Raúl Guajardo Cantú
El ocaso del PRI inició cuando las posibilidades de que las nuevas generaciones de priistas ascendieran en los peldaños de la función pública y la política se vieron limitadas por las generaciones que, o no querían dejar el poder, o se inclinaban por favorecer a sus juniors, situación que imperaba no solo en los puestos de elección popular, sino también en la función pública en general, hubo sindicatos que lograron que sus hijos tuvieran preferencia a la hora de obtener una plaza laboral en gobierno.
A partir de ahí, la gente buscó en otros partidos una posibilidad de ascenso en la función pública y en general en la vida política del país, algo similar estamos viendo hoy en México, y pronunciadamente en Nuevo León.
Por lo menos dos de los actuales alcaldes de Nuevo León, del área metropolitana de Monterrey, consideran que sus hijos son quienes deben contender por el puesto que ahora ellos ostentan, pero eso no es todo, se habla de un tercero que habría topado en pared y de otro que desea que su hermana, su padre y él mismo copen todos los puestos de elección que hay en dicho municipio.
Fuera del área metropolitana las cosas no son mejores, esposos que promueven a sus cónyuges, familiares en distintos grados y así, solo que como no están tan en la mira de los medios de comunicación, pasan por debajo del radar.
Hay antecedentes, un alcalde y líder fáctico de un partido impuso a su hermano, otro a su esposa y así, estamos observando cómo las opciones que se presentan para ser votadas por los ciudadanos se van reduciendo a ciertos círculos de los grupos políticos que se encuentran en el estado.
Quizá el más notorio de los casos sea el que hoy nos muestra el gobernador quien está impulsando a su esposa para que, en tándem dicen, ambos gobiernen la capital y el estado.
Entendemos que Mariana Rodríguez tiene una fuerte presencia entre el electorado, que en la pasada elección fue un factor fundamental para el triunfo del hoy gobernador, Samuel García, que lo mismo sucedió en la breve aventura de este como precandidato presidencial.
El propio líder del partido naranja, Dante Delgado, ha declarado que Mariana es un activo de ese instituto político, aquilatando el arrastre que entre los jóvenes tiene Rodríguez, el cual no es poca cosa y Dante desea aprovecharlo.
Sin embargo, nos ronda una pregunta ¿es necesario hacer tan evidente que ya la política es solo para un grupo, para una élite, no nos referimos solo a Mariana, sino a todos los casos que mencionamos aquí?
Como dice la canción de Alberto Cortez, “ ¡Qué cosas tiene la vida!”