Raúl Guajardo Cantú
La falta de agua no es privativa de Nuevo León, se está presentando una crisis hídrica en gran parte del territorio nacional, siendo muy evidente en nuestro estado y en CDMX, una crisis que se agudizará cuando inicie el aumento en las temperaturas que conlleva la llegada de la primavera y el verano.
El agua es prioritaria para el ser humano, no solo para realizar labores de limpieza, higiene o trabajo, sino para subsistir, sin agua, se dice y es verdad, no hay vida, de ahí que cuando falta el llamado “vital líquido”, la gente voltea a ver a sus gobernantes, a quienes endosa el problema.
Hay quienes se quieren lavar las manos y hablar de la sequía que, sí, es fundamental en la crisis por la que atravesamos, pero también resulta especialmente preocupante la falta de obras que permitan el abastecimiento y posterior distribución del líquido. Aquí en Nuevo León hace unos 8 años se abandonó un proyecto que pudo haber sido la solución a las recurrentes crisis de agua que se presentan en nuestro estado, solo porque no le pareció a algunos grupos de poder fáctico.
En CDMX, en donde se dice que sí hay agua más no forma de potabilizarla y hacerla llegar a las casas debido a la falta de infraestructura, se está ya hablando de politización de la crisis, unos afirman que la oposición se está valiendo de ella para golpear al gobierno cuando la culpa de la falta de infraestructura es de anteriores administraciones, los otros señalan que el actual grupo en el poder tiene gobernando los últimos 30 años y ahora deja sin servicio a municipios en que gobierna la oposición.
Ante este escenario y pensando en que aquí el gobernador ha apostado gran parte de su capital político a la victoria de su esposa en Monterrey y la otra parte a ganar el Congreso local, no hará uso del agua para impulsar a sus candidatos, con la llevada y traída regulación de la presión del sistema de agua.
De ser así, júrelo que Monterrey no padecerá este problema antes de junio de 2024, quizá Santa Catarina tampoco, habrá que ver qué ocurre con el resto del área metropolitana, no vaya a ser que el llenado de los tanques y la regulación de la presión del sistema de distribución tenga algunos asegunes.
Aunque hay quienes dicen que en la guerra y en el amor todo se vale, en la función pública no puede ni debe ser así, a menos que se considere que, por haber obtenido el triunfo en las elección, se tenga “autoridad moral y política” para actuar como se quiera, aunque las leyes lo prohíban.