre autonomía, repetido cada año, hueco cada período.
Saca la mano, Samy, la uni anda urgida de auditoría. Igual el gobierno del estado anda ahorcado de auditoría. Los dos, cocina compartida, mismo mandil, misma receta
Repartir, callar, cosechar aplausos en octubre. Doscientos veinte mil jóvenes miran. Algún día, cuentan. Algún día, cobran.

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