lun. May 20th, 2024


Lorena Gurrola
Cuando estaba más chica, como muchas, fui cautivada por los libros de Jane Austen, y desde entonces tuve la expectativa ridícula de conocer algún día a Mr. Darcy, y la idealización de un amor perfecto, con él, el típico enamoramiento de un personaje literario.
Hace poco, reflexionando sobre mi edad y la poca probabilidad de que lo anterior ocurriera, me puse a pensar, no en dudar de la existencia de alguien así y de un amor así, pero no pude evitar imaginar ¿Y si soy yo el maldito Mr. Darcy? Y no en el sentido de la rola de Mailey Cyrus cuando canta “I can buy myself flowers” (puedo comprarme flores), sino en el entendimiento de que tal vez a mí me toque cuidar de un Bennet. Y es que por más independiente, autosuficiente y autónoma que seas, incluso sin importar si eres hombre o mujer, creo que a veces todos deseamos ser salvados, de alguna manera un tanto ilusa, ¿No es eso también lo que parece que esperamos de los políticos?
Viendo un comercial de un candidato, en el que ofrece mejorar la seguridad, movilidad y los problemas de contaminación, pensé; ¡qué ingenuo!, él y quién crea que él podría resolver uno solo de esos problemas, no me imagino que en ningún asunto se pudiera hacer algo a menos que no sea con ayuda de todos; Nuevo León tiene alarmantes cifras de violencia intrafamiliar y de género, y el candidato no podrá estar en cada casa cuidando de mujeres y niños, tan es así que varios municipios llevan años con alerta de género; pero tampoco podrá desafiar a la física y de pronto hacer que todos quepamos en una ciudad donde cada familia tiene hasta un auto por integrante, menos el engaño de poder ser una ciudad industrial sin que esto aplique un daño al medio ambiente.
No existen las soluciones mágicas, así como no existe mi Mr. Darcy en otro lugar que no sea el libro, pero si tenemos todos el potencial de convertirnos en salvadores; si podemos en conjunto ponernos las pilas y colaborar mucho para que estos problemas se puedan combatir hasta erradicarlos, pero tiene que quedar bien claro el “todos”, no va a llegar un caballero o superhéroe a sacar a ciudad Gótica de la miseria, si Ciudad Gótica no hace nada para salvarse a sí misma.
A lo mejor también entenderlo hará que dejen de cuentearnos tanto, cada que hay campañas, y se eleve el discurso, las buenas intenciones ayudan, pero ayudan más las iniciativas interesantes y las grandes ideas, háblenos más del cómo y un poco menos del qué. Es bien bonito que nos vendan romance, es lo que hizo Austen, pero es más bonito abrir los ojos, acabar con las expectativas, hablarnos más claro y así en la política como en el amor, tener conversaciones incómodas.
Lo que si apreciaríamos en nuestros candidatos es ver ese liderazgo honesto, mostrarse tal cual son, ayudaría a que mucha gente se pueda sentir identificada, y les siguiera para ayudarles a solucionar esos problemas, porque todos tenemos la capacidad de ser salvadores, pero juntos, no esperando por un mesías que con poderes sobrehumanos transforme todo y a todos, esa chamba hay que dejársela a la religión.
No sé qué tan dispuesta estoy, a estas alturas del partido a confiar en el amor o en los políticos, pero sé que pase lo que pase, siempre voy a creer en mí y en que yo puedo ser el maldito Mr. Darcy. Murakami señala, “Lo que importa no son las grandes ideas de otros, sino las pequeñas cosas que se te ocurren a ti”, si lo ponemos en práctica, quizá podamos advertir que en cada uno de nosotros también hay potencial para ser extraordinarios candidatos.

Por Admin

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