Por: Antonio Sánchez R.
Hasta pronto, Don Felipe…
De nueva cuenta, ya por tercera semana consecutiva, tenemos la difícil tarea de escribir en torno a la partida de un amigo, de un extraordinario amigo y, en esta ocasión, de una persona con la que tuve el privilegio de colaborar en varias ocasiones, siendo la primera cuando estuve en el área de prensa del Ayuntamiento de Garza García, allá por el año de 1982, casi al término del período iniciado en 1980.
No decimos adiós, más bien es un “hasta pronto” el que les hemos dado a Amado “El Charro” Arreola, a Ramiro Ayala y ahora, a Don Felipe Zambrano Páez, uno de los mejores, si no el mejor, de los alcaldes que ha tenido este municipio, el cual se hizo grande y recibió el reconocimiento como “Municipio Modelo” cuando lo administraron alcaldes surgidos del PRI, gracias a una alternancia en el poder municipal que ya no se ha dado más.
“Quítame el ‘don’, soy tu amigo, soy Felipe”, me dijo en alguna ocasión. Difícil, muy difícil tarea dejar de utilizar esa etiqueta que se ganó de manera natural, pues su trato, su trabajo y su pasión por la función pública nos hacía que lo viéramos en otra dimensión. Era, la neta, un hombre fuera de serie, un hombre que llevó tatuado el nombre de Garza García en su alma y, en su mente, a su gente, pero sobre todo, a la gente del pueblo, a la gente que más lo requería.
Son muchas las anécdotas que tengo de esa relación de trabajo que existió entre este servidor y Don Felipe, pero por cuestiones de espacio y de manera breve, les mencionaré sólo tres: la primera, ocurre afuera de su oficina. “No don Chano, no, aquí las cosas no se hacen como usted dice, sino como digo yo, y no, no lo voy a hacer”, se escuchaba la voz del alcalde, muy molesto. La discusión era con Graciano Bortoni, Secretario de Gobierno de don Alfonso Martínez Domínguez. Le estaba pidiendo que dejara en libertad a un “junior” que había sido detenido conduciendo a muy alta velocidad y en estado de ebriedad en plena Calzada del Valle. El junior se quedó preso las 36 horas de rigor.
En otra ocasión, siendo ya diputado federal y en su cabildeo para que la Ley Federal del Deporte, iniciativa desarrollada por él, fuese aprobada, me invitó a Cd. Victoria para presentarla ante el Congreso de Tamaulipas. Una avioneta nos trasladaba hacia allá, pero antes de Allende Don Felipe le dice al piloto: “regrésese al aeropuerto, pero ya”. El piloto acató la orden y en unos minutos estábamos de regreso en el Aeropuerto del Norte. Abordamos la camioneta de Don Felipe, él iba en silencio, pero todavía no cruzábamos la salida, cuando dice, muy molesto: “no Toño, si le hubiéramos seguido, este ca…ón nos iba a matar, está muy …ejo para pilotear”. Quiero mencionar que Felipe Zambrano tenía su licencia de piloto y con una experiencia de muchas horas de vuelo.
La tercera anécdota ocurre en su campaña para la diputación local, que ganó pero que le dejó a su suplente, el doctor Francisco Decrezenzo, para ir por la alcaldía, que se le volvió a negar. Por sus múltiples compromisos, era difícil hacerle una entrevista para este periódico, por lo que no hubo de otra más que redactarla, basándome en sus propuestas. Cuando se publicó, me dice: “Pues sí Toño, todo esto lo he dicho yo, pero… ¿cuándo me entrevistó?
Cierro con estas palabras que me dijo ayer mi buen amigo, el periodista Felipe Guerra García: “Lástima que nunca lo dejaron llegar a la gubernatura, hubiera revolucionado el ejercicio político a un alto nivel. Más tristeza da que no hubo voluntad de otros gobernantes con tamaños para seguir el buen ejemplo de don Felipe Zambrano. Les dejó la vara muy alta y hasta la fecha no hay nadie que se le compare”. Y coincido con mi colega Felipe.