vie. Feb 23rd, 2024

Por: Antonio Sánchez R.

Delito visible, presencia “intocable”…

En la historia de los procesos electorales, habíamos tenido de todo, el “show” se armaba con la mejor parafernalia para que los electores tuviesen bastante “claro” por quién debían votar…, o por quien no deberían hacerlo. Las guerras electorales siempre habían ofrecido escenarios interesantes, en los que las famosas “encuestas” servían de obuses candentes para muchos aspirantes y, a veces, surtían efecto.

El estado de Nuevo León, como muchos estados de la república y aún la república misma, tiene escalofriantes antecedentes de lo que ha ocurrido en este tipo de contiendas, en las que, afortunadamente casi nunca la sangre ha llegado al río y todo termina con finales supuestamente felices, pero visiblemente incómodos, pues aunque posteriormente la parte económica sea resarcida, lo moral queda por los suelos.

Hemos sido testigos de muchos, de incontables procesos electorales y de todos los hechos en torno a ellos, desde la falta de propuestas y agresividad de algunos candidatos y su arribo a los puestos a los que aspiraban, o la caída de otros que, con todo y que sus ofertas eran de lo mejor y sus trayectorias estaban fuera de toda duda, terminaron sucumbiendo, víctimas de un sistema visiblemente podrido.

Pero, la verdad, por más que rebuscamos en nuestra memoria y por más que tengamos claro que en los procesos electorales estaba siempre metida la mano de los gobernantes en turno, estatales, federales o municipales, jamás habíamos visto que esa intervención o injerencia se diera de manera visible y descarada. Se sabía de la existencia de la “mano pachona”, pero nadie estaba seguro de su existencia.

En este proceso electoral, se ha puesto en evidencia la existencia de esa mano larga y peluda, de manera clara, visible y contundente, con la intervención de un personaje más que importante en los procesos electorales que se ha venido sucediendo en los últimos meses en el territorio nacional, con fracasos rotundos (y afortunados) en algunos de ellos y que muy probablemente seguirán en ese tenor.

Por si no se habían dado cuenta, Andrés Manuel López Obrador, sí, ese que al recibir la banda presidencial juró respetar y defender nuestra Constitución, la está pisoteando flagrantemente al intervenir clara y descaradamente en el proceso electoral que se está llevando a cabo en algunos estados de la república, pero en donde más se ha puesto de manifiesto es en nuestra entidad, en Nuevo León.

Para nadie es un secreto que, en primera instancia, el presidente de la república le había apostado a Clara Luz Flores Carrales de Guerra Garza Abel, misma que fue “descarrilada” y puesta fuera de combate al ser exhibida como mentirosa, situación que llevó al “cabecita de algodón” a replantear su apuesta, dejando a su “delfina” a la deriva y sin posibilidad de recuperación, por más que ésta se aferre a la campaña de vacunación contra el Covid 19 como dádiva del presidente.

El caso es que, ante el triste panorama para la candidata morenista en Nuevo León, nuestro presidente empezó a arremeter en contra de Adrián de la Garza en sus “mañaneras”, que más bien deberían llamarse “plañideras”, denunciando la supuesta distribución de tarjetas para la entrega de dinero, cosa que es considerado un delito electoral. También denunció a Samuel García, por supuesto lavado de dinero, pero si se analizan ambos casos, el “golpe” es más duro contra Adrián.

Andrés Manuel está cometiendo un delito al violar la veda electoral impuesta por una institución que él mismo pretende desaparecer. Por más exhortos que le ha hecho el INE, el presidente no le ha bajado para nada a sus ataques, por lo que se deduce que este individuo se siente, se cree, “intocable”. Los “Intocables” también caen y más le valdría a AMLO salir de la escena, antes de que el escenario completo se le venga encima. Digo…

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